• Un panorama desolador que parece de ciencia ficción. El capitalismo norteamericano, baluarte de la primer potencia del mundo, quedó expuesto ante los ojos del mundo. 

Por Corresponsal

La pantalla grande y chica nos ha acostumbrado a las imágenes de situaciones catastróficas situadas en las principales ciudades norteamericanas. Series como The Walking Dead ya nos anticiparon ciudades desiertas, desesperación, aislamiento. A pesar de todo, el impacto de ver el centro del mundo reducido a foco del espanto no deja de conmocionar hasta a los más incrédulos.

Lo que se vivió en un principio con excepticismo entre la población norteamericana ahora produce respeto y precaución. No es para menos, el estado de Nueva York ha registrado en las últimas 24 horas su mayor número de muertos, según dijo el gobernador Andrew Cuomo.

Las calles están desiertas. Si se observa desde los balcones situados a los costados de la quinta avenida se verá el tiempo prolongado que puede pasar antes de tener ante los ojos un transeúnte o un automóvil.

Broadway está muerta. Los teatros, restaurantes y cafés están cerrados. La gran manzana, que suele ser el punto de confluencia ciudadana, está completamente desierta.

El gobierno de Trump no decretó una cuarentena total. Se permite la libre circulación para hacer compras y actividad física, respetando el distanciamiento social de dos metros. La ciudad completa, con sus 8 millones y medio de habitantes, es completamente irreconocible.

El avance de la pandemia

En el estado de Nueva York hay ya más de 130 mil casos de enfermos por coronavirus. De ellos, 72 mil son en la ciudad de NY. Hay al menos 4700 fallecidos. Estados Unidos es, actualmente, el país con más afectados por el Covid-19, con más de 11.000 muertos.

Ante la falta de lugar en las morgues, el gobierno adquirió camiones frigoríficos. Los trailers se instalaron en los alrededores de los hospitales.

En escenas similares a las que se vivieron en Italia, la lucha cotidiana en los hospitales implica una templanza sobrehumana para los trabajadores de la salud. Aunque la situación todavía no se desmadró del todo, los hospitales muestran desborde.

Los enfermeros y médicos denuncian por las redes su situación y piden ayuda en videos y estados de Instagram. Hay médicos fallecidos y muchos contagiados.

En las universidades, se montaron centros donde se realizan los testeos a los ciudadanos.

En el puerto de Manhattan, se encuentra anclado el USNS Comfort, un gigantesco barco hospitalario con capacidad para 12.000 pacientes. Desde el atentado del 11 de septiembre el barco no anclaba en las costas neoyorkinas.

En distintos puntos de la ciudad, se han montado hospitales de campaña, organizados por distintas ONG’s nacionales e internacionales. Diversos hoteles están trabajando para acondicionarse y recibir pacientes. Según estimaciones, el estado de Nueva York necesita incrementar sus 53 mil camas a un total de 140 mil para fin de abril si se quiere evitar la saturación total de los hospitales.

El Bronx, la zona obrera más pobre de la ciudad, es el sitio donde se observa mayor movimiento. Es que muchos trabajadores precarizados no pueden darse el lujo de dejar de salir a trabajar.

A pesar de todo, todavía no se ha alcanzado el pico de contagios, que se estima en cuatro semanas.

El capitalismo norteamericano, baluarte de la primer potencia del mundo, quedó expuesto ante los ojos del mundo. La catástrofe sanitaria y humanitaria producida por el coronavirus hace más necesaria que nunca una alternativa a este sistema de explotación y miseria, en el cual ni siquiera está garantizada la vida y la salud de la población en el mismísimo centro nervioso del sistema.

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