Meloni, o el regreso del fascismo en Italia

¡Urgencia antifascista!

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Nota de Socialisme Ou Barbarie Francia, parte de Izquierda Web internacional. 

Un gobierno peligroso

El último 25 de septiembre, el partido de extrema derecha y filiación neo-fascista “Fratelli d´Italia” obtuvo una victoria en las elecciones legislativas, con un puntaje histórico de 26%, elevando a su presidenta Giorgia Meloni a la cabeza del Estado. Esta última se demoró casi un mes para presentar su gobierno, recién el 22 de octubre. Un gobierno que contiene, sin que sorprenda a nadie, un montón de fanáticos nostálgicos del fascismo italiano y sus “aciertos”, y de hombres de negocios neoliberales. Un gobierno con doble cara: el de una “Italia de viejos”, de una gerontocracia donde la juventud no tiene voz alguna, pero también el de una Italia profundamente machista y misógina, con solamente 6 ministras mujeres entre 22.

No hacemos más que recordar que Meloni representa un peligro real: se reivindicó históricamente defensora de Mussolini y del Movimiento Social Italiano, partido neofascista que surgió en la Italia de posguerra reivindicando al líder fascista, y que se mantuvo hasta los años 1990, llevando adelante reformas draconianas contra todos los oprimidos: las mujeres (es en Italia el caballito de batalla contra el aborto legal), las personas LGBT+, los inmigrantes y los trabajadores.

Uno de sus dos primeros ministros es Matteo Salvini, presidente de la Lega, otro partido de extrema derecha, que ya ha ocupado el puesto con Di Maio, del “Movimiento 5 Estrellas”, de 2018 a 2019. Un movimiento que está formado casi exclusivamente de partidos de derecha en coalición, que han llevado a Meloni al poder. Entre ellos están su propio partido, Fratelli d´Italia, la Lega y Forza Italia -el otro partido de derecha en Italia, cuyo presidente, el empresario Silvio Berlusconi, antiguo jefe de gobierno en los años 2000, es conocido por su relación cercada con sectores de la mafia, y que ha marcado al país con su política neoliberal extrema. Mejor amigo de los Bush, Putin, Blair y Chirac, de todos aquellos por los cuales hoy sufrimos hasta hoy las consecuencias en el plano económico, social, ecológico.

Ese neoliberalismo, como dijimos, sigue presente en el seno de este gobierno, sobretodo a través de la presencia de Giancarlo Giorgetti, ministro de Economía y de Finanzas, ya presente en los gobiernos de Conte y Draghi. Este último es un equivalente de Macron en Italia, y cuya renuncia el verano pasado adelantó las elecciones de septiembre.

En resumen, Meloni ha contaminado todas las instituciones, poniendo a la cabeza del Senado a Ignazio La Russa, del partido Fratellid´Italia, antiguo militante neofascista y anticomunista, y a la cabeza de la Cámara de Diputados de Italia, a Lorenzo Fontana de la Lega, católico tradicionalista anti aborto.

La derecha a nivel europeo

Las reacciones internacionales no se hicieron esperar, y llegaron las felicitaciones a Meloni y su nuevo gobierno, sobre todo en el seno de la Unión Europea. De hecho, la primera en saludarla fue Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea desde 2019, figura clave de la derecha alemana de los demócratas cristianos, anti aborto y neoliberal, antigua ministra de Angela Merkel. Ella fue la primera en saludarla a través de Twitter, resaltando el hecho de que Meloni es la primera mujer en ocupar su puesto en Italia, dándole la bienvenida en virtud de una “cooperación constructiva”.

Evidentemente, el género de Meloni no impide que sea un verdadero peligro por las mujeres, ni implica que vaya a llevar la voz de las reivindicaciones feministas – ¡y no lo hará!

Por otro lado, este gesto constata la derechización que se viene procesando hace años en las instituciones europeas, donde cada país de la Unión Europea se encuentra gobernada por nacionalistas y neofascistas. Es el caso de Viktor Orbán, primer ministro húngaro desde ya 12 largos años. Un personaje profundamente nacionalista y tradicionalista, que el 22 de octubre saludó al nuevo gobierno italiano con este tweet: “Es un gran día para la derecha europea”.

La elección de Meloni es un peligro en toda escala: para todos los explotados y oprimidos en Italia, pero también para todos los que viven en la Unión Europea. Su llegada al poder es un síntoma del giro a la extrema derecha en Europa que se viene dando en los últimos años.

El movimiento feminista: una respuesta antifascista a Meloni

La elección, sin embargo, no dejó a todo el mundo en la pasividad. Desde el día siguiente a los resultados, una ola de manifestaciones tuvo lugar en las diferentes ciudades a lo largo del país. Las atravesaba un frase en común: “Fuera Meloni. ¡No al fascismo!”, que viene de la lucha feminista, amenazada directamente por la presencia de Meloni en el poder.

Se trató en su mayoría de movilizaciones antifascistas y feministas, en defensa del aborto legal y por los derechos LGBT, que desfilaron por las calles italianas mostrando la angustia y la negativa de toda una franja de la población de aceptar el resultado electoral. No fueron, lamentablemente, lo suficientemente grandes para constituir un fenómeno real de protesta nacional, ni suficientemente coordinadas para dar la impresión de cohesión en la protesta.

Pero no hay que bajar los brazos: la respuesta en las calles existe, está ahí, pero debe organizarse para mostrar su descontento. ¡Y es saliendo a las calles, poniendo en pie huelgas y tomas en los lugares de estudio, que esta lucha contra el estado neofascista puede hacerse valer!

La juventud, o la espina en el zapato del Estado Italiano

En efecto, como dijimos, este nuevo régimen es también enemigo de la juventud. La elección no ha hecho más que intensificar la frustración de estudiantes y universitarios frente a un Estado gerontocrático, que va a resolver los problemas de la juventud. Al contrario, existe en Italia un sistema de pasantías, la alternancia entre escuela y trabajo, obligatoria para todos los estudiantes del liceo para obtener su título. Se trata de adolescentes, menores de edad, enviados por un período de tiempo variable a algún lugar de trabajo, para supuestamente “tomarle gusto” al trabajo.

Sin sorpresas, los accidentes son comunes, y desde enero, son tres los jóvenes que han fallecido en los lugares de trabajo, uno de los cuales tenía solamente 16 años. En los tres casos, se trató de accidentes de trabajo: uno falleció en un accidente de autos camino al trabajo, los otros dos fueron heridos mientras manipulaban objetos peligrosos de gran tamaño.

Esta situación dice mucho sobre las condiciones de trabajo de los obreros italianos, sobre todo en la construcción, a las que fueron expuestos los niños con el pretexto de una meritocracia educativa asesina, sin ningún interés para el aprendizaje.

Desde febrero, son miles los estudiantes que han tomado las escuelas en casi todas las ciudades italianas. Incluso si esos eventos han pasado casi desapercibidos en Francia, los enfrentamientos directos contra las fuerzas “del orden” y los estudiantes duraron casi dos meses, en el curso de los cuales se formaron múltiples comités estudiantiles, encargados del buen desarrollo de las tomas, de la organización de asambleas generales, debates y movilizaciones.

En una atmósfera explosiva a lo largo del país, se pudo constatar la solidaridad entre estudiantes en lucha y obreros en huelga, que los han apoyado, regalándonos una vaga nostalgia de Mayo del 68… Pero el problema sigue siendo el mismo: el movimiento logró reunir una gran cantidad de estudiantes, sensibles o no a las cuestiones políticas, pero le faltó una entidad de fondo, tal como un partido o un sindicato estudiantil, capaz de coordinar las movilizaciones y ganar una convergencia en las luchas.

El potencial de la juventud en Italia es, sin embargo, una realidad. Son numerosos los estudiantes que se organizan y participan en las luchas y movilizaciones, como las antifascistas o del movimiento ecológico, los “Fridays for Future”, que se destacaron en todo el mundo con una juventud angustiada e inquieta por su futuro, puesto en peligro por la globalización y el consumismo, taras del capitalismo. El Estado y Meloni son conscientes de este peligro potencial de la juventud, e hicieron de todo para apagarlo, hasta enviar las fuerzas represivas a las escuelas, como en febrero y marzo, o agentes de la policía que reprimieron violentamente a los estudiantes en lucha, sin preocuparse por dejar heridos.

Problemas y perspectivas

Finalmente, la elección de Meloni no ha sido una gran sorpresa si consideramos la Italia de cerca: un país profundamente católico, con los valores de la familia, la patria sólidamente incrustados y rigiendo la sociedad. Frente a esto, la izquierda es (casi) inexistente: un partido comunista débil, sin aliento después de la posguerra, una centroizquierda reformista, el «Partito democratico», equivalente del PS francés, y ninguna alternativa internacionalista, trotskista ni comunista digna de ese nombre, que pueda presentarse a elecciones.

Con todo, bien vale esta alternativa, necesaria para que una real movilización antifascista vea el día, con una perspectiva anticapitalista e independiente. Esta deberá apoyarse sobre los pilares ya existentes, y sobre la espera de días mejores, la juventud, el feminismo y el movimiento obrero. En una palabra, los únicos posibles frenos para esta nauseabunda escalada del neofascismo y la extrema derecha.

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