• El gobierno de Miguel Diaz Canel ha impuesto un toque de queda en La Habana, capital de Cuba desde el 1 de septiembre.

Laui Roja

Desde el primero de septiembre comenzó a funcionar el toque de queda en La Habana (ciudad donde más se concentran los casos de COVID-19 en la isla) por orden del gobierno de Miguel Diaz Canel. Esta medida se da en el marco de una situación preocupante a raíz de la pandemia, dado que ya que hay más de 4000 contagios y 95 muertos en el país caribeño.

La medida implica más restricciones en los movimientos de los trabajadores –Ya no pueden salir entre las 19 y las 05 hs- y un aumento del control policial en los doce accesos que tiene la capital. Esto, por supuesto, sólo puede desarrollarse profundizándose la vigilancia del Estado sobre los trabajadores, sin tomar ninguna medida de fondo contra el Coronavirus y dejando al pueblo cubano librado a su suerte.

En sintonía con los gobiernos capitalistas, Diaz Canel y el PCC le echa la culpa del rebrote a los trabajadores que según ellos «de forma individual han incumplido con las medidas de higiene y recaudo». En estos momentos, los contagios llegan a casi 100 por día y el gobierno responde con la militarización de la capital cubana. En ese sentido, la medida impuesta por el gobierno devela la manera en que la burocracia resuelve los problemas sociales, económicos y políticos que afronta, no mediante medidas sanitarias para que los trabajadores estén protegidos, sino mediante la vigilancia atenta de la capa burocrática del estado.

Para evitar un desastre humanitario, el gobierno castrista debería lanzar medidas que vayan en el sentido de mejorar las condiciones sanitarias y evitar el contagio masivo de los trabajadores, cosa que solo se puede hacer profundizando la participación y solidaridad del pueblo cubano.

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