• Crecen las tensiones en la frontera entre Ucrania y Rusia, mientras la situación interna ucraniana es crecientemente inestable.

Claudio Testa

Todo hace pensar que el 2021 será no sólo el año de la pandemia de coronavirus, sino también el de un posible recomienzo de la guerra civil en Ucrania, alentada desde lejos por EEUU y, del otro lado con intervención directa o indirecta de Rusia.

Efectivamente, las tensiones fronterizas entre ambos estados vuelven a calentarse. Durante las últimas semanas se han sucedido incidentes en las líneas que separan a los ejércitos que responden al gobierno “oficial” ucraniano (sito en la antigua capital, la ciudad de Kiev), de las milicias de los “oblast” (distritos) del Este gobernadas por las fuerzas pro rusas (que son allí mayoría).

Esta división, no es meramente política ni comenzó la semana pasada. Tiene largas raíces históricas, que se han ido manifestando de diversa manera.

Durante la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, se expresó sangrientamente. En las regiones más occidentales de Ucrania fueron bastante fuertes los sectores de extrema derecha, lo que se corporizó, por ejemplo, en la formación de una división de voluntarios ucranianos que lucharon junto a los ejércitos nazi-fascistas.

Por el contrario, principalmente en la mitad oriental de Ucrania, se desarrolló un poderoso movimiento guerrillero que los golpeó duramente. Los ocupantes nazifascistas la pasaron muy mal en esas regiones.

Tras la disolución de la Unión Soviética el 26 de diciembre de 1991 Ucrania emergió como un Estado independiente. Pero en verdad mantenía estrechos lazos especialmente con Rusia. Y no es menos importante recordar que esto también se remonta a siglos de historia. Esos lazos iban desde la gran industria hasta los ámbitos culturales y hasta el idioma. En el Oeste se habla ucraniano. Al Este se habla ruso. Pero ambos idiomas son muy parecidos y tienen raíces comunes.

Esto es bastante lógico, visto los estrechos y milenarios lazos históricos entre la llamada “Primera Rusia” (florecida alrededor de Kiev entre los siglos X y XII) y la “segunda Rusia” (la actual, con sede en Moscú).

Pero estos lazos no han dejado de ser muchas veces contradictorios. Y quizás lo más importante es que las actuales contradicciones no se dan en el “vacío” sino bajo las “ondas magnéticas” de diversos enfrentamientos y tensiones que tienen que ver con choques geopolíticos a nivel mundial.

Una de ellas han sido y son las diversas maniobras y operativos del imperialismo yanqui, directamente y/o a través de sus socios europeos, la gran mayoría aún enrolados en la OTAN. También bajo la tutela de Moscú, otros líderes y corrientes han estado operando.

La principal consecuencia ha sido la fragmentación de hecho de Ucrania en prácticamente dos estados, que en forma intermitente, se hacen la guerra. Aunque hay matices entre ambos lados, se han decantado dos bandos.

Los oblasts de la región oriental del país; es decir los situados entre el río Dniéper y Rusia, son en general partidarios de una estrecha alianza con Rusia.

En contraste, en las regiones situadas entre el Dniéper y las fronteras europeas, se inclinan por Occidente.

Como es obvio el primer agrupamiento está ligado y protegido por Moscú, y el otro apoyado por Estados Unidos y gobiernos de la Unión Europea.

¿Derrota y ahora vuelta a la guerra?

Este conflicto desembocó finalmente hace aproximadamente dos años en una “mini guerra” en la que los cuerpos militares formados y apoyados por los combatientes y pobladores de los oblast dieron terribles palizas a los prooccidentales dirigidos desde Kiev. Así, muchos soldados del gobierno de Kiev que eran enviados al frente para “luchar contra el comunismo” y “en defensa de Occidente”, terminaban desertando y huyendo a la primera oportunidad…

Como señalamos, el mapa estatal de Ucrania, aunque dividido en óblasts, ha sido tradicionalmente centralista, con el gobierno nacional asentado en la capital, Kiev, ubicada casi en el medio del mapa de Ucrania, a orillas del río Dnieper.

A la derecha de ese río, se extiende un vasto territorio hasta las fronteras con Rusia. La gran mayoría de los oblats que lo componen se oponen a cualquier ruptura con Rusia. La gran mayoría de esa región es, diríamos, “pro-rusa”. Ha sido además, históricamente, la gran región obrera-industrial de Ucrania.

Esos sectores, están hoy bajo la obediencia a Putin. Difícilmente podrían girar hacia un apoyo a Occidente y a sus agentes que gobiernan en el resto de Ucrania desde Kiev.

Negociaciones sin resultados

Desde el gobierno de Kiev se han iniciado varias veces negociaciones. Pero, por lo regular quedan finalmente en suspenso… con ciertas ganancias para los prorusos.

Además, ha habido problemas en las propias filas de EEUU y Occidente. La Era Trump no fue favorable para meterse en aventuras guerreras en territorios occidentales despreciados y subestimados por su gobierno. Trump elucubraba negocios muy diferentes que el de arriesgadas guerras en regiones ignotas.

Recordemos que Trump soñaba con hacer grandes acuerdos y negocios con Putin. No deseaba declararle indirectamente una mini guerra en sus propias fronteras.

Pero, el gran problema nuevamente es si estaría en marcha alguna provocación a Rusia alentada desde la misma Ucrania por sectores paramilitares de ultraderecha, que operan abiertamente con financiación de EEUU y tolerancia del gobierno de Kiev.

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