• Ma’khia Bryant, una joven afroamericana de apenas 16 años de Ohio (EEUU), llamó a la policía porque estaba siendo agredida en su casa. La policía llegó a su casa y la asesinó de cuatro tiros… a ella, quien los llamó.

Redacción

Los hechos fueron apenas horas antes de que se supiera que el asesino de George Floyd había sido encontrado culpable. Pero los triunfos, incluso históricos como ese, contra el racismo sistémico parecen ser un trabajo de Sófocles: cada vez que se termina hay que comenzar de nuevo.

 

Es evidente para todo el que quiera ver que el problema está profundamente arraigado en las raíces del capitalismo y el régimen político de Estados Unidos.

Ma’khia Bryant tenía 16 años.

Tenía 16 años, nada más que 16 años. Fue asesinada a metros de su casa luego de llamar a la policía buscando ayuda frente a una agresión.

La versión de la policía de Columbus es que tenía un cuchillo en la mano en medio de una pelea. Según testigos, ella ya lo había tirado antes de que se realizaran los cuatro disparos que acabaron con su vida. Pero incluso aunque no lo hubiera tirado: cuatro disparos no son jamás para inmovilizar a alguien. Cuatro disparos son para matar. 

Además, el policía ni siquiera le exigió que arrojara el cuchillo, simplemente disparó. Así se pudo ver en el video que circula ya en redes sociales en el que se puede ver lo sucedido desde el punto de vista del policía asesino.

Bryant murió horas después en el Mount Carmel East. Tenía apenas 16 años y era una niña pobre, que se encontraba bajo los cuidados del Servicio para Niños del Condado de Franklin. Esa agencia fue la que hizo público el nombre de la adolescente asesinada.

Las manifestaciones en Ohio en la noche de ayer.

Las movilizaciones del movimiento Black Lives Matter ocuparon las calles de la ciudad durante la noche, la misma en que otras ciudades festejaban el anuncio de la condena a Derek Chauvin.

El grito de la manifestación, que encaró a los policías en la puerta misma de una comisaría: «Say her name!», «¡Digan su nombre!»

La cabecera de la movilización llevaba también consignas de cuestionamiento a todo el podrido sistema racista estadounidense: «¡Todo el maldito sistema es culpable!»

«Todo el maldito sistema es culpable».

Los voceros del racismo y la extrema derecha intentaron rápidamente usar el argumento del cuchillo para justificar el asesinato de una niña de 16 años que (de nuevo, es ridículo tener que recordarle esto a nadie) fue quien los llamó.

Pero no fue necesario ningún cuchillo para que justifiquen también el artero asesinato de George Floyd, ni el de Daunte Wright, ni ningún otro. Simplemente ven a un criminal allí donde haya un negro del otro lado de la punta de una pistola policial.

En redes sociales se le hizo notas a esos «argumentos» que el trato policial hacia personajes de extrema derecha armados con bastante más que un cuchillo es bastante diferente. Un caso paradigmático es el de Kyle Rittenhouse, un racista que apareció en una de las movilizaciones del año pasado con un arma de asalto y asesinó a dos negros al que la policía trató… respetuosamente.

Él está vivo. La niña de 16 años que no mató a nadie está muerta.

Mientras tanto, los demócratas ayer trataban de mostrar que con la condena a Derek Chauvin había que dar vuelta la página. Cínicamente, tratan de que la gente vuelva a sus casas mientras el sistema que ahora ellos encabezan sigue matando personas de color.

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