Por Antonio Soler

Estamos ante una pandemia provocada directamente por la irracionalidad capitalista que pone en riesgo a la humanidad como un todo, pero que tendrá repercusiones catastróficas sobre las regiones más empobrecidas del planeta, sobre las clases trabajadores, sobre los ancianos, las mujeres, los negros y las juventudes de todo el orbe, si no hay una reacción a escala global a la altura del actual acontecimiento. De esta forma, como todas las anteriores crisis de magnitudes planetarias, la actual también muestra un enorme potencial de transformación social.

La pandemia como resultado de la producción capitalista

La pandemia del nuevo coronavirus es producto directo del capitalismo globalizado del siglo XXI. Este fenómeno planetario es resultado de la irracionalidad capitalista, no es un accidente “natural” que no había sido previsto o que era inevitable. Se trata de una epidemia viral mundial que fue causada por el avance irracional de las actividades humanas sobre los medios naturales.

Virus ancestrales, presentes en varias especies, son transmitidos a los seres humanos de forma zoonótica (por el contacto con especies animales) debido a la penetración capitalista en busca de la acumulación privada en los ecosistemas sin una planificación que pudiese medir los riesgos reales de esa interacción.

La pandemia del nuevo coronavirus es un desdoblamiento reciente del metabolismo social dominado por el capital – mediación entre la humanidad y la naturaleza, que está marcada por la alienación de la humanidad en el trabajo, del hombre con el hombre y del hombre con la naturaleza (MARX) – lo que hizo emerger una fuerza destructiva enteramente nueva.

Ese complejo proceso de alienación, y las fuerzas destructivas que surgen de allí, es estructural al capitalismo y a las sociedades pos-capitalistas (burocráticas), como la soviética a partir de la stalinización y las que se formaron después de la segunda guerra mundial. De ahí no surge nada de nuevo. Pero, de manera superpuesta al metabolismo social del capitalismo que estructuralmente ya producía terribles contradicciones debido a su modus operandi inherentemente destructivo preexistente, la irracionalidad de este sistema erigió una forma de reproducción de la sociedad y de la naturaleza que puede pasar a estar marcado por las enfermedades en el planeta como condición también estructural.

Así, el capitalismo creo de forma planetaria una reacción metabólica destructiva inédita, causando un evento que coloca en riesgo de muerte, en la forma de una onda epidémica mundial, a parte significativa de la población, y que ya tiene repercusiones indelebles sobre la forma de existencia de la humanidad. Por eso, esta pandemia inaugura una época histórica distinta – que pone enormes riesgos y posibilidades – a las vividas anteriormente y sobre la cual es necesario intervenir a partir de la perspectiva de los trabajadores y de los oprimidos.

Los gobiernos burgueses no pueden evitar la catástrofe

Para medir el impacto de la pandemia, los modelos matemáticos están siendo desarrollados por varios institutos de investigación por el mundo. Pero estos modelos no pueden expresar definitivamente la evolución de la pandemia, pues se trata de un virus sobre el cual se tiene poco conocimiento acerca de su evolución y también, porque su desarrollo depende de factores sociales y políticos.

En tanto, a pesar de que las proyecciones son aún muy aproximativas, ya señalan una onda de contagio mundial catastrófica. Datos estadísticos del Imperial College de Londres afirman que, en ausencia de intervenciones, el COVID-19 resultaría en 40 millones de muertes en todo el mundo este año, sólo en Brasil se podría llegar a 2 millones de muertos. Pero, como siempre, la realidad es más compleja que los esquemas mentales – matemáticos inclusive –, principalmente cuando se trata de una evolución que dependen de numerosos factores sociopolíticos pre-existentes y de la lucha de clases.

La pandemia, para ir al punto, es un fenómeno que tiene como causa directa la lógica más íntima de la producción capitalista, marcada por la búsqueda constante de lucro y por la competencia entre empresas privadas y los gobiernos que las representan, aún en medio de la catástrofe, lo que impide al propio capitalismo llevar adelante un combate eficiente ante el avance de la pandemia desde una perspectiva humanista consecuente.

Es exactamente a lo que estamos asistiendo cuando los EUA prohíben la exportación de máquinas, equipamientos e insumos esenciales en el combate del coronavirus a Europa y América Latina, en tanto se apropia de embarcos de esos productos que son para otros países. Pero esas no son prácticas exclusivas del gobierno estadunidense, es apenas la expresión de la lógica de la competencia que opera en todas partes del mundo. Ese y otros hechos demuestran que los gobiernos capitalistas de cualquier orden no pueden combatir de forma eficiente la propagación del virus y de su letalidad en parte alguna del mundo y particularmente en las regiones más empobrecidas.

Los gobiernos negacionistas – con Bolsonaro liderándolos vergonzosamente – están al servicio de las demandas del capital y de la acumulación de ganancias, sin mediación de la racionalidad técnica. Estos gobiernos aplican sin precedentes la lógica del darwinismo social (naturalización de que los sectores más pobres, enfermos y viejos mueran por «supervivencia del más apto») en relación a la pandemia. Pero aún los gobiernos que aparentan cierta racionalidad, como Macron y otros, operan dentro de la misma lógica capitalista de la explotación del trabajo, de la competencia y de la acumulación de ganancias.

Por eso, la contención efectiva del potencial destructivo de la pandemia sobre las masas del planeta, de la misma forma que en acontecimientos históricos anteriores como las grandes guerras mundiales, sólo puede ocurrir a partir de una perspectiva anticapitalista, o sea, marcada por la planificación, colaboración y democracia desde abajo, que tenga como centro la satisfacción de las necesidades de la mayoría y no la acumulación individual de riqueza.

La clase trabajadora y los oprimidos deben entrar en escena

Entramos en una coyuntura mundial difícil debido al impacto de la pandemia, pero la incapacidad de la clase dominante y de sus gobiernos en cada país y el mundo para contener esta crisis y sus catastróficos efectos se revela diariamente. Lo que abre, por un lado, la necesidad de presentar globalmente salidas anticapitalistas, la posibilidad de que esas salidas tengan un auditorio mayor y de que sectores de la clase trabajadora asuman como suya la lógica de un programa anticapitalista.

Estamos en un momento difícil de la pandemia – la industria capitalista aún no se volcó a la producción de insumos básicos, como la producción masiva de tests, para combatir la pandemia – la coyuntura impone el aislamiento de parte significativa de la población, lo cual evidentemente dificulta las movilizaciones en las calles. Sin embargo, otra gran parte de la población es obligada a salir cotidianamente de casa y muchas formas de movilización son posibles, obviamente guardando los debidos cuidados. Además de eso, tenemos, en muchos países, movimientos de masas, principalmente capitaneados por la juventud, previamente radicalizados, que ahora entran en reflujo por el impacto de la pandemia. Con todo, aún están lejos de estar derrotados y guardan grandes reservas de combatividad que luego podrán ponerse nuevamente en marcha.

Es necesario poner de pie un proceso de luchas unificado de los explotados y oprimidos contra los gobiernos negacionistas y de los gobiernos más “racionales-capitalistas”, que están imponiendo salidas autoritarias que son tan destructivas como la propia epidemia, así como un programa de los trabajadores para enfrentar esta crisis. Es evidente que hoy estamos ante la necesidad de construir la resistencia a los ataques que ocurren en cada país, región, ciudad, etc., pero es necesario apuntar hacia salidas políticas internacionales ante la pandemia que crece cada día.

No nos corresponde en este momento formular una propuesta concreta o modelo acabado de campaña internacional, pues eso depende de una elaboración entre las corrientes políticas que actúan de forma dispersa en países o regiones del mundo. Entretanto, creemos que podemos aprovechar el auditorio mundial ampliado por la crisis para presentar un programa anticapitalista de emergencia.

En ese sentido, es fundamental que la izquierda socialista avance en la construcción de espacios de colaboración, con conferencias virtuales internacionales y manifiestos digitales, en campañas comunes independientes de los patrones y de la burocracia, en apoyo a los movimientos que enfrentan el autoritarismo de los gobiernos en varias partes del mundo, y en apoyo a las luchas de sectores clave en este momento, como los de la producción de equipamientos e insumos para el combate de la pandemia, de los trabajadores de la salud, de los de telemarketing y otros-.

Para combatir efectivamente a la pandemia, es condición indispensable tomar medidas anticapitalistas/socialistas: ¡trabajadores del mundo, unámonos!


[1] Roberto Sáenz. El capitalismo como sistema de irresponsabilidad ilimitada

[2] Karl Marx. Manuscritos económico-filosóficos en Escritos de Juventud. Editorial Antídoto.

Traducción del portugués por Luz Licht

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