• A tres años de la insurrección popular de abril 2018, las mujeres nicaragüenses exiliadas en Costa Rica no podemos regresar a nuestro país por las graves amenazas a nuestras vidas por parte de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Iris Barrera, Coordinación RED DE MUJERES PINOLERAS

A tres años de la insurrección popular de abril 2018, las mujeres nicaragüenses exiliadas en Costa Rica no podemos regresar a nuestro país por las graves amenazas a nuestras vidas por parte de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo, sufrimos a mayor grado la pandemia del COVID, en un país donde la asistencia médica es imposible para una persona migrante que no cuenta con los recursos para pagar este derecho, sobrevivir en tierras desconocidas es una obligación y peor aún sufrimos la persecución política a nuestras familias en Nicaragua.

La pandemia del COVID19 ha dejado en evidencia las múltiples desigualdades sociales por las cuales atravesamos las mujeres y las nicaragüenses aún más.

Algunas que teníamos un empleo formal fuimos despedidas o suspendidas sin goce de salario ni derecho a prestaciones laborales debido al alto grado de explotación laboral. La mayoría de mujeres en este país somos las que ocupamos cargos en áreas de servicios, empleadas domésticas, cocineras etc., el gobierno de Costa Rica no mostró un grano de empatía por las mujeres trabajadoras, no buscó medidas concretas para que las mujeres preserváramos nuestros empleos, en ese momento nos mandaron a QUEDARNOS EN CASA, nosotras no tenemos vivienda, ni familia que nos apoye, por lo que esta medida es irracional y totalmente inhumana.

No hay oportunidades laborales, hay familias que sufren hambre, hay mujeres que tienen tres años de no poder hacerse una revisión ginecológica porque es extremadamente caro, los medicamentos son prácticamente inaccesibles por los altos costos y la xenofobia es el pan de cada día, la mayoría de los procesos para acceder a derechos básicos como educación, salud, trabajo digno, vivienda digna, etc. siempre son procesos lentos, demasiados burocráticos, violentos y en muchas ocasiones nulos.

Poder insertarnos en el sistema educativo es un anhelo también de muchas jóvenes estudiantes que fueron expulsadas de las universidades públicas de Nicaragua solo por participar en las protestas en contra del gobierno, y debido a las diversas necesidades económicas aún no podemos avanzar debido a las legalidades y la burocracia, estamos también obligadas a elegir entre estudiar o comer.

Entre retos y anhelos poco a poco nos hemos venido reinventando, con nuestros cuerpos acá y nuestra mente en Nicaragua, las mujeres exiliadas dentro de tanto dolor sabemos encontrar, aunque sea un mínimo de esperanzas gracias al impulso de nuestros sueños.

Desde el mes de agosto del año 2020 la Red de Mujeres Pinoleras en Costa Rica venimos realizando mes a mes ferias y trueques para vender e intercambiar diversos productos, de esta manera sobrevivimos e impulsamos la fuerza de un montón de mujeres valientes, la mayoría de ellas madres solteras, sin empleo, sin apoyo familiar, que debido a la pandemia y a la falta de oportunidades laborales hemos decidido organizarnos juntas. El camino no ha sido fácil, porque somos una organización que no recibe apoyo económico de ningún ente gubernamental o no gubernamental. Nos movemos gracias a nuestras propias gestiones y a personas muy cercanas que nos prestan mesas, sillas, toldos etc. para llevar a cabo las ferias.

Los retos son seguir organizadas y seguir demandando el reconocimiento y cumplimiento de los derechos de las mujeres y de la niñez migrante.

Sabemos que la organización de las mujeres es nuestra única salida.

¡La vida de las mujeres migrantes también importa!

¡Las mujeres exiliadas en Costa Rica existimos porque resistimos!

¡Viva Nicaragua Libre!

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