• Donald Trump anunció que suspenderá el financiamiento a la Organización Mundial de la Salud en medio de la crisis mundial desatada por la pandemia del coronavirus, que tiene en los Estados Unidos su epicentro con más de 600 mil infectados y más de 27 mil muertos.

Por Pato A.

En una sencilla conferencia de prensa, brindada al aire libre y cumpliendo estrictas normas de distanciamiento social que el mandatario desdeñaba hace algunas semanas, declaró que la decisión estaba fundada en su potestad como “principal patrocinador” del organismo, de exigir “completa rendición de cuentas” sobre el manejo de la crisis y aprovechó para despacharse contra China, con quien viene sosteniendo una disputa comercial y política hace varios meses. “Todo el mundo sabe lo que está ocurriendo, los contribuyentes estadounidenses abonan entre 400 mil y 500 millones de dólares al año a la OMS, mientras que China provee aproximadamente 40 millones de dólares, e incluso menos”, dijo Trump y enfatizando que una de las decisiones “más peligrosas y costosas” que tomó la OMS fue oponerse a restringir los viajes desde China, que su gobierno tomó unilateralmente.

Pero los desacuerdos de Trump con la OMS han sido más profundos en la medida que, en un primer momento, el mandatario desestimó la relevancia del coronavirus e incluso cuando se vio obligado a tomar medidas sanitarias más serias, siempre lo hizo poniendo el interés de los empresarios primero. “Que el remedio no sea peor que la enfermedad”, fue la frase con la que resumió una política que redundó en decenas de millones de despidos y desastres sociales como las fosas comunes en Nueva York para lidiar con los muertos por la pandemia, que atacó especialmente a la población latina y pobre.

La OMS es un organismo de la imperialista ONU abocado a la salud pública internacional. Como tal no tiene poder de decisión sobre las medidas que adoptan los distintos países y depende del financiamiento que cada país -las potencias económicas en primer lugar- le aporta para su funcionamiento. Estados Unidos, al ser originalmente el principal patrocinador de la ONU y sus organismos creados para regular las relaciones internacionales luego de la Segunda Guerra Mundial -donde EE UU salió con un rol dominante-, es también su principal fuente de financiamiento.

Pero la política de “America First” (poner a Estados Unidos primero) de Trump le ha generado desde un primer momento tensiones con los organismos creados para regular el orden mundial desde las potencias. En el caso de la pandemia, los límites de este multilateralismo se expresan en la brutal carrera por acaparar suministros médicos entre potencias y en la “carrera” que han iniciado EE UU y China para ver quién llega primero a desarrollar una vacuna, mientras en el mundo se acumulan los muertos por la enfermedad y cientos de millones arriesgan sus puestos de trabajo por la crisis que las patronales descargan sobre sus trabajadores con el aval de los gobiernos.

La OMS no ha ofrecido una salida realista a la crisis de salud mundial que supone la pandemia del Covid-19. La impresionante cifra de contagiados en todo el mundo y las consecuencias económicas para la clase trabajadora que acarrea una cuarentena casi global sin tomar medidas que afecten los intereses empresarios, son responsabilidad de todos los gobiernos capitalistas, en primer lugar aquellos como el de Trump y Bolsonaro, paladines del negacionismo y la proteccón de las empresas a costa de la vida de los trabajadores.

La crítica que hoy expresa Trump a la OMS es completamente reaccionaria, reforzando la competencia de los EE UU con el resto del mundo -China en primer lugar- y pateando su responsabilidad de la catástrofe humanitaria hacia afuera.

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