• El postulado de Trump de “los negocios antes que la salud” se ha mostrado genocida: no sólo no ha evitado el derrumbe de los mismos a pesar de la masiva intervención estatal,sino que ha duplicado el número de casos de mayo, después de un suave descenso, y extendido el virus por todo el país.

Marcelo Buitrago

Así comienza su última actualización de perspectivas de la economía mundial el FMI. Con dos alternativas: si a principios de 2021 se produce una “segunda ola” de la pandemia, la recuperación se vería reemplazada con una nueva reducción del PBI. La otra alternativa presentada al escenario base, de una rápida recuperación comenzando en 2020, pareciera  más un “cubrámonos por las dudas que pase algún milagro”.

El escenario base prevé una pérdida de 12 billones de dolares en 2020 y 2021: la caída es tan profunda que la tan deseada recuperación no llevaría a las economías avanzadas, en el mejor de los casos, a recuperar el terreno perdido sino después de varios años.

En el “primer mundo” la Unión Europea es quien ha sufrido más profundamente la caída. Si los índices yanquis compiten con los de la Gran Depresión de los 30, qué decir de la caída del 11,9% del PBI de la UE sólo en el segundo trimestre de 2020, liderado por España con un catastrófico 18,5% y Francia con 13,8%.

Estados Unidos y el salvataje estatal

La economía yanqui había batido el record desde la posguerra del más largo periodo sin recesión (desde la Gran Recesión de 2007-2009) y ostentaba la tasa de desempleomás baja desde la Guerra de Vietnam (3,5%). Pero esto no eran signos de una economía saludable. Si bien se recuperó en mayor medida que la Unión Europea después de la crisis de 2007-2009, su crecimiento fue mediocre, nunca recuperando sus porcentajes de crecimiento anteriores, tan es así que le tomó cuatro años recuperar el nivel del PBI per cápitareal anterior a la crisis. Un factor sin duda de esa “recuperación” ha sido el descenso constante de la participación de los asalariados en el PBI a un mínimo histórico del 53% para el 2018.[1]

Lagarde, todavía en el FMI, al recordar los 10 años de la caía de Leman Brothers, confesaba: “El verdadero legado de la crisis no puede evaluarse debidamente después de 10 años porque aún no ha llegado a su término”.

Ahora, con la caída del primer semestre de 2020, ha retrocedido a ese punto: el PBI per cápita real  es similar al de 2013, y al del 2007: 13 años para llegar al punto de partida.

Con la experiencia de la intervención masiva estatal con que los gobiernos de los países centrales salieron a apagar el incendio dela crisis de 2007, Trump y la Fed (el Banco Central yanqui) salieron con un arsenal de medidas que hizo palidecer aquella histórica intervención para paliar los efectos de la única medida que aún hoy ha mostrado alguna efectividad para combatir la pandemia: las cuarentenas masivas.

Es así que el 18/3 se sancionó la primera ley de respuesta, ampliando las prestaciones por desempleo, otorgando licencias por enfermedad pagadas por el Estado en forma indirecta, otorgando aplazamiento del pago de impuestos y pruebas gratuitas de Covid-19, entre otras medidas. Apenas nueve días después, con la pandemia arrasando Nueva York y el Noreste, se sancionó la Ley CARES (Alivio, Ayuda y Seguridad Económica de Coronavirus) un paquete de 2,3  billones de dólares en desgravaciones fiscales, subvenciones y aumento del gasto. La ayuda se dividió en dos partes principales: una parte de 1,8 billones de disminución de impuestos, postergaciones y subsidios, y otra parte de 454 mil millones para financiar préstamos. Con posterioridad, otro programa de  480 mil  millones para protección de cheques (más préstamos), llevó a que en total, la legislación sancionada proporciona casi 3 billones de dólares.

La ley CARES proporcionó $1.200 a individuos,más $500 por hijo, a los que tuvieran ingresos de  hasta U$S75.000 anuales y un aumento de 600 dólares semanales en  el seguro por desempleo (que puede variar entre un 30% y un 50% del sueldo antes del despido) lo que expuso que en EEUU una inmensa masa tiene salarios de pobreza. Un estudio de la Universidad de Chicago estima que dos tercios de los trabajadores que quedaron desempleados recibieron asímás ingresos de los que percibían en sus antiguos trabajos. Pero este aumento estuvo vigente hasta fines de julio, y los republicanos se niegan a prorrogarlo y  quieren reemplazarlo con una paga adicional de $200.

El problema es que en estos momentos más de 30 millones de trabajadores están cobrando algún tipo de subsidio por desempleo. Para tomar magnitud de tal cifra, basta decir que en febrero de 2020 el empleo privado no agrícola en Estados Unidos era de casi 130 millones de trabajadores.

Ahora, a fines de julio, 2 millones de trabajadores habían solicitado beneficio por seguro de desempleo: 1,2 millones solicitaron el seguro estatal y 80.000 la asistencia de desempleo por pandemia: fue la 19°semana  consecutiva en las solicitudes por desempleo que han sido más del doble de la peor semana de la Gran Recesión.

Si bien estos 2 millones están lejos del pico de los casi7 millones semanales en abril, lo que ha provocado una  baja de la desocupación oficial del 15% en abril al 11% en junio, hay casi 14 millones de trabajadores ocupados menos que antes de la pandemia, y el impulso de recuperación ha sido casi nulo en julio. Es que la criminal reapertura de la economía a mediados de mayo además de recuperar empleo disparó la pandemia a lo largo y ancho del país, lo que ha obligado a demorar el ritmo de apertura y en muchos casos plantearse seriamente retroceder en la misma.

Empleo Privado
Febrero 129.400.000
Marzo 129.135.000
Abril 109.726.000
Junio 117.381.000
Julio 117.500.000

 

Siguiendo la lógica capitalista, los gobiernos estatales y locales han despedido un millón y medio de trabajadores desde febrero. Demócratas y Republicanos no se diferencian:California y Texas han protagonizado la mayor cantidad de despidos con 230.000 y 112.00 respectivamente, a pesar que antes del iniciode lapandemia 21 estados tenían menos empleados que en julio de 2008.

Con todo lo impactantes que son estos números, sólo reflejan un promedio: los sectoresmás castigados han sido los de menos de $35.000 de ingresos anuales, donde la tasa de desocupación llegó al 20%, en comparación con el 3% de los de más de $83.000.

Un dato que ayuda a comprender la gravedad de la crisis, es que en julio, el 12% de los estadounidenses se atrasaron en el pago de sus alquileres o hipotecas, llegando al 30% en el caso de los negros, hispanos o de baja educación, y si bien la ley CARES  permite recibir ayuda en este rubro, sólo postergapara el futuro la deuda.

Otro dato que refleja las enormes desigualdades, agravadas por la pandemia, es que mientras en 2018 el 4% de los hogares tenía una seguridad alimentaria muy baja, con la pandemia se hanelevado al 10,4% los hogares que responden que “a menudo no tiene suficiente para comer”. Nuevamente estos números se disparan al 21% para los hogares negros y el 16% para los hispanos.

El PBI yanqui ha sufrido una caída anualizada del 5% en el primer trimestre y del 33% en el segundo (9% trimestral) lo que remite a la Gran Depresión de los 30. Y esto teniendo en cuenta ese índice incluye la recuperación del empleo de mayo y junio. Como la reapertura ha sido un crimen mayúsculo, esamejora económica pareciera haberse estancado, si no revertido. El paquete de estímulo fiscal yanqui ha sido el más grande del mundo: un 13,3% de su PBI. Pero el mismo no incluye gastos adelantados, diferimiento de impuestos, préstamos, inyecciones de capital y garantías de préstamos. Una señal del tamaño de esta parte del paquete, no fiscal, la podemos  vislumbrar  en el balance de la FED que aumentó un70%, unos 3 billones de dólares.

La FED ha estado comprando centralmente 2 billones de  deuda gubernamental, un 60% de los 3 billones de títulos  emitidos en esos meses  por el gobierno, que ha disparado su déficit fiscal para el 2020 del 5% proyectado al 18% el PBIy su deuda del 79% al 99% del PBI, casi al nivel más alto de su historia, que tuvo en la Segunda Guerra Mundial.

El postulado de Trump de “los negocios antes que la salud” se ha mostrado genocida: no sólo no ha evitado el derrumbe de los mismos a pesar de la masiva intervención estatal,sino que ha duplicado el número de casos de mayo, después de un suave descenso, y extendido el virus por todo el país. Serán la acción independiente de los trabajadores yanquis, recuperando sus históricas tradiciones de lucha, la que podrá salvar las vidas y el empleo, ese es su desafío. El levantamiento antirracista ha sido una muestra de ese potencial, que puede barrer al aparato represivo más poderoso y bestial del mundo si se lo propone. A ese futuro apostamos.


[1]Digamos de paso  que cuando el peronismo presenta como el colmo de la justicia social su 50/50 está lejísimos de lo que ha sido la participación histórica de los trabajadores yanquis en la capital del capitalismo.

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