Por Jose Luis Rojo

“La crisis sanitaria global desencadenada por el Covid-19 (o nuevo coronavirus) es, en su origen, una crisis ecológica: este virus –como anteriormente fue el SARS, el MERS, el EBOLA y hasta cierto punto el virus del SIDA- es una patología de la frontera hombre-animal. Es debido a que los humanos han ido demasiado lejos en la destrucción de los ecosistemas, la destrucción de la biodiversidad y la mercantilización de la vida que son hoy día afectados, entrados en pánico y paralizados, en suma, afectados a su vez”

“COVID-19. Debat. Le virus de l’autoritarisme et de l’inégalité”, Eloi Laurent, alencontre.org

La OMS (Organización Mundial de la Salud) acaba de declarar el coronavirus originado en China como pandemia, es decir, una epidemia global[1].

No somos especialistas en la materia y siquiera hemos llegado a estudiar en profundidad el curso de los acontecimientos, que han adquirido en las últimas horas una dramática vertiginosidad.

Así las cosas, aun si los casos siguen siendo bajos en determinadas regiones (Sudamérica y África), la “psicosis” generada por la expansión de la pandemia (una psicosis justa dentro de determinados parámetros), se ha tornado el centro de las preocupaciones en todo el orbe, para todos los gobiernos, para todas las clases sociales, para toda la población: “La OMS calificó al coronavirus Covid-19 como una pandemia y pidió que los países ‘tomen acción de manera urgente y agresiva’. Sobre aquellos países que ‘todavía solo tienen un puñado de casos’ dijo que ‘pueden prevenir que se transformen en conjuntos y en trasmisiones comunitarias” (La Nación on line, 11/03/20).

Sin embargo, aun en ausencia de calificaciones técnicas en la materia, podemos llevar adelante un intento de caracterización y dar algunas hipótesis generales desde el punto de vista social-político.

  1. Lo primero a señalar es lo mal preparado que está el capitalismo actual para enfrentar una circunstancia así. Trazo grueso –porque nos falta un estudio especializado- creemos una verdad internacionalmente comprobada que los sistemas de salud pública están deteriorados en todo el mundo[2].

Las clases pudientes cuentan con salud privada e importantes sectores de trabajadores/as integran obras sociales sindicales -u de otro orden- que también se pagan ampliando la cobertura.

Sin embargo, existe una proporción variable de personas que no tienen ningún tipo de cobertura más allá del hospital público. En la Argentina esa proporción atañe al 30 o 40% de la población que cuando debe atenderse en los hospitales públicos debe hacer larguísimas colas, pasar meses para tener un turno médico o esperar varias horas en las guardias de urgencia.

Nos preguntamos si el deterioro generalizado de los sistemas de salud, el deterioro de la salud pública, los recortes presupuestarios periódicos impuestos por el capitalismo neoliberal, no son un factor de agravamiento de la pandemia que estamos viviendo (seguramente que sí).

  1. El segundo elemento que queremos destacar es la velocidad de propagación del virus vinculado no sólo a su novedad y al hecho que no existe aún vacuna contra el mismo, sino al impacto de una pandemia en las condiciones del capitalismo globalizado del siglo XXI.

Como hemos visto la OMS declaró pandemia el Covid-19. Eso significa que es un virus que afecta ya –o tiende inexorablemente a afectar- los 4 puntos cardinales del globo. La Organización Mundial de la Salud ha señalado que los países que aún no tienen muchos casos deberían, de todos modos, tomar drásticas medidas de prevención para evitar que el contagio adquiera proporciones incontrolables.

Esta indicación sumada a la “conectividad mundial” -a como vuelan las informaciones- así como la globalización de la economía y los intercambios –entre ellos, el turismo- hace del Covid-19 una verdadera pandemia del siglo XXI refiriéndonos a la velocidad con que se ha instalado en el centro de los desarrollos en todo el orbe, así como el impacto político de cifras de fallecimientos que parecen “bajas” en relación a otras pandemias bajo el capitalismo pero que muestran el grado de sensibilización que existe mundialmente respecto de la vida humana (al menos en circunstancias como esta), lo que no deja de ser un elemento progresivo en medio de esta barbarie[3].

Quizás la velocidad de su propagación tenga que ver con el nivel de los intercambios internacionales y el carácter exponencial de los movimientos de población y turismo en las últimas décadas.

En cualquier caso, el primer dato de cualquier análisis internacional a estas horas pasa por entender la dinámica de su propagación y el grado de daño que puede hacer el coronavirus.

  1. El tercer elemento a destacar es la relación entre el coronavirus y la economía mundial. Si algo le faltaba a su fragilidad era un evento de este tipo. Es que la mayoría de los pronósticos indicaba que aun estando en zona de riesgo no era de esperarse para el 2020 una recesión mundial.

Si se esperaba que el crecimiento mundial siguiera deteriorándose con países y / o regiones en recesión –como Brasil y Argentina-, otros países o regiones en zona neutra –como la Unión Europea- y países que sostienen el crecimiento como los EE.UU. -por algo en torno al 2.3% estimado para este año-, China –que se esperaba creciera el 5.7% y ahora el pronóstico se bajó al 4.6%-, e India -con algo en torno al 5% de crecimiento estimado-, en promedio, la economía mundial se mantendría a flote.

Sin embargo, ramas enteras están siendo cada vez más afectadas. Durante algunas semanas la industria manufacturera china expresó un fuerte bajón productivo debido al cierre temporal de plantas (algo que podría estar modificándose ahora que China parece haber controlado la expansión del virus).

El parate chino afectó la economía mundial de varias formas, por ejemplo en tanto que consumidor de materias primas, insumos industriales y demás. Por otra parte, la aviación comercial, el turismo, la hotelería, los cruceros, etcétera, están sufriendo gravemente la crisis del Covid-19 por razones obvias.

Es decir: el Covid-19 podría ser el elemento que faltaba para el desencadenamiento de una recesión mundial. Por lo demás, la pandemia se combina con otros elementos que nada tienen que ver con ella como la guerra petrolera desatada entre Arabia Saudí y Rusia por la caída de los precios.

En cualquier caso, el cimbronazo del lunes último dio lugar a los datos más graves en los mercados que se tengan memoria desde la crisis del 2008, esto independientemente que en los días posteriores haya habido una recuperación aquí o allá en los mismos.

Se dice que una vez pasada la pandemia la economía se recuperará rápidamente. Es probable. Pero primero habrá que ver cuánto dura la misma, que gravedad alcanza, etcétera, elementos que de momento no se pueden evaluar: “El hecho que la ralentización económica sea previa a la aparición del Covid-19 no tiene que llevarnos a negar ni el impacto económico de la epidemia (interrupción de determinadas producciones, ruptura de la cadena de suministros, impactos sectoriales sobre el transporte aéreo y el turismo, etcétera), ni la seria amenaza que en sí misma constituye. Fenómeno disruptivo con una dinámica exponencial, la epidemia constituye un amplificador específico de la crisis económica y social. También revela la fragilidad del sistema capitalista y los peligros que supone el mismo para las clases populares (…)” (Daniel Tanuro, Ocho tesis sobre el Covid-19).

En todo caso, lo que nos interesa señalar aquí es el hecho de que una epidemia mundial como la que estamos viviendo, al afectar los mecanismos de producción y circulación de mercancías y fuerza de trabajo, crea la base material para una recesión que podría estar a la vuelta de la esquina[4].

  1. Vayamos al caso italiano. La pandemia allí parece en estos momentos la más ardua en todo el mundo. Una disfuncionalidad muy grave afecta al capitalismo italiano para que el Covid-19 esté afectando de semejante manera.

Es de destacar, además, que la pandemia atacó su región más rica, el norte. Una región que por su grado de industrialización relativa, el desarrollo de sus fuerzas productivas, su PBI per cápita, etcétera, compite en igualdad de condiciones con Alemania, Suiza y Francia.

El gobierno acaba de poner a todo el país en cuarentena. En las últimas jornadas las muertes han alcanzado un promedio de 200 fallecidos diarios. Diversos informes señalan que su sistema de salud está a punto de colapsar…

Veamos el vívido relato de una médica de la región de Lombardía llamada Renata Ghelardi: “Hay una situación de alarma, en particular relacionada con la virulencia, es decir, el número de personas que tenemos que curar en Lombardía y que en este momento no podemos curar porque los lugares de terapia intensiva están todos llenos’ (…) ‘Lo que preocupa es la virulencia del coronavirus, que es un virus que ataca fácilmente porque nadie tiene los anticuerpos y cada paciente que es positivo es una bomba atómica para los demás porque puede trasmitir el virus, aunque sea asintomático”.

“Para Ghelardi al principio de esta crisis que puso al país de rodillas, aislado ahora del mundo, muchos no se tomaron en serio la cosa, pensando que se trataba simplemente de una gripe un poco más fuerte (…) ‘Todos los médicos estamos con las licencias bloqueadas a tiempo indeterminado, todos llamados a la emergencia, cada uno con sus competencias, hay mucha necesidad de anestesias y neumólogos y todos los demás tienen que hacer lo que pueden para dar una mano al sistema’ contó la médica. ‘Vivimos al día, cada día es distinto al anterior y es muy estresante porque también para nosotros los médicos es una situación nueva, que nunca vivimos’, continúo, mientras reflexionaba sobre la importancia de trabajar con responsabilidad y en conjunto: ‘si no hacemos trabajo en equipo, no salimos de esta” (Elisabetta Piqué, La Nación, 11 de marzo 2020).

Que semejante situación ocurra en un país imperialista –no importa que se trate de uno de segundo orden- requiere de un análisis para entender cuan profundo es lo que está ocurriendo en el capitalismo de dicha nación; cuan podrido está su régimen político y su sistema para que el gobierno esté a punto de perder el control de la epidemia (o ya lo haya perdido, 200 muertos diarios no es moco de pavo).

  1. El quinto punto remite al tratamiento chino de la epidemia. Es difícil saber exactamente en qué punto está la pandemia en dicho país pero muchos análisis destacan el tratamiento autoritario que se le dio a la enfermedad. Subrayemos el negacionismo inicial y la muerte de un joven médico odontólogo que fue el primero que quiso dar la voz de alerta.

Sería un error pensar que a pesar de la enorme fragmentación laboral que rige en dicho país y de la lógica cultural confuciana de subordinación a la autoridad, la población trabajadora no pueda estallar y rebelarse[5].

Atención que el crecimiento a tasas chinas ha sido un factor legitimador y ese crecimiento viene inexorablemente reduciéndose de año en año; en este caso agravado por la pandemia.

Más allá de las diferencias que tenemos con el autor marxista Daniel Tanuro en materia del abordaje de la crisis ecológica, parece agudo este planteamiento sobre la pandemia: “El principal riesgo de la epidemia es que supere el umbral de saturación de los sistemas hospitalarios (…) Evidentemente, este umbral es diferente en cada país, dependiendo de sus sistemas de salud y de las políticas de austeridad y de precarización aplicadas. Y ese umbral se alcanzará más rápido en la medida que los gobiernos van a la zaga de la epidemia en lugar de prevenirla. Así pues, esta epidemia requiere poner fin a las políticas de austeridad, redistribuir las riquezas, refinanciar y desprivatizar el sector sanitario, poner fin a las patentes en el ámbito de la medicina (…). Todo ello implica: prohibir el despido de las personas afectadas, garantizar el salario íntegro en caso de paro parcial (…). Los puntos comunes entre la crisis del Covid-19 y la crisis climática son muchos. En ambos casos, la lógica de la acumulación a través del beneficio convierte al sistema capitalista en incapaz de evitar un riesgo del que, sin embargo, estaba prevenido. En ambos casos, los gobiernos oscilan en la negación y la inadecuación de las políticas concebidas prioritariamente en base a las necesidades del capital y no las de la gente. En ambos casos, la gente más pobre (…) está en el punto de mira, mientras la gente rica piensa siempre que se salvará. En ambos casos, los gobiernos utilizan estas situaciones para avanzar hacia un Estado autoritario [el caso de China y también, eventualmente, Italia ahora, J.L.R.] al mismo tiempo que las fuerzas de extrema derecha tratan de sacar provecho del miedo para presionar a favor de medidas maltusianas y racistas. En fin, en ambos casos, la ley social del valor capitalista entra en contradicción frontal con las leyes de la naturaleza con una dinámica exponencial (la multiplicación de la infección viral en un caso y el calentamiento y sus retroacciones positivas en el otro)” (Tanuro, ídem).

Se dice que China ha terminado siendo muy “eficaz” en contener la pandemia pero la realidad es que no se tiene un análisis cierto sobre el tema. Está claro que el tratamiento del PCCH en todas las áreas es autoritario, pero el tratamiento de un capitalismo de Estado que podría ser la envidia de muchos gobiernos imperialistas, quizás tenga los pies más de barro que lo que se cree.

  1. El sexto punto es respecto de la evaluación de la pandemia y qué programa de acción tomar desde la izquierda revolucionaria (algo general ya comenzamos a desarrollar arriba).

Lo primero es no subestimarla. Desde ya que no hay que caer en una “psicosis” que en nada ayuda a mensurar las cosas. Pero tampoco sirve negar la gravedad de las circunstancias como han hecho muchos gobiernos capitalistas.

Más bien, lo que parece correcto, y sobre todo porque se trata de un fenómeno nuevo (una pandemia global de semejante magnitud bajo el capitalismo voraz del siglo XXI), es tomar la cuestión con toda la seriedad del caso.

A partir de ahí se delinea una suerte de programa y curso de acción. En materia de curso de acción vemos dos desdoblamientos posibles.

Por un lado hay que exigir a las autoridades seriedad, celeridad, criticar el negacionismo frente a la pandemia –aunque, insistimos, sin alarmismo-, exigir medidas que pongan lo más a punto posible el sistema de salud, etcétera.

Pero, por otra parte, se trata también –y, quizás, fundamentalmente- de desarrollar todas las iniciativas que sean posibles desde abajo, desde los trabajadores y la juventud, desde el personal de la salud, etcétera, que tomen cartas en el asunto frente a la ineptitud oficial.

Por ahora, sin una experiencia mayor, no podemos más que plantear algunos criterios generales que se irán llenando de contenido conforme se desarrolla la crisis.

Junto con esto están los problemas de programa. Hay que volcar de urgencia presupuesto en el sistema de salud. Hay que estatizar industrias para producir todos los implementos médicos que sean necesarios –desde los productos para hacer los test de enfermedad hasta cosas mínimas como alcohol en gel y barbijos-, hay que montar obras públicas como hospitales de campaña si es necesario para atender la emergencia, etcétera.

Sobre todo, hay que abrir todos los sistemas de salud –indistintamente si son públicos o privados- a la atención de cualquier paciente que lo requiera e imponer el no pago de la deuda externa, cortarle el flujo de dinero a los especuladores, cobrar impuestos a los ricos, etcétera; todo lo que sea necesario para que el sistema de salud pública –ya deteriorado por demás- tenga los fondos necesarios.

Más en general, la pandemia debería llevar a una reflexión y una lucha por acabar con estos sistemas de salud privados, estratificados socialmente y luchar por reconstruir serios sistemas de salud pública que estén bajo criterios de satisfacer las necesidades humanas y no las ganancias de los capitalistas que lucran con la salud.

La pandemia del Covid-19 es un enorme alegato contra el capitalismo del siglo XXI, un capitalismo voraz que le importa un comino la vida de las personas trabajadoras.

Un capitalismo que explota y oprime como nunca, que destruye la naturaleza y frente al cual el coronavirus es una nueva advertencia que debe ser superado para que no lleve a la humanidad a la barbarie.


[1] Al cierre de esta edición se reportan 118.000 casos en 114 países y 4291 personas que al momento han fallecido.

[2] Diversas notas señalan que por ejemplo en Francia el sistema de salud pública goza aun de alta aprobación entre la población (un 80%) aun si en las últimas décadas todos los gobiernos capitalistas neoliberales hicieron lo posible por socavarlo.

[3] La pandemia de gripe Influenza de 1918, la más devastadora de la historia humana, asesinó en un solo año entre 40 y 100 millones de personas en todo el mundo.

[4] Suponemos que si las cuarentenas se extienden al mundo entero la recesión será inevitable.

[5] Una ola de indignación popular recorrió el gigante asiático cuando la muerte de Li Wenliang, el médico chino que alertó a las autoridades y contrajo la enfermedad.

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