Por Redacción

Los triunfos en Iowa y New Hampshire habían dejado un escenario todavía ambiguo. Los resultados en Nevada ponen a Sanders claramente a la cabeza de la carrera presidencial demócrata: con un 50% de los votos escrutados, obtiene un 46% contra el lejano 19% del segundo lugar, Joe Biden.

Los resultados de Nevada son incontestables, Sanders se ha colocado como el favorito del electorado demócrata de cara al “súper martes” del próximo 3 de marzo. Los estados que han definido hasta ahora son relativamente pequeños y pocos y la candidatura que enfrentará a Trump en noviembre se definirá casi seguramente el súper martes. Allí votarán 15 estados, entre ellos los importantes California y Texas. Estos dos estados podrían ser definitorios y Sanders está muy bien colocado en ellos: las encuestas le dan un 30% en el primero y un 25 en el segundo, ganando en ambos. Se trata de encuestas con números muy similares a las estimaciones que se hacían en Nevada, que dieron una ventaja a Sanders mucho mayor que la esperada.

El auto calificado “socialista democrático” senador por Vermont no solamente se ha ubicado claramente a la cabeza de competir por la presidencia contra Trump, tampoco tiene hasta ahora un competidor claro para desbancarlo. Si en New Hampshire y Iowa el segundo lugar había ido a Buttigieg, en Nevada éste ha quedado en un lejano tercer puesto y Joe Biden se ha recuperado parcialmente de las humillaciones previas. Éste último es el candidato del establishment demócrata, ex vice de Obama y funcionario clásico neoliberal del aparato imperialista del Partido Demócrata. Entonces: Bernie Sanders no es sólo el favorito hacia la carrera presidencial sino que hasta el momento no tiene oponente claro.

En un gesto de victoria clara, Sanders festejó los resultados en Nevada desde el próximo paso de su campaña, en Texas. Lo hizo haciendo claro contraste con la retórica xenófoba y racista de Trump, diciendo que su coalición “multirracial” arrasará en todo el país “como en Nevada”.

Sin embargo, todavía es temprano para que sus seguidores canten victoria (aunque parecen estar cada vez más cerca), pero el desarrollo de su campaña parece estar convirtiéndose en una novedad completa. Más allá de sus propios objetivos reales, que no salen de los marcos sociales e institucionales del imperialismo yanqui, el despertar militante y entusiasta de amplios sectores de trabajadores y jóvenes por la candidatura de Sanders es el fenómeno verdaderamente estratégico de lo sucedido en Nevada. Miles de voluntarios, muchos provenientes de otros estados, se volcaron a la campaña que dejó por saldo un triunfo aplastante de esa voluntad militante contra el aparato demócrata.

La campaña del ahora favorito demócrata no solo habla de “socialismo”, cosa ya completamente revulsiva en Estados Unidos, sino que apela abiertamente a presentarse como una alternativa de la clase trabajadora contra los ricos. Con el slogan “de la clase trabajadora, para la clase trabajadora” presentó los datos de sus aportantes económicos en el mes de enero: su principal profesión es la docencia y sus empleadores mayoritarios son Amazon, Walmart, Starbucks y el servicio postal. Se trata de una apelación directa a la juventud precarizada.

Su campaña continúa en el mismo tono y apela a latinos, veteranos de guerra, miembros de sindicatos, etc., para realizar llamadas masivas y campaña puerta a puerta para ganar el voto. El entusiasmo que despierta una campaña que habla de “socialismo” es evidente y muestra un enorme movimiento de placas tectónicas en la sociedad estadounidense. En un siglo XXI en el que el “sueño americano” parece enterrado, Estados Unidos parece cada vez más abiertamente polarizado. De un lado, lo más reaccionario y atrasado de la ideología imperialista yanqui, que promete volver a las viejas glorias haciendo “America Great Again”; del otro, una campaña por “el socialismo”. Ambos extremos del arco político estadounidense comparten desde lugares opuestos la misma característica: reflejan que es cada vez más difícil prometer seguir indefinidamente en el eterno presente de Estados Unidos, se necesita pasado o futuro. Por eso las candidaturas más clásicas pierden espacio frente a las que se presentan como más “extremas”.

En parte, el buen desarrollo de la campaña de Sanders se la debe contradictoriamente al propio Trump. Entre la juventud y amplios sectores populares progresistas, que ese monstruo reaccionario sea presidente generó un rechazo que los radicalizó hacia el otro lado. Ni siquiera personajes tan nefastos como los Bush o el propio Reagan generaron en su primer día de mandato las movilizaciones que se dieron en todo el país contra Trump. El senador por Vermont parece saberlo y en su retórica no para de hacer referencia a que él sería el candidato para derrotar al lumpen-magnate.

Como hemos dicho hasta el cansancio, lo más importante del buen desarrollo de la campaña de Sanders no es él mismo sino lo que sucede en la cabeza de millones de jóvenes trabajadores y mujeres: votar por el “socialismo” en Estados Unidos no es poca cosa. Durante décadas, su relato de “defensores de la libertad” contra el “comunismo” fue incontestablemente mayoritaria entre las masas yanquis… hoy parece estar desapareciendo ese fenómeno que parecía eterno.

No se puede esperar nada del Partido Demócrata y la institucionalidad yanqui. Su esencia misma es la defensa del capitalismo imperialista que sigue siendo el más grande del mundo. Las instituciones no pierden su esencia porque la gente vote diferente. Como dijo Engels de manera brillante hace ya más de un siglo: “No hay ningún país en que los ‘políticos’ formen un sector más poderoso y más separado de la nación que en los EE.UU. Aquí cada uno de los dos grandes partidos que se alternan en el Poder está a su vez gobernado por gentes que hacen de la política un negocio … en los EE.UU. nos encontramos con dos grandes cuadrillas de especuladores políticos que alternativamente se posesionan del Poder estatal y lo explotan por los medios más corruptos y para los fines más corruptos; y la nación es impotente frente a estos dos grandes consorcios de políticos, pretendidos servidores suyos, pero que, en realidad, la dominan y la saquean.”

Sin embargo, la voluntad militante de miles de trabajadores, mujeres, jóvenes, latinos, negros, oprimidos en general, pone en evidencia que en los Estados Unidos se pueden estar gestando las condiciones para la construcción de un partido de trabajadores, por fuera y contra los viejos aparatos de dominación imperialista. El “fenómeno Sanders” es mucho más importante que el propio Sanders.

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