Por Johan Madriz

Este año se cumple el 100 aniversario de la conquista   por parte de la clase trabajadora del país de uno de los derechos más esenciales y cuya reivindicación costó cientos de vidas en las luchas alrededor del mundo: la jornada de 8 horas.

Este derecho quedó plasmado en la Ley 100 del 9 de diciembre de 9120. Actualmente esta disposición tiene rango constitucional, donde en su numeral 58 se establece que: “La jornada ordinaria de trabajo diurno no podrá exceder de ocho horas diarias y cuarenta y ocho a la semana. La jornada ordinaria de trabajo nocturno no podrá exceder de seis horas diarias y treinta y seis a la semana”.

Esta conquista se logró tras una fuerte huelga general en 1920 que tenía como preámbulo un ciclo de ascenso de la organización obrera en el país (de la mano del mismo fenómeno a nivel mundial) con la creación, desarrollo y consolidación de sindicatos y posteriormente la fundación del Partido Comunista en 1931.

Citamos in extenso al historiador y militante trotskista Victor Artavia:

“Este período se caracterizó por el predominio de acciones reivindicativas de trabajadores urbanos, los cuales lograron conquistas, pero que no se extendieron a los sectores agroexportadores, motores del capitalismo costarricense de ese entonces. Por ejemplo, en 1912 se dictó el Decreto 61, el cual contenía la ley de salarios para obreros, peones y jornaleros: pago quincenal, obligación patronal de exhibir fechas de pago, prohibición del pago con medallas o chapas (Aguilar, 2009).

“Fue un momento de mucha efervescencia política a nivel internacional, particularmente con el influjo en la región de la revolución mexicana (1910-1920) y, posteriormente, de la revolución rusa (1917), acontecimientos históricos que marcaron la irrupción de la clase trabajadora y los sectores explotados y oprimidos la vida político-social.

“En el plano organizativo, un paso importante fue la constitución de la Confederación General de Trabajadores (CGT) en 1913, la cual inicialmente estuvo influenciada por las ideas anarquistas que brindaron un soporte teórico-político para las propuestas y acción sindical. Ese mismo año se conmemoró el primer Día Internacional de la clase trabajadora en el país (el 1° de mayo).

“De esta etapa destacan dos huelgas. Primero, la huelga política de 1918 contra la dictadura de Tinoco, donde maestras y estudiantes de secundaria jugaron un rol clave en defensa de las libertades democráticas. Segundo, la huelga general de 1920 por medio de la cual se conquistó la jornada de 8 horas laborales tras veinte años de exigencia. Esta lucha fue protagonizada por ebanistas, carpinteros, panaderos, mineros, empleados públicos, las obreras de la fábrica El Laberinto, la fábrica de Licores (Aguilar, 2009).

“En los años venideros se avanzó en la obtención de legislación social. Por ejemplo se conquistó la Ley de Salud Pública (abril, 1920), la Ley de Inquilinato (1922) y la Ley de Accidentes de Trabajo (1925).

“Más allá de los resultados inmediatos de las huelgas obreras, lo más importante fue la apertura de un espacio político para la clase trabajadora urbana, con una creciente politización que permitió la posterior conformación de partidos reformistas y socialistas con base obrera: Partido Reformista (que tuvo éxitos electorales), Partido Socialista, Partido Obrero Conquista y Derecho (Aguilar, 2009)”[i].

Es relevante la preservación de la memoria histórica de la clase trabajadora como sujeto político en momentos como el actual, donde el gobierno viene aplicando una serie de ataques a derechos democráticos y, especialmente, a conquistas logradas durante el último siglo con el sudor y la sangre de trabajadores y trabajadoras.

Justamente los elementos democráticos del Estado costarricense cada vez se diluyen más, a contra mano de gobiernos autoritarios que pretenden reducir las libertades políticas y sindicales de los sectores populares a su mínima expresión. Los impedimentos estructurales a la sindicalización de la clase trabajadora del sector privado y el debilitamiento del sindicalismo público (amen del impulso al solidarismo) son elementos esenciales a esta estrategia: que los de abajo actúen individualmente, disgregados y dispersos mientras los de arriba golpean juntos.

Así, actualmente, la jornada de trabajo se enfrenta a la flexibilización y desregulación laboral, además de los intentos de las patronales por mantener en la informalidad a sus trabajadores y trabajadoras, los contratos por servicios profesionales, la tercerización y la subcontratación. Todos factores en busca de precarizar el empleo y eludir las garantías laborales.

Los ataques a los salarios, las pensiones, el teletrabajo y, más recientemente la propuesta de flexibilización de horarios van en el sentido de aumentar los niveles de explotación como compensación ante los bajos niveles de productividad y de esta forma paliar el alto déficit fiscal generado por empresarios, banqueros y exportadores.

En ese sentido, se plantea la necesidad de nuevas dirigencias sindicales luchadoras y de la organización política de la clase trabajadora, independiente de la burguesía, en miras a defender las conquistas logradas y detener la avanzada sobre las condiciones de trabajado, los salarios, las pensiones, etc.

 

*El video contenido en esta nota fue producido por la Universidad Nacional y lo consideramos un aporte valioso en el rescate a la memoria histórica de la clase trabajadora del país, no obstante no compartimos algunas de las caracterizaciones y conceptualizaciones de la lucha obrera esbozadas en él.


[i] Extraído de http://izquierdaweb.cr/titulares/historia/cronologia-historica-del-sindicalismo-costarricense/

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