• El negocio que están vislumbrando los bancos es una avalancha de préstamos de personas desesperadas y dispuestas a aceptar condiciones desproporcionadas con tal de asegurar su subsistencia.

Por Johan Madriz

La superintendencia General de Entidades Financieras (SUGEF) –con el respaldo del Consejo Nacional de Supervisión del Sistema Financiero (CONASSIF), el Banco Central (BCCR) y la Cámara de Bancos e Instituciones Financieras– emitió un comunicado indicando que sin las tasas de usura sin regulación de la actualidad la contracción del crédito será fatal para el sector bancario, es decir, que sin las exorbitantes ganancias producto de tasas de interés desproporcionadas no pueden subsistir.

El comunicado surge a raíz del trámite en la Asamblea Legislativa del proyecto de ley que fijaría topes a las tasas de interés, normando así el delito de usura, que hasta el momento no puede ser sancionado por la ausencia de definición de topes. Como dice el refrán, de enero a enero, también en febrero, y todo el año entero el dinero es del usurero.

Este proyecto establecería una fórmula para determinar las tasas y que si se aplicara en este momento supondría un máximo de 55% para microcréditos en colones (menores a ¢675 mil) y 39% para los demás prestamos, incluidas las tarjetas de crédito. En dólares los porcentajes serian de 45.6% en microcréditos y 31.3% para los demás.

Según un análisis de El Financiero si se aplicaran hoy estas tasas a las tarjetas de crédito, que son la forma de endeudamiento más usual y con mayor cantidad de operaciones, el 58.2% de los plásticos en colones entrarían en la usura y el 30.4% en dólares.

Esto a pesar de que el proyecto supondría una tasa de 39% que ya es sumamente alta, lo que evidencia que hay cientos de operaciones que están por encima de ese monto. Es decir, el sistema bancario nacional lucra con la obtención confiscatoria de recursos a través de tasas de interés exorbitantes. Eso es lo que está defendiendo el sector bancario.

Cínicamente Bernardo Alfaro, jerarca de la SUGEF, dice que “una vez superada la etapa de a cuarentena y cuando se intente volver a la normalidad, los costarricenses van a necesitar de un gran apoyo financiero y será vital que los intermediarios ofrezcan crédito y que la mayoría de hogares y emprendedores lo accedan sin obstáculos ni inconvenientes. Un límite a las tasas de interés podría convertirse, en ese preciso momento, en un serio obstáculo para alcanzar ese objetivo [resaltado de la editorial]”.

Según la SUGEF estos topes supondrían una mayor exclusión financiera y por tanto una mayor demanda de créditos informales. Revierten el discurso y hacen creer que su posición estafadora está motivada por el bien de las personas que necesitan créditos.

Pero no es todo, encima tienen el descaro de escudarse en la crisis actual, donde el gobierno está recargando el peso en los sectores de abajo generando cientos de trabajadoras y trabajadores desempleados, suspendidos, con reducciones o en la informalidad y altamente endeudados.

Ese es el negocio que están vislumbrando los bancos: una avalancha de préstamos de personas desesperadas y dispuestas a aceptar condiciones desproporcionadas con tal de asegurar su subsistencia.

Los banqueros, los empresarios y el gobierno que les responde a ellos no se detienen ni un minuto en su sed por exprimir los bolsillos de la clase trabajadora y los sectores populares. Las posibilidades de negocios rápidos exaltan los ojos de la burguesía y ante ello la única salida es anticapitalista, es la nacionalización de la banca bajo control las y los de abajo para que mediante la planificación económica sirva como un sector potenciador de la productividad del país y de la mejora en las condiciones de vida de trabajadores y trabajadoras.

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