• En el comunicado difundido, la preocupación que trasmiten a todos los afectados por el COVID-19 es rápidamente suplantada por un pedido para reabrir las actividades productivas.

Por Martín Mandeb

La semana pasada, la Fundación Internacional para la Libertad (FIL) lanzó un comunicado para sentar una posición política internacional ante la pandemia desde la perspectiva de la derecha más «ortodoxa» que existe en el mundo. Sin sorprender a nadie, el enfoque del comunicado no estuvo centrado en pensar medidas sanitarias y sociales para reducir los casos de contagios, mucho menos para pensar cómo desarrollar herramientas económicas para que los de abajo sufran lo menos posible la entrante crisis mundial. Una vez más, estos figurones de la derecha mundial se contentaron con su libreto habitual -incluso en una crisis inédita para el mundo-, se dedicaron a hablar del autoritarismo del populismo, y de su preocupación por el cercenamiento de las libertades económicas (burguesas).

Y viendo quienes son los personajes que se atrevieron a poner su nombre en ese escueto documento, era evidente que no nos iban a sorprender ni un poco. En la olvidable lista de firmantes del texto fervientemente neoliberal se encuentran encabezando los nombres del mundialmente conocido autor y gorila peruano, Mario Vargas Llosa; el ex presidente de España por el PP, Jose Maria Aznar; el endeudador y ex presidente de Argentina Mauricio Macri; el ex presidente colombiano Alvaro Uribe, que en el ejercicio de la presidencia se convirtió en poco menos que un asesino en masa, la Represora de jubilados y responsable del asesinato de Santiago Maldonado, la inefable Patricia Bullrich; el coordinador de voluntad popular en Venezuela -fuerza política que intento organizar un golpe de estado contra maduro- Leopoldo Lopez (Padre) entre otros tantos empresarios y políticos de calaña tan horrible como los mencionados.

Lo que sí sorprende de este comunicado, y no se puede dejar de remarcar, es su capacidad para lograr contener tanta hipocresía en tan pocas líneas, en tan escuetos párrafos. La preocupación y condolencias que trasmiten a todos los afectados por el COVID-19 (en dos oraciones) es rápidamente suplantada por un pedido para reabrir las actividades productivas. Hasta la OMS -insospechada de ser socialista- sostiene la necesidad de mantener la cuarentena para aplanar la curva de contagios. ¡Y a estos sujetos, que en el párrafo anterior le enviaban su pésame a los familiares de los fallecidos, exigen que se levante la cuarentena para relanzar la producción! Una absoluta locura y una demostración de que estos derechistas pueden decir cualquier cosa sin que se les caiga la cara de vergüenza.

Es claro que, sin tener las mismas formas que las nuevas caras de la derecha que hoy representan los agrupamientos políticos encabezados por figuras como Trump y Bolsonaro, esta derecha ortodoxa propone las mismas medidas y resoluciones político-económicas para que se desarrollen en todos los países del globo, priorizando los bolsillos y las ganancias capitalistas por encima de las necesidades de la población mundial.De eso se trata su «libertad», la de «los mercados».

Ya sabiendo que en los próximos años se afrontara la crisis económica más grave de los últimos 50 años, la derecha clásica presenta nuevos escritos con la vieja receta que pretende imponer los peores costes de las crisis a los de abajo, y si esto se traduce en debilitamiento de los trabajadores o incluso en su muerte, a estos empresarios poco les importa: Hay que dedicarse a producir, y priorizar la libertad económica burguesa de explotar. Si de todas formas siempre existirán nueva mano de obra que ellos pueden emplear para seguir produciendo. «El tiempo es oro» dicen estos burgueses, y reclaman que no se pierda un segundo más en consideraciones sanitarias o morales que impidan la explotación de material humano reemplazable.

Párrafo aparte merece la fijazon de estos sectores con lo que llaman «dictaduras» como lo serían Venezuela, Cuba y Nicaragua, por un lado; y con los países populistas como lo serían Argentina, España y México, por el otro. Los sirvientes del imperialismo no pierden su tiempo y se dedican a atacar a los principales objetivos geopolíticos del país del norte, a la vez que llevan adelante las discusiones por sus rencillas nacionales. Sería centralmente el autoritarismo el gran pecado que cometerían estos países en sus formas de llevar adelante el enfrentamiento con el virus surgido en Wuhan, y la gran preocupación de este agrupamiento internacional de gorilas pertenecientes a distintos zoológicos. No sorprende la acusación de autoritarismo, aunque si se destaque su capacidad de olvidar sus propios antecedentes, por parte de hombres y mujeres -pero en su mayoría hombres, la derecha nuevamente renuncia a sorprendernos- que alentaron el golpe y la intervención militar yanqui en Venezuela; que alentaron y defendieron el golpe de Jeanine Añez y Camacho en Bolivia; que se callaron la boca ante la represión y violaciones de DDHH realizadas por Sebastián Piñera en la rebelión chilena; que cuando gobernaron utilizaron su mandato para aumentar el armamento de las fuerzas represivas del estado, entre tantas otras fechorías autoritarias que cometieron en su vida política los firmantes del documento. Pero como ese autoritarismo brutal sería «republicano» y no estaría tan «ideologizado» entonces no es tan malo.

Sin defender políticamente a los gobiernos que estos lamentables personajes critican, es evidente que sus ataques al «autoritarismo» y la defensa de las libertades individuales no tiene otro objeto que subrayar la necesidad de no suspender la explotación para llevar adelante una cuarentena, ni tomar ninguna medida que pueda servir para cuidar la vida de los de abajo, al mismo tiempo que siguen operando para los intereses profanos del imperialismo estadounidense. A este discurso de derecha, más serio que los desarrollados por los agrupamientos negacionistas y anti-vacunas, a su hipocresía y su método engañoso de declarar preocupación para aclarar que se centra en las necesidades de los cierres trimestrales de sus negocios, es necesario ponerle un discurso de izquierda que defienda con uñas y dientes el ataque a los bolsillos de los grandes propietarios para salvar las vidas de los de abajo; que oponga medidas anticapitalistas a estas medidas neoliberales que este comunicado nos propone.

Ya ha comenzado a pelearse en el mundo la disputa para ver quien será los que pagarán la crisis mundial del COVID-19. Es necesario tomar este comunicado como un recuerdo de que no debemos dormirnos en los laureles, como un recuerdo de que tenemos que prepararnos para que estos preocupados hombres de negocios no nos conduzcan a la total catástrofe sanitaria, como pasaría si se priorizará su libertad para explotarnos por encima de nuestra salubridad y condiciones sanitarias. Defender una propuesta de izquierda, apoyada en los datos de la ciencia, es la única manera en que podremos evitar al colapso que propuestas como la de Vargas Llosa y Macri nos pueden y quieren llevar.

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