MRT: una escuela de cobardía política

Una polémica con la Fracción Trotskista.

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Las elecciones en Brasil se celebraron el 30 de octubre, en las cuales Lula ganó con el 50,9% de los votos válidos, frente al 49,1% de Bolsonaro. Esta estrecha diferencia ilustra la polarización política que atraviesa el país, principalmente por la ofensiva de Bolsonaro para cerrar el régimen con medidas institucionales y extra-institucionales; un peligro directo contra los derechos democráticos básicos de la clase trabajadora y de todos los sectores explotados y oprimidos (como se puede ver al cierre de esta edición con los piquetes bolsonaristas en las rutas en todo Brasil).

Por eso mismo, fueron una prueba para todas las organizaciones de la izquierda revolucionaria; pusieron sobre la mesa las herramientas estratégicas y tácticas para enfrentar el peligro de la ultraderecha bolsonarista y las presiones del “frenteamplismo” promovido por el PT (es decir, para sostener una política revolucionaria independiente).

En este artículo debatiremos con el Movimiento Revolucionario de los Trabajadores (MRT, grupo hermano del PTS en Argentina y parte de la Fracción Trotskista), particularmente por su sectarismo frente a los procesos de unidad de acción y su política ridícula de «voto nulo avergonzado» (clandestino) durante la campaña electoral, que reflejan la marginalidad política de esta organización y su incapacidad de dialogar con la realidad concreta.

La cobardía del voto avergonzado

¿Cuál fue la política del MRT para la segunda vuelta de las elecciones? El planeta entero estuvo atento al proceso electoral en Brasil, pero al buscar en las redes de Esquerda Diario es llamativo que no haya una sola publicación donde exponga claramente su política frente a este proceso. La razón es muy simple: ¡el MRT tuvo una política de voto nulo frente a la elección de Lula y Bolsonaro!

Esto ya es un gran error en la coyuntura actual pero, aún peor, fue un voto nulo avergonzado, porque el MRT no hizo explícita su política por miedo al repudio público. Una escuela de cobardía irresponsabilidad política que no tiene relación alguna con las lecciones y la tradición militante heredada por el marxismo revolucionario.

Como no hay ningún texto donde los compañeros y compañeras del MRT expliquen su posición electoral, intentaremos reconstruirla a partir de artículos anteriores donde abundan las frases ambiguas sobre el proceso electoral.

En Fascismo ou bonapartismo? Lições de Trótski para pensar o Brasil, caracterizan que Bolsonaro tiene «verdaderos rasgos fascistas», pero denuncian que hubo una «operación para crear la dualidad ‘fascismo vs democracia’» y, así, canalizar el rechazo de la extrema derecha a través de las urnas hacia la candidatura Lula-Alckmin. Sin embargo, ¿que tiene que ver que haya una operación para canalizar reformistamente el repudio al peligro que es Bolsonaro? El reformismo siempre hace operaciones de este tipo, pero la política revolucionaria parte siempre de los elementos más objetivos, de las necesidades objetivas, y barrer a Bolsonaro es una necesidad objetiva la que, claro está, tenemos que intentar resolver de manera independiente.

Para el MRT, de manera descabellada, las corrientes de izquierda que llamaron a votar por Lula se adhirieron a este operativo disolviéndose en el frenteamplismo. Pero esto es ridículo, porque las corrientes que se disolvieron en el frente amplismo fueron las que ingresaron al Frente Lula-Alckmin (como la abrumadora mayoría del PSOL).

Sin embargo, se podía llamar a votar contra Bolsonaro críticamente por Lula sin entrar en ningún frente popular, sin sumarnos al operativo dictadura versus democracia como hizo nuestra corriente y, de esa manera, contribuir de manera independiente a la derrota electoral de Bolsonaro, que no es lo que hizo el MRT.

Se quedaron afuera de la pelea por barrer a Bolsonaro haciendo una política clandestina no solamente sectaria y equivocada sino para colmo ridícula, el invento de un llamamiento al voto que si fue clandestino es porque no podía convencer a nadie y sólo desprestigiarlos ante su huida de un combate real que hoy sigue en las calles contra los piquetes golpistas.

Ciertamente, el caso de la Resistencia y el MES –dos corrientes trotskistas de Brasil que provienen del morenismo- fue muy diferente, ya que no sólo votaron acríticamente al PT, sino que capitularon al unirse al frente amplio Lula-Alkmin como parte del PSOL. En segundo lugar, efectivamente no es posible derrotar completamente al fascismo a través de las urnas, pues eso sólo es posible por medio de la lucha de clases. Pero eso para nada quita la palanca importantísima –¡como se está demostrando en tiempo real!-que ha significado la derrota electoral de Bolsonaro el domingo 30 de octubre, una palanca que debemos intentar aprovechar ahora para barrer del todo a la lacra neofascista, lógicamente que enfrentándonos, a la vez, al llamado a la pasividad de Lula y el PT.

El MRT con su “táctica” vergonzante y clandestina quedó por fuera de cualquier parámetro político real al desistir de la pelea en las urnas contra Bolsonaro. Y, para colmo, lo hizo de manera vergonzosa, simplemente porque su orientación política fue un desastre de cabo a rabo: la política que no se puede expresar, que no se puede llevar a la vanguardia y las masas es porque tiene algo que está errado y, en este caso, ¡profundamente errado y cobarde!

Lógicamente, con los resultados puestos el MRT tenía que intentar encubrir inmediatamente el ridículo. En un comunicado tras la votación, caracterizan la derrota de Bolsonaro como «un gran revés para las fuerzas reaccionarias del país y los militares» (ver Bolsonaro derrotado nas urnas). En otro artículo, destacan que comparten «el sentimiento de odio contra Bolsonaro de todos los trabajadores y jóvenes que hoy han rechazado a la extrema derecha, y se alegran de la derrota electoral de Bolsonaro» (ver Um Lula ainda mais «ao centro» pela redenção da direita tradicional).Entonces, ¿por qué no llamaron para votar en su contra? ¿Por qué se lavaron las manos vergonzosamente del «gran revés» que causó alegría en las masas brasileñas y que sigue peleándose hoy en las calles de Brasil?

La política del MRT fue de un sectarismo ridículo y cobarde de principio a fin. Llamó a “la preparación independiente” de las bases obreras, estudiantiles y de los movimientos sociales para enfrentar los ataques del gobierno y la derecha (una táctica correcta), pero quedó puramente abstracta porque no dijo nada sobre el peligro que representaba una eventual victoria electoral de Bolsonaro. Lógicamente, no pudieron hacerlo porque su llamado era a la abstención y para colmo un llamado vergonzante, “clandestino”, sin el coraje de defenderlo públicamente.

Por el contrario, el MRT optó por escribir artículos con frases ambiguas para ocultar su postura abstencionista. Por ejemplo, el domingo pasado -el mismo día de las elecciones- publicaron una nota donde decían que están «al lado de todos los que quieren con su voto rechazar a Bolsonaro, pero hacemos un fuerte llamado a preparar la lucha para enfrentar lo que nos espera después de estas elecciones». (Ver Socialismo ou barbárie em tempos de bolsonarismo).

Pero si estaban “al lado de todos los que quieren con su voto rechazar a Bolsonaro”, no se entiende porqué no llamaron al voto crítico a Lula, porque se abstuvieron de dicha pelea que tiene hoy continuidad en las calles para que se respete el mandato popular.

En fin: el MRT como parte de la corriente del PTS argentino tiene la posición equivocada de que el voto es de principios. Pero esto no es así: lo que es de principios es que una organización revolucionaria no puede integrarse nunca a un frente de conciliación de clases. El voto, como tal, no compromete a nada y, por lo demás, uno puede ejercerlo críticamente desde el programa propio sin ceder nada en ello.

El rechazo a las tácticas de frente único y unidad de acción

Frente a la enorme presión para la conciliación de clases en torno a la candidatura de Lula-Alckmin, es de enorme valor que algunas organizaciones no capitularan a la conciliación de clases en torno a la candidatura de Lula-Alckmin. Desde Socialismo o Barbarie (SoB) dimos esa batalla dentro del PSOL y, cuando se aprobó la incorporación al frente amplio -sumado a la Federación con el partido con REDE-fuimos la única corriente que rompió con ese partido,defendiendo la independencia de clase e impulsando la unidad de acción en las calles para combatir las amenazas golpistas de la ultraderecha bolsonarista.

El MRT tampoco formó parte de la capitulación ante el “frenteamplismo”. Sin embargo, la situación actual exigía –y exige- mucho más que eso, ya que es necesario combinar la independencia de clase con el clásico arsenal táctico del marxismo revolucionario para derrotar al neofascismo. Es decir: promover la unidad de acción en las calles con todas las fuerzas anti/bolsonaristas y, además, establecer -o luchar por establecer- frentes únicos de la izquierda socialista e independiente.

En este sentido, el MRT demostró una total incomprensión de los retos que impone la coyuntura. Por ejemplo, en un artículo reciente que ya citamos (Fascismo ou bonapartismo? Lições de Trótski para pensar o Brasil), el columnista del MRT recurrió a los textos de Trotsky sobre la lucha contra el fascismo en los años treinta; pero, de forma llamativa, confunde el frente único obrero con la unidad de acción. Para no dejar dudas, veamos dos fragmentos del texto en cuestión:

«La lucha contra el fascismo sólo puede librarse a través de la lucha de clases, con una política hegemónica de la clase obrera, independiente de todas las fracciones de la burguesía. En otras palabras, a la luz de la teoría marxista, la lucha contra el fascismo pasa por la unificación del conjunto de los trabajadores en el terreno de la acción contra el conjunto de la burguesía, en alianza con las mujeres, los negros, los jóvenes y los pueblos oprimidos. Se trata del terreno de la política de frente único obrero, elaborada por la dirección de Lenin y Trotsky en la Internacional Comunista».

Y más adelante:

«El frente único obrero, la unidad de acción que organiza a los trabajadores por objetivos prácticos en la lucha de clases contra todos los ataques de la burguesía (incluida la llamada «democrática»), es la política correcta para enfrentar a la extrema derecha (y al fascismo).»

Estas citas son cualquier cosa, de todo menos la posición de Trotsky. Primero, se confunde unidad de acción con frente único, que son dos tácticas diferentes. La unidad en la acción por puntos delimitados, como enseñaba Trotsky, se hace “hasta con el diablo y su abuela”. Por otra parte, la táctica del frente único como táctica ya más elevada y permanente, efectivamente, se hace entre fuerzas de la clase obrera.

Sin embargo, las citas están mal no solamente por esta confusión elemental sino, además, porque en los años 1930 las fuerzas de la socialdemocracia le habían sacado las castañas del fuego no una vez, sino varias, a la burguesía. Es verdad que el frente único al que llamaba Trotsky a la misma se hacía en la consideración de que seguía siendo un partido obrero reformista y no burgués.

Pero en esta misma categoría podría entrar el PT sin Alckmin, al que nosotros consideramos, en todo caso, burgués-obrero y no obrero-burgués, pero dadas sus características de correa de transmisión de la burguesía en el movimiento obrero, la lógica mecánica que expresa la nota de “clase contra clase” para la acción en las calles es ridícula y más parecida a la del estalinismo del tercer período que a la de Trotsky.

¿Cuál sería el problema si lográramos arrastrar a las calles al PT a luchar contra Bolsonaro? El problema es que no tenemos envergadura para arrastrar a las calles a estos traidores profesionales, pero eso es otra cosa.

Por las enseñas de la experiencia histórica, las corrientes marxistas revolucionarias no conformamos frentes únicos con sectores burgueses, porque el resultado de ello siempre fue el sometimiento de las reivindicaciones obreras a un programa burgués, operación que terminó en derrotas históricas, como ocurrió en la Guerra Civil española (1936-1939) o en la Revolución china (1925-1927).

Pero esto no impide acuerdos puntuales de acción con sectores burgueses sobre reivindicaciones concretas, como ocurrió en muchas luchas democráticas contra las dictaduras en América Latina y otras regiones del mundo (por ejemplo, en Brasil, los trotskistas fueron parte de la campaña por Direitas Já! en los años ochenta, en la que participaron sectores burgueses opuestos al régimen militar).

En realidad, el MRT esboza de manera abstracta la correcta estrategia de independencia de clase rehuyendo los combates concretos como son el voto crítico a Lula contra Bolsonaro el domingo pasado, o la unidad de acción en las calles con todo el mundo para barrer a la lacra neofascista y, por lo demás, también está en contra de conformar frentes únicos incluso con las organizaciones reformistas de la clase obrera, llegándose así a una orientación que no es bolchevique sino bordiguista (sectaria hasta el ridículo).

Los compañeros y compañeras también cometen otro error. Se creen que todo el mundo es idiota y que no se sabe que la bandera del antifascismo puede ser utilizada de dos maneras distintas. Una, la capituladora, que esconde la unidad política con la burguesía y sus corrientes. Dos, levantar la bandera del antifascismo de manera revolucionaria e independiente por nuestras corrientes para no regalar las banderas democráticas a aquellos que, por lo demás, le capitulan porque sólo se mueven en el terreno institucional como el PT, y no en las calles como es la política revolucionaria.

Por esta razón, tiene otro «punto ciego», porque a priori cierra la posibilidad de acuerdos tácticos para acciones en la calle con sectores burgueses opuestos al fascismo o a la ultraderecha, aunque se desarrolle sin mezclar nuestras banderas o ejes programáticos (diferente a lo que ocurre en los marcos del frente amplio articulado en torno a un programa burgués). Según esta lógica, las corrientes marxistas revolucionarias no podrían aprovechar a su favor las grietas de la burguesía.

Las consecuencias de esta orientación quedaron claras en los últimos meses, cuando bajo el lema «sin la derecha», el MRT desapareció de varias movilizaciones progresistas de la vanguardia estudiantil contra el bolsonarismo. Por ejemplo, no participaron en la protesta por el «Día del Estudiante» el 11 de agosto, donde miles de estudiantes se manifestaron contra el golpe en diferentes ciudades del país (y ningún sector burgués estuvo a la cabeza de la movilización); tampoco participaron en la marcha del 10 de septiembre en la Avenida Paulista, alegando que era una actividad «electoral» del PT, aunque fue una jornada contra la ultraderecha y con la presencia de muchos sectores independientes del lulismo (que tampoco encabezó la movilización).[1]

Además, el MRT no promovió la construcción de un frente único de la izquierda radical e independiente. Esta fue nuestra propuesta al movimiento estudiantil en la USP, donde insistimos en la conformación de un comité de lucha unificado de la izquierda independiente para organizar la lucha contra las amenazas golpistas de Bolsonaro durante las elecciones, pero, por parte de «Faísca» -nombre de la juventud del MRT-, no hubo apoyo a nuestro llamado ni hicieron ninguna propuesta propia en este sentido.

Conclusión

El MRT demostró no estar a la altura de los retos que impone la lucha de clases. Frente a la polarización abierta por la ofensiva de la ultraderecha de Bolsonaro y los peligros que esto representa para la clase trabajadora y los sectores explotados y oprimidos, esta organización tuvo una política electoral ridícula, abstencionista, vergonzante, porque fue incapaz de entender la importancia táctica de llamar a votar críticamente a Lula; es decir, sin perder la independencia política y de clase, subrayando el carácter burgués de la candidatura en acuerdo con Alckmin y posicionándose desde el principio como oposición de izquierda anticapitalista ante un eventual gobierno suyo.

Además, es una vergüenza de dimensiones internacionales que el MRT -y el PTS-FT en consecuencia- no tuviese el valor de presentar públicamente su política abstencionista y, por el contrario, lo hiciera de forma «clandestina» o «secreta». Esto no tiene relación con el legado del marxismo revolucionario, ya que una de sus premisas es luchar por la conciencia de los explotados y oprimidos en todos los escenarios de la lucha política.

Así, el MRT confirmó sus rasgos de agrupación marginal y el aislamiento que tiene ante la vanguardia. Es una política vergonzosa que desmoraliza a su base militante, como se puso de manifiesto en una carta de los militantes que rompieron progresivamente con el MRT por el sectarismo de la organización, acusándola de diálogo egocéntrico y poco constructivo hacia los trabajadores y trabajadoras:

«El MRT aprobó una posición de abstención y voto nulo en la 2ª vuelta, un ‘voto nulo avergonzado’, que la organización no declara y oculta a la clase trabajadora, defendiendo el voto nulo ‘en voz baja’, sólo para los ‘iniciados’, más cercanos al MRT.” (ver Carta de ex-militantes do MRT — Pelo voto crítico em Lula).

Desde SoB a lo largo de este proceso electoral afrontamos diferentes pruebas y, a diferencia del MRT, nunca ocultamos nuestra política. En primer lugar, luchamos contra la capitulación del PSOL ante el frente amplio de Lula-Alckmin, por lo que nos separamos de ese partido cuando decidió ingresar en masa al frente amplio popular. Luego, formamos parte del Polo Revolucionario Socialista, en el que impulsamos la Bancada Anticapitalista en la primera vuelta. Por último, no dudamos en pedir un voto crítico para Lula en el ballotaje, sin dejar de lado nuestras críticas a su programa conservador y burgués (ver As ruas serão fator decisivo para o segundo turno), sin dejar de presentar nuestro programa independiente.

Y, finalmente, estamos ahora llamando a las calles para barrer a los piquetes golpistas, cosa que el PT se niega a hacer.

Se trata de dos orientaciones, dos políticas y dos tácticas opuestas que la vanguardia dirá cuál es superior para contribuir a la reorganización-refundación de la izquierda revolucionaria en Brasil que se impone.

 


[1]En el caso del PTS en Argentina, no participó en la movilización de masas contra el ataque de ultraderecha a Cristina Kirchner, argumentando que era una marcha de “unidad nacional” cuando la oposición más o menos que se salía de la vaina para festejar el atentado… Así, la principal organización de la Fracción Trotskista se quedó en casa, mientras decenas de miles de personas marchaban contra un ataque fascista. ¡Esta es la escuela estúpida y sectaria del MRT!

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