Masacre en Perú: 18 muertos por la represión en sólo un día de protestas

El gobierno golpista de Boluarte no tiene otra legitimidad que la violencia desnuda. Hay al menos 48 muertos en las protestas desde la asunción de un gobierno no electo por nadie.

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Las protestas en el sur de Perú volvieron a estallar y el gobierno de Boluarte respondió con una brutal represión. Las fuerzas de seguridad asesinaron a 18 personas solamente este lunes, y hay centenares de heridos.

Mientras Castillo continúa detenido, el sur de Perú estalla contra el gobierno represor de Dina Boluarte. Ya son 46 las víctimas fatales de la represión desde que el congreso destituyó a Castillo en un golpe parlamentario impulsado por la ultraderecha.

A pesar de que en un principio las movilizaciones arreciaban todo el país, y fueron menguando tras la respuesta represiva del gobierno, en la zona sur del país andino la situación volvió a estallar.

No es casualidad, debido a que en esa región se concentra el mayor porcentaje de población indígena, e históricamente ha sido opositor a las élites limeñas. Además, se trata de una región abandonada por el Estado. Allí Castillo concentró un gran porcentaje de votos.

Las movilizaciones exigen la renuncia de Boluarte, la realización de elecciones inmediatas y la liberación de Castillo.

Tras la masacre perpetrada por las fuerzas represivas bajo órdenes del gobierno, la presidenta redobló la apuesta haciendo declaraciones prepotentes contra los manifestantes: “Salen en protesta de qué, no se entiende qué están pidiendo (…) Lo que ustedes están pidiendo es pretexto para seguir generando el caos”. El gobierno declaró nuevamente el estado de emergencia en la región, tal como lo había hecho tras la destitución de Castillo.

De hecho, el salvaje operativo represivo contra el pueblo indígena ha promovido que la fiscalía general de Perú anuncie que se está investigando a Boluarte por su responsabilidad en 28 de las 46 muertes producidas en las protestas.

Según resalta Hernán Chaparro, sociólogo peruano consultado por la BBC, en referencia a estas zonas sureñas del país, «mientras en Lima se reprochaba a Castillo la mala gestión y la sombra de la corrupción, en estas regiones el reproche era que no había convocado una asamblea constituyente ni cumplido otras promesas radicales que hizo en la campaña electoral».

Es decir que el apoyo a Castillo en estas protestas expresa más bien un programa que el propio Castillo, en realidad, no motorizó. Fueron en parte estas promesas incumplidas, y que Castillo no se apoyase en la movilización popular, le permitieron a la derecha fujimorista avanzar a través de una maniobra parlamentaria.

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