Putin convoca referéndums para anexar a Rusia el territorio ucraniano ocupado

Los gobiernos separatistas pro-rusos de Dónetsk y Lúgansk, así como las autoridades militares de Zaporiyia y Jersón, anunciaron en las últimas horas la convocatoria a referéndums que decidirán la anexión de esos territorios a la Federación Rusa.

0
20

Tras la retirada de las tropas rusas de Járkov, un enclave logístico fundamental para el control del Donbás, Putin decidió acelerar su estrategia antes de perder lo conquistado. Los gobiernos separatistas pro – rusos de Dónetsk y Lúgansk, así como las autoridades militares de Zaporiyia y Jersón, anunciaron en las últimas horas la convocatoria a referéndums que decidirán la anexión de esos territorios a la Federación Rusa.

Los referendos se realizarán entre el 23 y el 27 de septiembre en el Donbás. Es claro que dichas consultas carecerán de toda representatividad y de cualquier forma de legitimidad institucional. Los territorios en cuestión están ocupados militarmente por tropas extranjeras, sin ningún tipo de supervisión que no sea la de las tropas de Putin.

En Jersón y Zaporiyia ni siquiera existen «gobiernos separatistas» como los del Donbás. Dichas regiones están bajo control de autoridades militares designadas por el propio Estado Mayor ruso. Como si fuera poco, gran parte de la población de esas regiones está actualmente refugiada en el oeste del país o fuera de Ucrania.

En ese contexto, los referendos serán poco más que un trámite. El objetivo es simple: «legalizar» el control ruso sobre el Donbás y las zonas aledañas de forma preventiva. Si dichas zonas pasan a formar parte de la Federación Rusa, Putin tendrá una excusa para responder cualquier incursión ucraniana como si se tratara de una invasión al territorio ruso, declarando la guerra oficialmente y movilizando al conjunto de sus Fuerzas Armadas e, inclusive, a parte de la población civil.

La contraofensiva ucraniana

La situación militar es por estas horas la más desfavorable a Putin desde el inicio de la guerra. Hace poco más de diez días, las tropas rusas realizaron su mayor retroceso territorial desde que comenzara la invasión a Ucrania siete meses atrás. Ucrania recuperó gran parte de la región de Járkov, como la localidad de Kúpiansk, un centro ferroviario desde el que las tropas rusas proveían armamento y logística hacia toda la zona del Donbás.

El avance en Járkov estuvo acompañado por iniciativas ucranianas en otras regiones como Jersón, en el sur del país, y sobre puntos estratégicos del Donbás. El avance fue denominado «la mayor contraofensiva ucraniana» desde el inicio de la guerra.

Los últimos días fueron de malas noticias para Putin. Además de la pérdida de posiciones militares, el contexto geopolítico parece ser cada vez menos propicio para las aventuras militares. Varios aliados tomaron distancia de Putin en la última cumbre de la Organización de Cooperación de Shangái (OCS). Narendra Modi, primer ministro indio, le reprochó a su par ruso la invasión en Ucrania durante un encuentro televisado: «no es época para guerras».

Sucede que la incursión militar sobre suelo ucraniano está teniendo consecuencias globales desde principios del año. La crisis energética, la inflación y la escasez de granos golpean la economía mundial, pero especialmente aquellas que son importadoras netas de combustible. Es decir, sobre toda la periferia del planeta.

«Estado de guerra»

El cambio de orientación operado por Putin ante la avanzada ucraniana parte de la partición del territorio ocupado y se completa preparando al Estado y la economía rusa para una escalada en el conflicto.

En primer lugar, la Duma (el parlamento ruso) aprobó penas de cárcel de hasta 10 años para militares que se rindan en funciones, que abandonen su posición y para todos aquellos que «durante un periodo de ley marcial, en tiempo de guerra o en condiciones de conflicto armado u operaciones de combate» desobedezcan a sus superiores o se nieguen a participar en actividades militares.

La medida apunta a terminar con la renuencia de sectores de la oficialidad rusa que se venían negando a participar de la guerra. Renuencia posibilitada por la figura de «operación militar especial» bajo la cual Putin ordenó la invasión a Ucrania. Al mismo tiempo, el dictamen de la Duma puede configurar un primer paso hacia el «estado de movilización general«.

Por otro lado, la Duma estableció penas de hasta 8 años de cárcel para aquellos empresarios que se nieguen a firmar contratos comerciales con las Fuerzas Armadas rusas. Putin ya se había reunido con patronales del sector durante los últimos días. Luego de las reuniones declaró que espera «ampliar y modernizar» la producción armamentística. La idea es introducir elementos de «economía de guerra» en la producción. Esto podría permitirle a Putin un abastecimiento más eficiente del frente, pero también podría introducir desbarajustes e irracionalidades en la economía rusa. Las consecuencias podrían ser graves para los rusos de a pie.

Movilizar a todo el ejército ruso hacia Ucrania o, incluso, a sectores civiles bajo ley marcial, es un paso que Putin se venía cuidando de dar por su inevitable anti – popularidad. Con penas más duras a toda forma de desobediencia militar (y civil), una eventual declaración oficial del estado de guerra le permitiría a Putin movilizar fuerzas mucho mayores para garantizar el control del Donbás.

De ser así, el conflicto armado podría escalar hasta dimensiones todavía apenas imaginadas, con consecuencias catastróficas en términos humanitarios. Pero un eventual estado de movilización general podría también despertar el malestar que se viene gestando dentro de la sociedad rusa por la guerra.

Sumate a la discusión dejando un comentario:

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí