• En pocas horas surgieron y se multiplicaron distintos llamados en las redes sociales a salir a la calle y saquear los supermercados para sobrevivir.

Por Agustin S.

Italia se ha convertido sin dudas en el caso ejemplar de “todo lo que podría ir mal” en relación al control de la pandemia del Covid – 19. Aún siendo un país “desarrollado” en el centro de Europa, las imágenes de pacientes hacinados en cualquier espacio existente dieron la vuelta al mundo mostrando el colapso del sistema hospitalario en el norte del país (región que concentra el mayor número de casos) y el ritmo de contagios y muertes sigue creciendo día por día, a pesar de la cuarentena que ya lleva varias semanas.

Si bien la región más afectada fue el norte, por donde el virus entró al país, en los últimos días la mayor preocupación del gobierno de Giuseppe Conte ha sido la situación en el sur, donde en pocas horas surgieron y se multiplicaron distintos llamados en las redes sociales a salir a la calle y saquear los supermercados para abastacerse. Se han hecho virales varios videos grabados por ciudadanos italianos en sus casas, especialmente uno en el que “un padre, acompañado de su hija, advierte al alcalde de Palermo, Leoluca Orlando: ‘Si mi hija no tiene un trozo de pan que comer, asaltaremos los supermercados’.

Asimismo, surgieron grupos de What’sApp y Facebook con llamamientos similares que agruparon cientos de seguidores en pocas horas, e incluso se dieron los primeros intentos de saqueos en hipermercados de Palermo (ciudad de Sicilia), donde los vecinos se presentaron en las cajas con sus changos entonando el canto de “basta de quedarse en casa, no tenemos dinero para pagar, debemos comer”, situación que se repitió también en la zona de Campania (Nápoles), y estuvo acompañada por un importante aumento en los robos en las calles, donde sectores desesperados de la población directamente comenzaron a hurtar las bolsas de compras a las personas que salen de los supermercados.

Estos hechos dan cuenta de que, por el histórico contraste entre el norte y el sur del país, si bien el foco de la crisis sanitaria se da en el norte, es en el sur donde la crisis sanitaria va a desembocar en crisis social. Además de tener un PBI per cápita mucho más bajo que en el norte, el sur del país concentra a casi 4 millones de trabajadores informales (la llamada “economía sumergida”) y posee una desocupación juvenil del 75%. Son estos sectores de la población, que ya estaban desocupados o quedaron desocupados con la cuarentena, los que viven del día a día, los que están sufriendo en mayor medida el peso de la recesión económica y no pueden hacer frente a ni un día más de cuarentena si no reciben asistencia de parte del Estado.

Esto explica que en los últimos días el foco de atención de los gobiernos locales (alcaldías) y nacional haya estado puesto en cómo contener el descontento y la rabia de la población. Giuseppe Conte, primer ministro italiano, ha declarado que destinará 400 millones de euros en subsidios a entregar través de los municipios. Sin embargo, estas medidas de asistencia mínima ya se comprobaron insuficientes. En las últimas semanas, el Estado repartió un subsidio universal de 600 euros mensuales (que puede alcanzar para comprar alimentos por algunos días pero no así para pagar alquileres y otros gastos cotidianos que toda familia trabajadora debe afrontar) lo cual no impidió las recientes señales de alerta ante el posible estallido de saqueos. El propio Conte da muestras de la incapacidad de su gobierno para darle una salida a la crisis económico – social que se está caldeando en el sur cuando le exige a la Unión Europea una “salida de los 27 [los países que conforman la UE. A.S.]”, con exigencias de presupuesto a las autoridades europeas que ocultan la negativa del gobierno italiano a tocar las ganancias de los capitalistas locales para financiar el auxilio del sistema sanitario y de los sectores de trabajadores que necesitan asistencia económica.

Junto a la palabrería europeísta, las autoridades nacionales y locales ya han desplegado a las fuerzas represivas en las ciudades del sur para proteger la propiedad capitalista en los hipermercados ante la posibilidad de saqueos[1], han declarado que “está en riesgo la democracia” (palabras del propio Conte) y que detrás de los llamados a saqueos se esconden las intenciones de las mafias sicilianas.

Pero lo que en realidad está en riesgo no es “la democracia” en abstracto sino la institucionalidad de la democracia burguesa italiana, de las mismas instituciones que hoy por hoy condenan a millones de trabajadores italianos a transitar la cuarentena en la miseria (incluso al punto de que miles de ellos decidan arriesgarse a romper el aislamiento para proveerse de alimentos) y a miles de italianos a morir en condiciones de hacinamiento ante el colapso del desfinanciado sistema de salud en el norte del país.

La alusiones casi bizarras a un supuesto protagonismo de las mafias por detrás de los saqueos (una suerte de discurso a lo María Eugenia Vidal extremado) es un intento lastimero por deslegitimar el justo descontento de los sectores populares ante la pobreza a la que los somete el Estado, cuyos intentos de autoabastecerse en desmedro de las ganancias de las empresas de supermercados son mucho más “democráticos” que las instituciones crónicamente corruptas del sistema político italiano[2] y que han generado en el último tiempo un descreimiento generalizado por parte de los votantes hacia todo el arco político[3].Si alguna mafia llegara a sacar rédito del descontento popular sería única responsabilidad de los partidos y del régimen político que empujan constantemente a la población al escepticismo anti-política y la falta de alternativa. La crisis del COVID-19 es también el estallido de la burbuja de estabilidad del capitalismo italiano, con la que estallan todas las contradicciones latentes en su sistema social, acumuladas durante décadas.

Parte de este mismo fenómeno es que Italia se vea ante la posibilidad de un desborde de esta magnitud, con amenazas de saqueos masivos en varias ciudades importantes y, probablemente, con una crisis mayor cultivándose en estos mismos momentos, parcialmente oculta por el aislamiento forzado de la pandemia, pero que se alimenta de un descontento justo y que no puede dejar de crecer en los millones de habitantes que sufren esta crisis, tanto en el plano económico como sanitario. La crisis italiana podría convertirse en un colapso como no se ve en un país central de Europa por lo menos desde la Segunda Guerra Mundial y que podría ser la antesala de la crisis en otros países imperialistas de distinta envergadura[4] (ni hablar de los periféricos y semi-coloniales[5]).


Notas

[1] Amén del anterior despliegue de tropas de la OTAN en las rutas italianas.

[2]No hace falta más que citar escándalos mundialmente conocidos como los de Berlusconi para ilustrar la corrupción que recorre transversalmente la política italiana.

[3]La misma asunción de Conte es una muestra de esto, ya que la formación “5 estrellas” de la que forma parte es una agrupación del tipo “partido agrupa-todo”, que ganó popularidad con un discurso populista anti-corrupción y anti-política.

[4]Es de notar que la situación en países como España (con ritmos de contagio que podrían sobrepasar a los italianos) o incluso EEUU son sumamente preocupantes, especialmente teniendo en cuenta las orientaciones criminales de Trump y otros gobiernos como el de Bolsonaro.

[5]Si bien los países más afectados por la pandemia siguen siendo imperialistas (Italia, España, EEUU), el eventual crecimiento de los contagios en países semicoloniales (con recursos económicos y sanitarios mucho menores para hacerle frente a la crisis) podría resultar en estallidos mucho más rápidos. Ejemplos de esta posibilidad son los países con grandes aglomeraciones de trabajadores y barriadas populares, como el caso del Conurbano Bonaerense en la Argentina.

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