• Países dependientes presionan para poder producir por su cuenta las vacunas contra el coronavirus. La propiedad privada sobre ellas atrasa su producción y aplicación, echando leña al fuego de la segunda ola. Una reunión de la OMS tratará la cuestión de las patentes.

Redacción

Los países sede de las farmacéuticas productoras de vacunas vienen bloqueando toda discusión al respecto desde hace medio año. La OMS realizará una cumbre para resolver al respecto de esta disputa la próxima semana.

La vida diaria de la humanidad entera está cruzada por la lenta e insuficiente campaña mundial de vacunación. Millones en un punto se encierran en sus casas, muchos sin ingresos para poder comer. Millones en otro van a trabajar normalmente y son sacrificados a la enfermedad en el altar de «la economía». Cientos de miles se rinden exhaustos al sacrificio de combate a la pandemia. Desde sus sillones de su autoridad política, cientos emiten acuerdos y leyes para proteger a las farmacéuticas. Un puñado de sus ejecutivos sacan cuentas de las ganancias delirantes que tendrán con esta crisis.

Los estados financiaron las investigaciones de los laboratorios, los estados están protegiendo que ese dinero público se convierta en ganancias privadas.

La reunión de la OMS se realizará el próximo 14 de abril. Las intenciones declaradas del organismo son llegar a un «punto intermedio» entre dos «bloques»: los países que exigen la liberación de las patentes y los que protegen su secreto y sus ganancias.

Las fachadas de «ecuanimidad» y «encontrar puntos medios» como la que sostiene la OMS con esta cumbre pueden caer bien y hasta sonar razonables en momentos de «normalidad». Pero han muertos casi 3 millones de personas, otras millones ven arruinadas sus vidas por la crisis, decenas de millones caminan en el borde del abismo y del otro lado un puñado de empresarios especulan con el bien más demandado del mundo hoy. Los «consensos» de este tipo son del tipo que hay entre tiene una pistola apuntando a su sien y el que juega con el dedo en el gatillo.

La nueva directora de la OMS, la nigeriana Ngozi Okonjo-Iweala, fue quien tomó la iniciativa de esta «ecuánime» reunión. Mientras países como India y Sudáfrica exigen la liberación de las patentes para poder producir por su cuenta las vacunas, países imperialistas como Estados Unidos y las potencias europeas defienden por su parte los «derechos» de las farmacéuticas.

El principal «argumento» de los países imperialistas es la defensa de los derechos de «propiedad intelectual». Los argumentos de defensa de la propiedad privada como esos son realmente cosas de otro siglo. Las investigaciones fueron financiadas mayormente con dinero público de los estados, realizadas por decenas de investigadores y científicos de las farmacéuticas, las pruebas hechas por cientos de ellos sobre miles de voluntarios. Quienes ostentan las patentes son un puñado de ejecutivos y accionistas con el poder de la propiedad privada sobre todos los anteriores, no un científico genial que merece ver su trabajo recompensado. Las patentes sobre las vacunas son la apropiación privada de un producto colectivo.

Mientras un puñado de países acaparan más vacunas de las que necesitan, la mayoría del mundo sigue cruzado por la pandemia pagando tanda tras tanda de dosis aplicándolas entre su población a cuentagotas. La crisis mundial de la pandemia podría resolverse o comenzar a terminarse mucho más rápidamente si se generalizara su producción. Pero las miserias del sistema capitalista quedan al desnudo una vez más y de manera extrema y brutal.

La posición de las potencias no es solo una defensa doctrinaria de la «propiedad intelectual», ni de las ganancias de un puñado de farmacéuticas. Los países imperialistas pueden garantizarse un lugar de poder en esta crisis, y de influencia sobre otras regiones, en la medida en que ostenten el monopolio de las vacunas. Mientras más acuerdos bilaterales tengan con países dependientes para garantizarles dosis, mayor será su influencia sobre ellos.

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