• Se replican en Minneapolis, Nueva York y Los Angeles las imágenes del año pasado en Quito, Santiago de Chile y Hong Kong. Por primera vez desde el estallido de la pandemia, la crisis del coronavirus pasa a un segundo plano político desplazada por la rebelión.

Luego de décadas de consenso neoliberal, de alternancia en el poder de demócratas y republicanos que responden invariablemente a los mismos intereses, el malestar de masas parece haber estallado en el corazón del imperialismo. La juventud y los trabajadores llevaban ya varios años de tonificación de su organización luego de años y años de derrota: el Black Lives Matters, las movilizaciones del movimiento de mujeres contra Trump, el movimiento por los quince dólares la hora entre los trabajadores precarizados, incluso la simpatía que despertó la campaña de Sanders, fueron indicios de que algo nuevo nacía en Estados Unidos. Ahora, irrumpe la chispa de la rebelión.

No casualmente, el estallido se da ahora luego la inmensa catástrofe social que ha significado la pandemia. La política genocida negacionista de Trump hizo de Estados Unidos el país más golpeado por el Coronavirus: millones de infectados, más de cien mil muertos, 20 millones de nuevos desocupados… la principal potencia del mundo está viviendo la crisis más grave de su historia reciente.

La crisis del Coronavirus golpeó proporcionalmente de manera mucho más dura entre la población de afroamericana y el estado racista yanqui se encargó sólo de agravar las cosas, aprovechando la cuarentena para redoblar la criminalización de las personas afrodescendientes. Los afroamericana son 23 mil de los muertos y el 93 por ciento de los detenidos en Nueva York durante la cuarentena. La pandemia golpea a las masas de manera selectiva por la estructura social capitalista y racista de Estados Unidos, sus principales víctimas son los más explotados y oprimidos.

“No puedo respirar”. La escena viralizada del artero asesinato racista de George Floyd fue la chispa que encendió el polvorín. El hartazgo y el inmenso odio acumulado estalló en Minneapolis para luego extenderse a todo el país. Las escenas de los edificios y patrulleros prendidos fuego, con las fuerzas represivas del estado a la defensiva frente a las movilizaciones, pusieron contra la pared al régimen político.

La pandemia significó un retroceso generalizado de la ola de rebeliones populares estallada el año pasado. No obstante, la inmensa crisis capitalista que implicó el Coronavirus parece estar reactivando la lucha de clases luego del impasse, trasladando el centro de las protestas de Santiago de Chile y Hong Kong al corazón del imperialismo mundial. Las escenas que se han visto en estas horas en las ciudades más opulentas y desiguales de Estados Unidos son elocuentes: la inmensidad del estallido en Minneapolis, el retroceso de la policía en Nueva York, el desborde en Los Angeles, la extensión de la movilización en el este, el oeste, el norte y el sur de ese inmenso país nos dice claramente que ha estallado la chispa de la rebelión en los Estados Unidos como hacía mucho tiempo no se veía.

La polarización solamente puede profundizarse con un monstruo como Donald Trump en la Casa Blanca. Para los grupos armados blancos fascistoides que reclamaban la vuelta al trabajo y que llegaron a ocupar una casa de gobierno con sus reclamos reaccionarios, Trump no tuvo más que palabras de comprensión. Sobre Minneapolis tuvo una respuesta infinitamente diferente: envió a la Guardia Nacional a reprimir, cuasi militarizando la ciudad, y dijo en twitter que “cuando comienzan los saqueos, comienza el tiroteo”, haciendo un llamado poco disimulado a fusilar afroamericanos.

En Hong Kong las masas enfrentaron las avanzadas anti democráticas del régimen del PC, en Chile los restos del régimen pinochetista, en Quito al gobierno neoliberal. El ciclo de rebeliones podría haber llegado a Estados Unidos, todavía está por verse su profundidad pero estos días ya son historia viva.

La Corriente Internacional Socialismo o Barbarie repudia el asesinato de George Floyd y defiende la movilización y rebeldía de los afroamericanos contra el racismo de Estado. Repudiamos las provocaciones de Trump y su respuesta represiva a la movilización.

Defendemos incondicionalmente el derecho a la protesta, contra los planes represivos y de ajuste de los gobiernos capitalistas.

#MakeRacistsAfraidAgain

#BlackLivesMatters

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