Acceso a la salud: un problema de clases

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  • Con el debilitamiento de la CCSS y la privatización del sector salud por motivaciones neoliberales, se hace más relevante que nunca luchar por el acceso a la salud para todas las personas.

  • En la coyuntura actual del sector salud y como protesta hacia un sistema capitalista depredador, la única alternativa que tenemos es la socialista.

Daniel Cascante Calderón

La medicina comunitaria ha cuestionado desde hace ya muchos años el paradigma biomédico por su carente comprensión de los problemas colectivos de salud y enfermedad a los que nos enfrentamos hoy en día.

En un mercado médico, farmacéutico y biotecnológico que crece rápidamente junto con las aspas gigantescas del capitalismo no se evidencia que crezca, a su vez, el acceso a la salud entendiendo esta como la senda hacia medicamentos, exámenes médicos oportunos, cirugías y especialidades médicas.

En Costa Rica, aún con la grandiosa Caja Costarricense del Seguro Social, la salud sigue siendo una lucha de clases. La CCSS lamentablemente ha quedado rezagada por los fiascos de los gobiernos neoliberales y su intención de ofrecer los tratamientos más eficaces se fue desmoronando. Aquí se evidencian las maniobras del capitalismo por debilitar el sector público de la salud para fortalecer el sector privado en beneficio de los grandes empresarios que se enriquecen con las clínicas y hospitales privados. A propósito de esto, haciendo un paréntesis dentro de la misma coyuntura, el día 10 de agosto de 2021 se realizó una protesta en contra de la privatización del aseo en el Hospital Rafael Ángel Calderón Guardia, un ejemplo claro que como se desea reducir la institución con el único fin de enriquecer a las grandes empresas.

Hoy en día, la CCSS y los médicos que la forman ofrecen una lista de medicamentos que se torna anticuada para las necesidades de una población que hace uso de sus servicios todos los días y para las más variadas patologías debido a los recortes y al debilitamiento que se acentúa administración tras administración.

Entre muchos ejemplos, desde la página oficial de la CCSS en el apartado de Lista Oficial de Medicamentos, podemos detenernos en la clase de medicamentos denominados antipsicóticos, en la que se ofrecen trece presentaciones de tratamientos distintos, once de ellos de la generación típicos (creados desde los años 60s hasta el 90s aproximadamente).

Estos medicamentos son ampliamente usados en psiquiatría para el tratamiento de los síntomas de psicosis y de manera extraoficial para muchas otras condiciones médicas. A pesar de su eficacia el precio de los efectos secundarios es elevado. Esto es tan común que gran parte de los pacientes que tomaron un antipsicótico típico no cumplieron con el tratamiento completo por sufrir uno o más efectos secundarios según nos comenta la biblioteca del Hospital Nacional Psiquiátrico. Esto evidentemente deteriora la salud del usuario.

¿Hay alternativas? No en el decadente sistema neoliberal. No para los pobres, para los jornaleros, no para la prole que vive condicionada por ese mismo sistema. O se toman el tratamiento que a veces funge como una tortura o recaen.

En cambio para la clase pudiente, para los ricos y burgueses sólo con pagar un médico privado tendrán su receta del más novedoso medicamento, con un margen menor de efectos secundarios, mejor tolerado y más eficaz, el cual claramente no es del alcance de los pobres.

De nuevo con los antipsicóticos, una caja de Seroquel (quetiapina) de Astrazeneca, un medicamento atípico producto de investigaciones más recientes, se consigue desde los ₡87.869,00 en CornerShop.

¿Quién paga esto? Sin duda que un joven de un barrio precario no.

El tema en discusión acá es que la medicina y el personal médico deben solidarizarse con la lucha de clases, reconocer que el acceso a la salud no es para toda la población, encontrar una alternativa en la lucha socialista, y siguiendo esa consigna plantarle cara a un sistema que patenta medicinas y a otro que se ha estancado en el pasado por culpa de mañas burguesas.

* El autor del artículo es estudiante de medicina en la Universidad de Costa Rica.

** La fotografía ilustrativa del artículo es de Gabriela Téllez

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