• El posible derrame de aguas tóxicas de una planta de agroquímicos cerrada podría producir una verdadera catástrofe ambiental en la Bahía de Tampa. Cientos de hogares están siendo evacuados.

Virginia Bertoldi

Una vieja planta de fosfato en Manatee, Florida, se encuentra con peligro de inundación de aguas residuales. Hace una semana se encontró una filtración en un muro de contención que con el correr de los días se agravó y llevó al gobernador Ron DeSantis a declarar estado de emergencia por el posible colapso.

Entre las sustancias se encuentran pilas de desechos de yeso fosforado, utilizados para la fabricación de fertilizantes y en la industria alimenticia. Por el momento, la medida paliativa fue intentar drenar el agua contaminada restante de la propiedad de HRK Holdings, para aliviar la presión en los muros de contención y evitar la inundación. Esto implica 125 mil metros cúbicos de agua con amoniaco, fósforo y nitrógeno, que podrían generar una “marea roja” de algas mortíferas para la vida marina. Sin embargo, el gobernador dijo que «cumple con los niveles de calidad del agua para las aguas marinas»

Esta planta se dedicó a producir fertilizantes fosforados para la agroindustria hasta el año 2001. Allí dejó dos depósitos de residuos de entre 2.600 y 3.000 millones de litros. La sustancia residual de esta producción es considerada radioactiva porque posee isótopos como el radón, también metales pesados como el arsénico, plomo y mercurio.

El sábado pasado se evacuaron viviendas y negocios en un radio de 1,6 kilómetros y se cerraron los accesos a la zona. La presidenta de la Comisión del Condado de Manatee aseguró que no hay amenaza para el lago Manatee, la principal fuente de agua potable de la zona.

La estrategia gubernamental, anunciada por Scott Hopes, el administrador interino del condado de Manatee, es vaciar el agua de los estanques que queden para taparlos, y ver más adelante cómo lo solucionan.

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