• El gobierno se encuentra fuertemente golpeado por los años de masivas luchas contra sus planes de ajuste, la crisis de la pandemia y su rotundo fracaso electoral.

Por Redacción 

La derrota electoral, que vio al partido de gobierno perder en todas las grandes ciudades junto a un abstención récord del 60%, fue la frutilla del postre. Antes, se había visto fuertemente cuestionado por las movilizaciones de trabajadores de la salud, las marchas antirracistas, el golpe de la crisis de la pandemia y su gestión de ella.

Este combo de golpes y debilidad no podía pasar sin una crisis ministerial. Para reubicarse y tratar de encarar una nueva etapa política, Macron busca ahora hacer borrón y cuenta nueva con sus funcionarios más cercanos. Philippe será reemplazado por Jean Castex, funcionario de larga historia que expresa que Macron se afirma en una orientación de derecha. Phillipe, por su parte, se retira de su puesto luego de ganar las elecciones municipales (contra la tendencia de todo su partido).

Se estima que la desocupación llegará a fines de este año al 10% y seguirá subiendo hasta casi el 12% hacia mediados del año que viene. La economía se encuentra muy golpeada luego de la crisis de la pandemia y, con un gobierno ya muy cuestionado antes, esta realidad no puede sino poner en duda su propia continuidad.

En declaraciones sobre las renuncias, Macron dijo estar en busca de «un nuevo camino» económico. Pero aunque no haya dado muchos más detalles que esa ambigüedad dicha para salir al paso, a priori poca credibilidad tendrá todo nuevo «plan» .

El primer gran golpe a su gobierno fue el ascenso de la lucha de los Chalecos amarillos a fines de 2018. El primer paso de ajuste fue allí ya plenamente cuestionado. Intentando descargar los aumentos de precios de los combustibles sobre amplias franjas populares, sólo logró desatar un movimiento que superó ampliamente esa primera reivindicación. Hoy, los «gilets jaunes» siguen siendo un actor político activo en las calles de Francia.

Luego, aunque aplacada por las burocracias sindicales de las diversas centrales, estuvo la larga huelga contra la reforma previsional a fines del año pasado. En diciembre del año pasado, los ferroviarios y otras franjas estatales de trabajadores se lanzaron a una huelga que conmocionó el país durante un largo mes. Aunque las burocracias negociaron y la reforma contra las jubilaciones fue aprobada antidemocráticamente por decreto a través de la «49,3», el golpe ya estaba dado.

La crisis de la pandemia vio al gobierno débil respondiendo tarde y mal, descargando sus consecuencias económicas sobre los de abajo. La respuesta: movilizaciones sistemáticas de trabajadores de la salud que vienen reclamando hace semanas por el estado de los hospitales públicos en las calles de las principales ciudades del país.

La rebelión antirracista en Estados Unidos tuvo su réplica en las calles francesas con miles y miles de inmigrantes y personas de color reclamando por la regularización de su situación en el país con la consigna «papeles para todos» y por justicia por Adama Traoré, joven muerto en manos de la policía.

Sumando todo esto a los escándalos entre su gente de confianza, como la participación ilegal de su guardia personal en la represión a manifestantes, la crisis gubernamental era una cuestión de tiempo.

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