Putin y el capitalismo de Estado en Rusia

La economía rusa después de la restauración capitalista y el comienzo del proyecto de reconstrucción imperialista.

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El Imperialismo contemporáneo se caracteriza por una serie de rasgos históricos propios (el predominio del capital financiero, la exportación de capitales, etc.) que fueron descritos de manera clásica, entre otros, por Lenin. Es, ante todo, una fase específica del desarrollo del capitalismo. Pero el fenómeno del Imperialismo no es ni fue nunca algo puramente económico. En el marco de esa fase general, hubo y hay potencias imperialistas que se apoyan en otras cosas (poder militar y dominio territorial, por ejemplo) para ser tales. La guerra de Ucrania ha puesto al descubierto que la Rusia pos restauración capitalista no se ha convertido en una semicolonia del Imperialismo clásico: se trata de un Imperialismo en reconstrucción. En estos artículos, analizamos los rasgos económicos propios de este proyecto imperial, encabezado por Vladimir Putin. 

La guerra producto de la invasión rusa a Ucrania y el trasfondo interimperialista del conflicto ha suscitado debates de diversa índole entre el público general y las corrientes de la izquierda y el progresismo en particular. Es que muchas corrientes entre el progresismo y la izquierda amplia sostienen el apoyo al bando de Vladimir Putin por señalar que se trata de un país “en desarrollo” que enfrenta las provocaciones del imperialismo occidental. De este modo, la justificación del avasallamiento por parte del imperialismo ruso al derecho a la autodeterminación del pueblo ucraniano se define por una suerte de debilidad relativa ante el igualmente despreciable bando de la OTAN liderado por Estados Unidos.

En el marco de estos debates, es importante sostener una posición que parte de la delimitación y denuncia a ambos bandos que, al mismo tiempo pueda dar cuenta de la verdadera naturaleza de la Rusia actual. De este modo, se podrá clarificar la posición que define uno de los aspectos del conflicto a partir de un enfrentamiento entre potencias imperialistas por el dominio sobre Ucrania.

El objetivo de este texto es poder aportar argumentos para el sostenimiento de la caracterización de Rusia como un país imperialista. En particular, vamos a abordar uno de los aspectos centrales dentro de las múltiples determinaciones que ayudan a sostener la caracterización de Rusia como un imperialismo en reconstrucción. Se trata del capitalismo de Estado, que ha sido una pieza clave en la estrategia adoptada por Putin tras su llegada al poder en 1999. Este es su proyecto de relanzar a Rusia como potencia imperialista en el siglo XXI así como para superar la crisis desatada tras la restauración capitalista en la etapa post-soviética.

Restauración capitalista y los inicios de la nueva Federación Rusa

La restauración del capitalismo en Rusia fue comandada por la burocracia estalinista al calor de una profunda crisis que se desarrolló en las últimas décadas del siglo XX dentro de la URSS. La bancarrota de la Unión Soviética implicó un largo y traumático proceso para las mayorías trabajadoras donde sus condiciones de trabajo y de vida se degradaron dramáticamente. En contrapartida, la burocracia – garante de una derrota histórica de la clase obrera tras la contrarrevolución – supo en la década del 80 preparar el terreno con las reformas impulsadas por Mijail Gorbachov para reciclarse y devenir en una de los grandes ganadores con la vuelta al capitalismo. Las medidas progresivas de liberalización se gestaron en el contexto del famoso impulso al “socialismo” de mercado.

En los primeros años de la década del 90 la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas estalla en pedazos y, una nueva etapa comenzaría tras la disolución para Rusia. Bajo la conducción de Boris Yeltsin, empezó el reparto de botín de la propiedad estatal con una “agenda de reformas” que tendría entre sus ejes centrales el cambio en el régimen de propiedad. Así, una campaña ideológica furibunda se instaló en la sociedad para hablar de las bondades de la propiedad privada y el libre mercado. Sin dudas, las décadas de penuria producto del régimen de explotación burocrático daban margen para el consenso entre la población en torno a la vuelta al capitalismo y la exaltación de sus ventajas sobre el falso socialismo.

El equipo económico de Yeltsin estaba encabezado por jóvenes liberales como Yegor Gaidar (que ocupaba el puesto de primer ministro) y Anatoli Chubais (presidente del Comité Estatal de Bienes Públicos, o GKI, también conocido como el “zar de las privatizaciones”) y era quien tenía a su cargo la implementación de las reformas de mercado y del proceso de privatización. Entre los asesores de este equipo estaba el estadounidense Jeffrey Sachs, uno de los intermediarios clave para que el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, entre otras instituciones del imperialismo occidental, participen en el financiamiento y diseño de los programas de privatización. Tal fue la injerencia del imperialismo yanqui en este proceso que, organismos como el Harvard Institute for the International Development (HIID) participaba en la redacción de los decretos que emitía Yeltsin sobre las empresas y bienes del Estado que se remataban por migajas.

La “doctrina del shock” aplicada durante casi una década en Rusia fue devastadora. Según datos aportados en un artículo por Edouard Pflimlin[1], entre 1990 y 1998 el PBI llegó a alrededor de un 45%, el Producto Industrial Total lo hizo un 54% y la inversión se desplomó un 65% en esas épocas. Además, agrega que el proceso hiperinflacionario que se abre con la vuelta al capitalismo, en 1992 se alcanzó un pico de 1.562%. La desindustrialización acelerada fue otro fenómeno saliente del periodo.

Así, las y los trabajadores sufrieron un brutal deterioro salarial, había casos de demora de hasta un año en los pagos de los mismos. La pauperización creciente era acompañada por una oleada de despidos, ya que las fábricas se privatizaban o los burócratas devenidos en capitalistas llevaban sus inversiones al extranjero. La política de “estabilización financiera” ensayada por el gobierno implicó recortes de los gastos en salud, educación y hasta en las jubilaciones. El dato es que muchos dirigentes sindicales pasaron a formar parte de la dirección de las empresas mientras se aplastaba cualquier reflejo de lucha o resistencia que venía desde abajo.

El valor del rublo se desplomaba y, el fenómeno del trueque irrumpió como mecanismo de supervivencia entre las masas trabajadoras. Cédric Durand relata en un fragmento de un artículo[2] que el dinero no era usado para los intercambios cotidianos. Describe una anécdota tras un viaje que realizó en 1997 a la región de Siberia, en ciudades aledañas al lago Baikal. Allí vio a las personas juntar las piñas que caían de los árboles de pino para “pagar” el transporte y circular en él. Este reflejo marcaba la desesperación y degradación que se expresaban también en el aumento de las tasas de suicidio y de delitos, la caída en las tasas de crecimiento demográfico, e incluso la disminución de la esperanza de vida de la población.

Un saqueo descontrolado que foguea la crisis

Los inicios de la nueva etapa capitalista –y de la propiedad privada– hicieron disparar la cantidad de riqueza que estaba en manos de los antiguos burócratas. El control del proceso de privatizaciones les aseguró una porción del botín que era repartido también con el imperialismo occidental, sobre todo yanqui. Los principales recursos y sectores de la economía se concentraron rápidamente en pocas manos, las de la naciente oligarquía capitalista rusa.

Es Cédric Durand quien en un artículo donde analiza el proceso de privatizaciones[3] relata las etapas de este y cómo se desarrolló. Llamativamente, la primera etapa consiguió gran consenso entre las masas trabajadoras. A mediados del año 1992 Chubais y compañía repartieron bonos entre los trabajadores con la promesa de que con ellos podrían adquirir acciones para participar como dueños de las futuras empresas privatizadas y sus ganancias. No pasó mucho tiempo para que la estafa se demuestre y, rápidamente tales acciones fueron bloqueadas para transformarse en papeles sin valor, cuando no eran revendidas por migajas a los directores o funcionarios que se hicieron de la titularidad absoluta de las empresas.

Para la tercera ola de privatizaciones que señala Durand ubicada a mediados de 1994 fueron privatizadas al menos 15.000 empresas más. Así, el 60% del PBI de ese año ya era producido por el sector privado. La voracidad de los actores sociales nacionales e internacionales que se beneficiaban del proceso encontraba un marcado contrapunto en la degradación económico-social general que describimos anteriormente y que no parecía encontrar fondo.

La crisis en las finanzas públicas, de hecho, ponía en cuestión las posibilidades de reelección de Yeltsin en las presidenciales de 1996. Es así que, entre mayo y agosto de 1995 emite una serie de decretos donde impulsa la venta de activos de empresas todavía estatales como Norilsk Nickel (principal productor mundial de níquel de ese periodo) Yukos (empresa petrolera) las empresas petroleras Sidanko y Lukoil y la metalífera Novolipetsk. El vil mecanismo de privatización por venta de activos consistió en entregar el control del proceso de las ventas de los activos a manos de bancos, sobre todo extranjeros, sin ningún tipo de control. Muchos de estos bancos eran quienes adquirían las acciones y los precios de venta estaban muy por debajo del valor real de mercado.

Los conflictos –en el marco del desarrollo de un capitalismo neoliberal salvaje– al interior de la propia oligarquía crecieron al calor del descarado saqueo que persistía. El crack financiero que estalló en 1998 agudizó aún más los elementos de crisis, sobre todo por el temor a una reacción por abajo. Un elemento que se destacaba en este contexto era el enorme debilitamiento de la autonomía política del Estado ruso tanto frente al imperialismo occidental como para hacer frente al conflicto a su interior. Ante este panorama, Claudio Testa propone la tesis de que una reacción nace “de las entrañas del aparato del Estado –que se corporizó en Putin, que hizo su carrera específicamente en el aparato militar– que impuso un giro bonapartista.”

Así mismo advierte que “de ninguna manera liquidó a los oligarcas neoliberales que saquearon al Estado. ¡Putin no tiene nada de socialista ni anticapitalista! Pero les impuso obediencia, junto con nacionalizaciones de cierta importancia. Quienes lo desafiaron terminaron en la cárcel, el exilio o el cementerio. Claro que ese clima represivo también sopla hacia la izquierda.”[4]

La llegada de Putin al poder y su proyecto de reconstrucción imperialista para saldar la crisis

Dado el contexto antes descrito, nuestra hipótesis de trabajo parte de considerar, entonces, a la figura de Vladimir Putin como la reacción a la crisis que emerge de un sector de la propia oligarquía rusa, ligada al sector de los llamados siloviki, fracción de la burocracia ligada al aparato represivo del estado soviético. Boris Yeltsin renunció en agosto de 1999 y nombró como Primer Ministro a Putin. Nos quedamos con el fragmento de la última cita que refiere a las nacionalizaciones que este impulsó tras su llegada al poder central. Es que, es a partir del desarrollo del modelo de un capitalismo de Estado que Putin va a buscar vehiculizar la reconstrucción del proyecto unificado para relanzar a Rusia como una potencia imperialista. Tomar las riendas desde el poder central del Estado era clave para dejar atrás los estragos que estaba causando el modelo de saqueo y lumpenaje a partir del cual se sometía al país al yugo del imperialismo yanqui.

En el artículo antes citado de E. Pflimlin se menciona entre las medidas de los primeros años de Putin en el poder, entre 2001 y 2003, una reforma fiscal, la reforma del código de trabajo – un ataque descarado contra los derechos de las y los trabajadores – y, la reforma sobre la dirección de las empresas. Un elemento interesante a señalar es que, en los primeros años el proyecto de reconstrucción imperialista de Putin gozó de gran apoyo popular porque uno de sus principales ejes en los discursos se apoyaba del rechazo a la experiencia restauracionista de los años 90. Una frase famosa que rezaba “los años 90, eso nunca más” y en ese sentimiento supo apoyarse para darle legitimidad a su proyecto de gobierno.

Además, ya en los primeros años se impulsa la participación de los principales funcionarios del gobierno en la administración de los grandes grupos económicos. Tal es el caso de Dimitri Medveded quien, a los pocos años siendo el vice primer ministro fue nombrado presidente del Consejo de Administración de Gazprom. Se trata de la empresa que para el año 2009 garantizó el 87% de la producción nacional de gas.

Progresivamente el Estado se volvió el principal actor de la economía rusa pasando, según datos aportados por Pflimlin, solo entre 2004 y 2006 de una participación del 20% a una del 30% de la producción en el PBI. Los principales sectores de la economía fueron nacionalizados como los hidrocarburos – el petróleo, gas, etc. – así como la minería, el sector aeronáutico, nuclear, metalúrgico, entre otros. Un detalle debe ser señalado, el proyecto económico de Putin no revirtió la extrema dependencia de la exportación de materias primas para la generación de divisas. En este sentido, un elemento clave del éxito relativo de la gestión económica de esta primera etapa pasa por el alza sideral de los precios del petróleo que, entre 1992 y 2006 aumentó en un 400%.

Ya en su segundo mandato, el primer ministro mostró hasta dónde estaba dispuesto a tomar el control de los asuntos económicos. Fue en octubre de 2003 cuando el magnate petrolero Mijail Jodorowski fue arrestado y su empresa petrolera Yukos, junto a su principal planta productiva, pasaron progresivamente a estar en manos de la administración estatal. De allí se crea la empresa Rosneft que por años ha estado entre los mayores productores de crudo del mundo.

Volviendo a Gazprom, esta empresa estuvo en el ojo de la tormenta tras la invasión a Ucrania ya que, no sólo controla en 15% de las reserva de gas del mundo, sino que a través del gasoducto que atraviesa ese país garantiza el 60% del consumo de gas en Austria, el 35% en Alemania y el 20% en Francia. Esta empresa solo a comienzos de los años 2000 contaba ya con un 51% de participación estatal en sus acciones. Además, la diversificación de sus inversiones hace que el Gazprom Holding desarrolle ramas como la Gazprombank, la Gazprom Neft (que opera en el sector petrolero) y la Gazpromavia (empresa aeronáutica). Ese volumen de producción y ganancias está en manos de los principales funcionarios del Estado ruso que usan sus carreras políticas para convertirse en los principales magnates del país o ubicarse entre ellos.

Michael Pröbsting detalla los datos sobre el capital monopolista en manos del Estado en Rusia y el rol clave que este desempeña en la economía: “Vale la pena señalar que el capitalismo de Rusia difiere del “modelo” occidental en la medida en que el estado ocupa una posición crucial. Un número considerable de sus monopolios representan una mezcla de acciones estatales y privadas; por lo tanto, el capitalismo de Estado es una característica esencial de la economía de Rusia. (Por cierto, lo mismo es cierto en un grado aún mayor para China). Según un estudio reciente del Fondo Monetario Internacional (FMI), la participación del estado ruso en la economía (calculada como PIB) en 2016 estaba en un rango de 30-35 por ciento. El informe continúa: «La corrección del tamaño del sector informal en valor agregado y empleo aumenta significativamente la participación del estado ruso, a casi el 40 por ciento de la actividad del sector formal, y menos del 50 por ciento del empleo del sector formal”.[5]

El folleto de este autor que lleva el título de “Las peculiares características del imperialismo ruso” detallan en uno de sus tablas que las propias empresas de capital ruso participan en un 86, 3% de las principales inversiones dentro del país. De hecho, las empresas extranjeras participan solo en un 7,3% de la inversión en la economía local.[6] Además, enfatiza que la Rusia de Putin se caracteriza por un bajo nivel de deuda con otras potencias extranjeras: “Su deuda pública era sólo el 18 por ciento del producto interno bruto (PIB) a finales de 2020. Tiene superávits de cuenta corriente constantes y sus reservas de divisas internacionales eran de 596.000 millones de dólares a fines de 2020 (lo que lo convierte en el quinto estado con mayores reservas de divisas del mundo)”, escribe.

Otros datos significativos de los rasgos del capitalismo de Estado ruso actual que aporta Pröbsting refieren a que “la participación de los bancos extranjeros en el capital social total del sector bancario ruso disminuyó del 23% en 2014 al 13,4% en octubre de 2018”. Este tipo de datos dejan poco margen para la hipótesis que señala a Rusia como un pobre país semicolonial. Más allá de los problemas que le trajo la gran crisis del 2008, los monopolios en manos del Estado tienen una enorme influencia tanto dentro como fuera de la economía del país. La explotación de las y los trabajadores migrantes, así como de las minorías nacionales oprimidas hace una de las características de los monopolios de estado rusos.

Según el mismo autor, “al igual que en otros países imperialistas, los inmigrantes en Rusia son súper explotados como mano de obra barata. Un equipo de tres profesores universitarios rusos calcula que “por regla general, el salario de los inmigrantes es aproximadamente el 70% del salario de los rusos”. Estiman la contribución de los inmigrantes a la producción de Rusia: “Basándose en el hecho de que en 2016 el PIB ascendió a 86.044 millones de rublos, 5.592,8 millones de rublos adicionales se recibieron debido al uso de mano de obra extranjera, que es el 6,5 % de Rusia. PIB total.” También citan a otros expertos que estiman la contribución de los inmigrantes en un 7,56 por ciento del PIB de Rusia.”

Respecto a la participación de las inversiones de las empresas monopolistas rusas en el extranjero, las cifras suelen ser más imprecisas producto del mecanismo de “ida y vuelta”. Con esta práctica la oligarquía capitalista local fuga sus ganancias hacia paraísos fiscales y es allí desde donde realizan movimientos de inversión hacia el extranjero -sobre todo en la “zona de influencia” de la ex URSS y los países euroasiáticos – así como hacia la economía local.


Bibliografía:

Testa, C. (2016) “Geopolítica en tiempos de Trump. Un sistema mundial de Estados ‘multipolar’ con tendencias crecientes a la inestabilidad” publicado en IzquierdaWeb https://izquierdaweb.com/geopolitica-mundial-en-tiempos-de-trump-un-sistema-mundial-de-estados-multipolar/

Pröbsting, M. (2022) “Russian imperialism and its monopolies” publicado en el sitio New Politics https://newpol.org/issue_post/russian-imperialism-and-its-monopolies/

Pröbsting, M. (2021) “The particular features of russian imperialism” Parte 2, publicado en el sitio The Comunist Net https://www-thecommunists-net.translate.goog/theory/the-peculiar-features-of-russian-imperialism/?_x_tr_sl=auto&_x_tr_tl=es&_x_tr_hl=es-419&_x_tr_pto=wapp#anker_2

Durand, C. (2005) “Les privatisations en Russie et la naissance d’un capitalisme oligarchique” publicado en el sitio HAL Open science https://hal.archives-ouvertes.fr/hal-00166897

Durand, C. (2022) “Le capitalisme russe de nouveau dans l’impasse” publicado en el sitio Le Vent Se Leve -LVSL https://lvsl.fr/le-capitalisme-russe-de-nouveau-dans-limpasse/

Dzarov, R. (2014) “¿Cómo Rusia volvió al capitalismo?” artículo publicado en el n° 253 de la revista Nueva Sociedad en www.nuso.org

Pflimlin, E (2007) «L’économie selon Vladimir Poutine: du capitalisme sauvage au capitalisme d’état” publicado en el sitio LeMonde.fr https://www.lemonde.fr/europe/article/2007/11/29/l-economie-selon-vladimir-poutine-du-capitalisme-sauvage-au-capitalisme-d-etat_979077_3214.html


[1]https://www.lemonde.fr/europe/article/2007/11/29/l-economie-selon-vladimir-poutine-du-capitalisme-sauvage-au-capitalisme-d-etat_979077_3214.html

[2] https://lvsl.fr/le-capitalisme-russe-de-nouveau-dans-limpasse/

[3] Cédric Durand. Les privatisations en Russie et la naissance d’un capitalisme oligarchique. Recherches Internationales, Association Paul Langevin, 2005

[4] https://izquierdaweb.com/rusia-un-imperialismo-en-re-construccion/

[5] https://newpol.org/issue_post/russian-imperialism-and-its-monopolies/

[6]https://www-thecommunists-net.translate.goog/theory/the-peculiar-features-of-russian-imperialism/?_x_tr_sl=auto&_x_tr_tl=es&_x_tr_hl=es-419&_x_tr_pto=wapp#anker_2

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