• Quinto día de protestas masivas en Perú. Se ha desatado una verdadera rebelión popular contra el régimen tras el nombramiento de Manuel Merino y la destitución de Martín Vizcarra por el congreso. Una crisis política que se profundiza con la irrupción de las masas en las calles.

Facundo Oque

Por quinto día consecutivo, masivas movilizaciones cuestionan la legitimidad del gobierno de Merino. Miles de personas protestan frente a los edificios del poder y denuncian la ilegitimidad del congreso, el poder ejecutivo y todo el régimen político Peruano.

Las movilizaciones han profundizado la crisis política, fracturando el apoyo parlamentario al gobierno, generando que sectores que en principio apoyaron la toma de mando de Merino anunciaron que no darán la confianza al gabinete que preside el conservador Ántero Flores-Aráoz.

Tras una votación del congreso, Manuel Merino asumió la presidencia destituyendo a Martín Vizcarra, pero esto no es nuevo en Perú, es el sexto presidente consecutivo que no logra terminar su mandato. Vizcarra llegó a la presidencia tras la salida del expresidente Pedro Pablo Kuczynski (arrestado por lavado de activos), gobierno para el cual fungió como vicepresidente.

Manuel Merino, empresario ganadero del partido Acción Popular, fue el encargado de preparar la destitución, ya que antes de que el Parlamento tramitará la moción de la “vacana” (en setiembre) se contactó con altos cargos militares para “preparar el proceso” y fue uno de los impulsores de un anterior intento por destituir a Vizcarra. Toda una demostración de matonismo y un posible intento de conciliar con las fuerzas armadas.

Asumió luego de que 105 de los 130 legisladores destituyeron a Vizcarra tras las denuncias por sobornos y corrupción que datan de cuando fue gobernador de la región Moquegua. La acusación del congreso contra el expresidente señala que recibió 630.000 USD por dos obras públicas. Una investigación fiscal que recoge delaciones de ejecutivos de constructoras que buscan reducir sus posibles sentencias es el respaldo para la acusación, aunque la investigación todavía sigue su curso.

Estas consecutivas crisis políticas son el reflejo de una lucha por el botín entre los de arriba, en el contexto de un régimen político profundamente inestable y antidemocrático donde la corrupción desborda por todos sus poros. Una situación que ha colmado el límite de la paciencia popular y estallado en movilizaciones masivas contra el régimen.

En las calles, las movilizaciones mostraron un enérgico repudio a las maniobras antidemocráticas por arriba, estallando en fuertes movilizaciones que ya llevan 5 días consecutivos y que amenazan con dejar sin apoyo al nuevo gobierno.

A pesar de la dura represión por parte de la policía, en cinco días las movilizaciones no han menguado. Las consignas no se refieren solo a la crítica al nuevo gobierno, hay un cuestionamiento al régimen político, exigiendo una reforma en la constitución. Algo que recuerda a la rebelión popular chilena.

Los manifestantes agitan banderas nacionales gigantescas, y levantan carteles que dicen: “Este presidente no me representa” o “Congreso usurpador”. Enfrentan y denuncian a los infiltrados de la policía. Han popularizado el Hashtag #MerinoNoEsMiPresidente para difundir videos e imágenes en vivo de las protestas.

La noche del lunes, una fuerte movilización apoyó masivamente a un joven detenido por darle un golpe en la cara al legislador Ricardo Burga del partido Acción Popular, uno de los promotores de la destitución. Los días siguientes se sucedieron las manifestaciones masivas cada vez más numerosas.

 

La burguesía peruana, con su corrupción estructural, descarada y sistemática, está atravesando una crisis política que se agrava con la puja por el poder entre los de arriba. Esta crisis podría estar pasando a otro nivel con la irrupción de las masas en la escena pública mediante el repudio a todo el sistema político.

En las calles se vive un verdadero clima de rebelión popular que tiende a cuestionar no solo la legitimidad del nuevo gobierno o del congreso, sino de todas las instituciones pseudo democráticas del sistema. No parece que el gobierno de Merino la tenga fácil para contener las protestas, un paso en falso en la represión podría desatar aún mayor radicalización, como ha pasado en otros países.

La movilización de masas tiene que imponer el llamado a una asamblea constituyente que plantee la refundación del país sobre nuevas bases, en defensa de los derechos democráticos de los trabajadores y la juventud del Perú.

DEJAR UN COMENTARIO

Ingresar comentario
Ingrese su nombre