Perú: las manifestaciones masivas contra el gobierno golpista lo ponen en jaque

Las rutas siguen masivamente bloqueadas y la CGTP convoca a paro nacional para mañana. El gobierno golpista responde con represión.

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Rutas y aeropuertos fueron bloqueados en distintos puntos del país y las movilizaciones chocaron con la policía dejando un saldo de un muerto y decenas de heridos y detenidos. El gobierno moviliza a las fuerzas represivas hacia el interior pero no logra desmovilizar el país.

Las manifestaciones ya exigen abiertamente la caída del gobierno golpista de Dina Boluarte y el cierre del Congreso. 

La semana pasada, el presidente electo Pedro Castillo fue depuesto por un golpe parlamentario impulsado por la derecha fujimorista.

El mandatario del partido Perú Libre quedó aislado tras meses de una gestión que no cumplió ninguna de sus promesas y sus intentos de «cerrar el parlamento» para prevenir la destitución fueron inútiles. Su cargo fue asumido por Dina Boluarte, hasta entonces vicepresidenta, para darle una apariencia de continuidad institucional al golpe fujimorista.

Las respuestas populares no se hicieron esperar. El domingo fue el día de mayor ebullición: rutas y aeropuertos fueron bloqueados en distintos puntos del país y las movilizaciones chocaron con la policía dejando un saldo de al menos un muerto y decenas de heridos y detenidos. Se estima que el número de fallecidos podría ser mayor y los reportes periodísticos dan cuenta de una represión feroz ordenada por el gobierno golpista.

Las movilizaciones masivas han sido un elemento más en la interminable crisis políticas del país, marcada por las pugnas interburguesas y las maniobras orquestadas desde el aparato del Estado.

Las crisis institucionales y de poderes en Perú parecen no tener fin. Desde hace al menos veinte años, no ha pasado un solo gobierno estable. Todos se han visto envueltos en escándalos de corrupción o en disputas con el Parlamento. La primera minoría que es hace mucho el fujimorismo usa sistemáticamente su lugar en él para socavar todo gobierno que no sea el de la extrema derecha. Pueden hacerlo, también, porque no hay un solo presidente que no sea una decepción impopular. No hay poder del Estado que tenga legitimidad alguna.

Un golpe conservador y una crisis sin fin

En nombre de «la lucha contra la corrupción», el golpe impulsado por la derecha tiene una connotación claramente conservadora y reaccionaria, a pesar de que Castillo no dio ninguna respuesta a la situación de las mayorías populares peruanas.

Prácticamente no hay sector de la política capitalista peruana que no esté manchada por escándalos de corrupción, muchísimo menos el desastroso fujimorismo que, además de corrupto, gobernó a través del terror, cometiendo gravísimas violaciones de DD.HH.

Por eso, las acusaciones de corrupción son lanzadas a diestra y siniestra entre todos los sectores para intentar saldar las disputas de poder que no pueden solucionar mediante los canales institucionales «normales» de un país capitalista. Por lo tanto, la destitución de Castillo no tiene nada que ver con una supuesta «inhabilidad moral», sino con un intento de la extrema derecha de abrir un curso político más autoritario y reaccionario, lo que no pudo lograr a través de las elecciones.

Contra la embestida del fujimorismo, Castillo optó por una maniobra de disolución del parlamento, recurriendo a las mismas instituciones profundamente deslegitimadas para intentar frenar a la derecha.

Por supuesto, son esas instituciones a las que recurrió Castillo las mismas que conspiraron para derrocarlo, por lo que la maniobra estaba destinada al fracaso desde el minuto cero.

Muy lejos estuvo Castillo de intentar convocar a la movilización popular para frenar la avanzada fujimorista. Él mismo socavó sus posibilidades de hacerlo, toda vez que durante su gobierno continuaron las políticas neoliberales y no atendió a ninguna demanda de la clase trabajadora y sectores populares peruanos. En abril de este año habían estallado una serie de protestas contra los aumentos de combustibles, que el gobierno respondió con represión.

Sin el apoyo de la base social popular que lo llevó a la presidencia, por un lado, ni el de ninguna de las instituciones del régimen político, por otro, Castillo quedó sólo. El estado de excepción fue un último manotazo de ahogado de un presidente que, a pesar de su retórica reformista, nada cambió.

Pero eso no significa que las mayorías populares que llevaron a Castillo al poder -en gran parte en rechazo a Fujimori- apoyen su destitución, mucho menos a la extrema derecha. Se abre ahora un nuevo período en donde la derecha intentará hacer propio al nuevo gobierno de Boluarte, pero que comienza con cero legitimidad popular.

Las protestas contra el golpismo paran el país

Se reportaron movilizaciones masivas en Cajamarca, Arequipa, Tacna, Andahuaylas, Huancayo, Cusco Puno, entre otras. En Lima se congregaron varios cientos de personas en repudio al golpe y exigiendo la liberación de Castillo, que enfrenta cargos por entre 10 y 20 años de prisión.

La situación parece ser especialmente tensa en el interior del país. En Huancabamba, departamento de Apurímac, se dio el (hasta el momento) único fallecimiento por la represión. Se trata de un joven comunero que habría recibido una bala perdida durante la represión.

En Andahuaylas las protestas del domingo dejaron 20 heridos: 16 de ellos civiles y 4 policías. Este lunes los choques recomenzaron. Pero tal parece que los gases lacrimógenos no alcanzaron para desmovilizar a la población. Este lunes la Policía Nacional declaró el envío de 150 efectivos desde la capital para «restablecer el orden en Andahuaylas». Desde el sábado permanecía cerrado el aeropuerto local y hace pocas horas fueron liberados 2 policías que eran retenidos como rehenes por los manifestantes.

Las organizaciones populares de Apurímac se declararon en estado de «insurgencia popular» y convocaron una huelga por tiempo indefinido a partir del lunes. El gobierno de la región suspendió todas las actividades administrativas y los servicios públicos (excepto la atención de salud) debido a la irrupción de las protestas.

Las empresas de viajes de media distancia debieron suspender sus recorridos desde Lima y Arequipa (la capital y la segunda ciudad del país) hacia el sur del país (donde se encuentran las principales zonas turísticas) por los cortes de ruta.

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