• El desempleo es juvenil y con rostro de mujer

Por Víctor Artavia Quirós

A finales de enero se presentó el informe anual del Panorama Laboral elaborado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el cual arrojó datos alarmantes sobre el desempleo en la región latinoamericana.

La tasa general de desempleo se situó en 8,1 % en 2019, lo cual se traduce en 25 millones de personas desocupadas en Latinoamérica. Pero los datos son más dramáticos cuando se analiza el caso de la juventud y las mujeres, los grupos más afectados.

Por ejemplo, la tasa de desempleo juvenil alcanzó su punto más alto de los últimos veinte años, pues llegó al 19,8%. De esta manera, uno de cada cinco jóvenes entre los 15 y 24 años no encuentra trabajo, mientras que los restantes cuatro consiguen empleos precarizados e informales, donde predominan los bajos salarios y la ausencia de derechos laborales mínimos. El país con la tasa de desempleo juvenil más elevada es Costa Rica con el 31,1%.

En el caso de las mujeres, el desempleo regional es del 10,2% (en contraste la de hombres es de 7,3%). Los países con mayor desocupación femenina son Santa Lucía (más de 18 %), Costa Rica (15 %) y Brasil y Colombia (14 %).

Estos datos denotan que el desempleo es juvenil y con rostro de mujer. Por esto no sorprende que en las rebeliones populares en curso y las movilizaciones de la región, las calles y plazas estén copadas por jóvenes y mujeres, las cuales se plantan contra las condiciones del capitalismo latinoamericano que, además de la opresión cultural y la falta de acceso a la educación y salud públicas, también es incapaz de garantizar el derecho más elemental que tiene toda persona: el derecho a trabajar para garantizar sus condiciones de vida y realización como ser humano.

 

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