• “Veo que el desinfectante lo noquea (al coronavirus) en un minuto. ¿No habría alguna forma de hacer algo así con una inyección en el interior o casi una limpieza?”

Por Facundo Oque

En una reciente conferencia de prensa, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sugirió que una inyección de desinfectante podía ayudar a combatir el Covid-19.

Las ridículas declaraciones despertaron las alertas de científicos, médicos y expertos, que criticaron duramente las declaraciones del presidente, por irresponsables y anti-científicas.

Hasta los fabricantes de Lysol (un producto de limpieza) salieron a aclarar lo obvio frente a los dichos del presidente norteamericano: “Debemos ser claros en que bajo ninguna circunstancia nuestros productos desinfectantes deben administrarse al cuerpo humano (mediante inyección, ingestión o cualquier otra vía)”, “Como con todos los productos, nuestros productos desinfectantes y de higiene solo deben usarse según lo previsto y de acuerdo con las pautas de uso”.

La situación podría tomarse a la risa, si es que Donald Trump no fuera el presidente de Estados Unidos, si no estuviéramos afectados por una pandemia que altera el comportamiento social y impulsa a muchos, mediante el terror social que genera, a hacer cualquier cosa intentando protegerse.

No olvidemos que el mes pasado un hombre del área de Phoenix, en EE. UU. murió, y su esposa acabó en estado crítico, después de que ambos tomaran fosfato de cloroquina a través de unas pastillas para limpiar las peceras que tenían en casa. La cloroquina es un compuesto que también se encuentra en un medicamento contra la malaria promocionado por Donald Trump como tratamiento para COVID-19.

A estas horas, Estados Unidos supera los 50 mil muertos por coroanvirus y más de 900 mil infectados. El país atraviesa una durísima recesión, que motivó el despido de más de 26 millones de trabajadores en los últimos 45 días.

La catástrofe estadounidense se agravó brutalmente por la política irresponsable y negacionista de Trump desde el primer día, su fuerte resistencia a parar la rueda de la economía en función de una cuarentena sanitaria generalizada, y su política incondicionalmente defensora de los intereses de los capitalistas en general y de los negocios de la salud privada en particular.

La ignorancia que propaga Trump, haciéndose eco de las ideas más disparatadas, no es inocente. Y, por supuesto, su política y su discurso son sumamente peligrosos para la población trabajadora norteamericana y mundial.

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