• La crisis capitalista agudizada con la pandemia muestra la solidaridad que opera entre los sectores de abajo, mientras los capitalistas cuidan sus riquezas.
              
  • La salida de la crisis y la construcción de una nueva sociedad viene de la mano de la clase trabajadora y los sectores populares.

Por Deby Calderón Vega

La crisis capitalista agudizada con la pandemia del Covid-19 deja en evidencia una de las contradicciones más profundas del sistema: que todo está en función de las ganancias privadas de millonarios y capitalistas, a costa de la clase que trabaja y de la naturaleza. El egoísmo es central para que funcione este sistema, lo que justifica la acumulación de riqueza en pocas manos velando únicamente por intereses individuales, privados. Pero la solidaridad se muestra entre quienes padecemos los peores impactos en las crisis del capital, hoy en tiempos de coronavirus.

El egoísmo de los capitalistas

Los gobiernos burgueses alrededor del mundo por lo primero que se preocuparon fue por resguardar las riquezas, ganancias y empresas de los grandes capitalistas. Han tomado medidas como reducción de jornadas laborales, despidos masivos, o reducción de impuestos, intereses o deudas para las empresas. En la mayoría de países incluso la cuarentena no se aplica por igual a toda la población, la mayoría de empresas privadas sigue funcionando con normalidad y algunas ni han tomado medidas de prevención, como las piñeras en el caso de Costa Rica. Mientras algunos sectores privilegiados llaman insistentemente a acatar el “quédate en casa” otros sectores se ven obligados a salir a buscar su sustento, como sucede con el empleo informal.

Aplicar los despidos, además, conlleva al no pago de responsabilidades patronales, cosa común en tiempos de relativa normalidad de dictadura de las patronales. Ahora en medio de esta crisis poco o menos les está importando pagar los derechos por despidos sin responsabilidad de la persona trabajadora, esto según informes anónimos que nos han llegado. La solidaridad que pregonan los de arriba realmente es el egoísmo por cuidar sus ganancias, porque están obligando a miles al desempleo, la pobreza y la marginalidad, mientras ellos siguen cómodos en sus mansiones resguardándose del virus.

En Costa Rica, sus propuestas fueron rebajar las cuotas obrero-patronales, que erróneamente llaman “cargas sociales”, y que garantizan el presupuesto del seguro social, debilitando los ingresos de la salud cuando más se necesitan. Propusieron también, mediante la Unión de Cámaras Empresariales UCCAEP, un “impuesto de emergencia solidario” al salario de la gente que trabaja en el sector público, para llenar el hueco presupuestario que van a dejar de pagar ellos, los grandes acumuladores, evasores y corruptos.

Amenazan con quitar el derecho de residencia o refugio a personas extranjeras que salgan durante Semana Santa, en una clara muestra de xenofobia, como si fueran las personas migrantes pobres las culpables de la problemática. Los gobiernos capitalistas están tomando medidas represivas, tales como: estados de sitio, eliminación de derechos democráticos y aislamientos injustificados disfrazados de prevención.

Hemos visto en varios países de Latinoamérica cómo el Estado interviene mediante la fuerza y la represión, ante la enorme población de millones que sufre el desempleo, la precariedad laboral y la informalidad, y que se ve obligada a “ganarse algo” en la calle para sobrevivir varias semanas de pandemia. Las primeras medidas fueron para resguardar los negocios rentables del capitalismo, luego tratan de lavarse la cara con los de abajo mediante subsidios estatales insuficientes y que han llegado con varias semanas de iniciada la emergencia.

Su egoísmo es tan grande que no pueden crear “impuesto de emergencia y solidario” a las grandes empresas y a las enormes millonadas acumuladas en bancos internacionales, ni mucho menos dejar de pagar la expoliadora deuda externa para no quedarle mal a sus jefes imperialistas. Tampoco hemos visto empresas donando recursos para los sistemas de salud, más camas, respiradores o medicamentos, tal y como hicieron hipócritamente cuando se incendió la Catedral de Notre Dame. Mucho menos vamos a ver a hospitales o clínicas privadas donando pruebas de Covid-19 u ofreciendo apoyo solidario para atender la emergencia.

La solidaridad siempre viene de abajo

Contrariamente, por abajo los sectores populares, trabajadores y explotados muestran su solidaridad. En días recientes vimos que en Turquía se empezaron a dejar paquetes de comida agrupados en las aceras para que las personas más necesitadas puedan acceder a alimentos básicos. En varios países como Italia, Colombia, Argentina y España hemos visto aplausos, cacerolazos y ruidazos en solidaridad con las y los trabajadores de la salud que le ponen “el pecho a las balas en la primera línea” y por apoyo a los sectores más vulnerables como las mujeres víctimas de violencia o quienes trabajan en la informalidad.

Asimismo, se han dado huelgas en Italia, Francia y Argentina en las empresas privadas para que se tomen medidas de prevención como cuarentenas para sanitizar las instalaciones y reducir las operaciones a la mitad o por completo sin rebajas de salarios, así como exigiendo teletrabajo en los puestos que sean aptos para ello. En Argentina también, se está exigiendo un aumento del 100% del salario para la gente que trabaja en el sector salud, dadas las precarias condiciones laborales en las que están después de 40 años de ajustes y recortes en el sector.

Se han visto también medidas de recolectas de víveres para los sectores más necesitados, en barrios, comunidades y ciudades. Los de abajo saben lo frágil que es la vida porque cuando se han visto sin empleo o en alguna situación vulnerable y ven a otro u otra en esa situación, lo sienten en su carne y en su ser. La clase trabajadora es la que siempre se solidariza, dona parte de sus recursos sin imposiciones de impuestos, le compra al vendedor ambulante, le regala paquetes de alimentos o dinero a sus vecinos o vecinas que tienen a cargo hijos o adultos mayores que la pasan mal aún más en medio de la crisis. La clase trabajadora se solidariza con sus amigos, familiares y vecinos, sin que el Estado le imponga impuestos solidarios. Ya lo hace porque le nace.

La salida de la crisis viene con la solidaridad de los de abajo

La crisis sin precedentes que atravesamos debe ser contextualizada en el sistema capitalista del siglo XXI donde el egoísmo, el individualismo y la cosificación de las relaciones sociales son valores supremos del sistema. Por esto, los capitalistas en el gobierno, la Asamblea Legislativa y las cámaras patronales están más preocupados por cómo salvar sus ganancias que en cómo resolver la crisis, por ver el modo de cobrar más impuestos solidarios para la clase trabajadora mientras ellos no ponen un cinco. Dicho sea de paso, los más grandes burgueses ni siquiera tienen salario, viven de sus rentas y activos, ¿cuánto proponen cobrarle de impuestos solidarios?

Por el contrario, por abajo, la clase trabajadora, las mujeres, la juventud y todos los sectores populares expresan sentimientos de solidaridad, reconocimiento al trabajo, preocupación por el futuro incierto al que nos lleva este podrido sistema. Es un reconocimiento a esa clase trabajadora que mueve el mundo, que nos da salud, internet, envíos por correo o alcohol en gel. Es un acompañamiento para quienes de manera cercana conocen que la pasan mal porque sufren el desempleo, la pobreza, la sobre-explotación y la marginalidad social, porque también la han sufrido en sus condiciones de vida. Al final, el capitalismo pone a toda la clase trabajadora y los sectores populares en distintas situaciones de marginalidad, por lo cual son los de abajo los que reconocen estos peligros y situaciones.

Mientras los de abajo dan de lo poco que tienen, entre aplausos, reconocimientos o víveres, los de arriba resguardan sus ganancias en bancos internacionales y paraísos fiscales, y aplicando despidos y políticas sin importar ni la vida de los de abajo ni de la naturaleza.

Así las cosas, no hay manera de resolver esta crisis con las medidas de los gobiernos capitalistas. El egoísmo del “sálvese quien pueda” es la respuesta de los que nos dominan y gobiernan. Pero el germen de la solidaridad social mora en la vida de quienes padecen las contradicciones de este sistema en decadencia, agudizada en tiempos de crisis capitalista y pandemia. La salida de la crisis y la construcción de una nueva sociedad sobre nuevas bases y lógicas de producción, distribución y consumo, viene de la mano con la clase trabajadora y los sectores populares, socializando toda la riqueza, arrancando el egoísmo, eliminando la acumulación privada de las ganancias.

La salida es por abajo y a la izquierda.

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