• El relevo generacional en la dirección de la burocracia de la isla es para darle continuidad a la política de lenta restauración capitalista parcial y ordenada.

Laui Roja

El pasado viernes, Raúl Castro, en la apertura del VIII Congreso del Partido Comunista de Cuba, confirmó que abandonará la presidencia del partido y la dejará al mando de quien es el presidente de Cuba actualmente, Miguel Díaz Canel.

Este recambio viene de la mano de una orientación que se está llevando en la isla luego del Congreso del PCC realizado en el año 2011. Allí, votaron un documento que implicaba un compromiso de la burocracia gobernante para la vuelta al capitalismo sin perder el control político. Intentan así seguir el «modelo» de China-Vietnam.

Este proceso tuvo sus idas y venidas, pero tuvo ya varios «hitos»: A raíz de esta nueva orientación se abrió la negociación con Obama, se aprobó una nueva Constitución (promulgada en 2019) y se votó el ascenso de Miguel Diaz Canel, el primer presidente cubano que no vivió el proceso revolucionario del 59 ́. Esto no significa que el proceso estuviese exento de contradicciones. La elección que llevó al poder a Trump vino acompañada de nuevos ataques contra la isla, que hicieron más lento el proceso de restauración «acordada».

En términos económicos la política del castrismo también se vio modificada por el giro de la década pasada: Avanzó el «cuentapropismo» (como salida a capas sociales en crisis) y el ingreso del dólar a la isla se consumó (lo que que desestabiliza al mercado interno y complica la vida cotidiana de los trabajadores cubanos). La nueva Constitución institucionalizó estos cambios económicos: En sus páginas se incluyeron agregados que abrían las puertas al desarrollo de la propiedad privada, al reconocimiento del papel del mercado y a la incentivación para las inversiones de corporaciones extranjeras.

En este marco viene a darse la renuncia de Raúl, que tiene motivaciones «biológicas» (tiene ya 89 años) pero también políticas. Simboliza una ruptura con aquella «revolución heroica» en Sierra Maestra que había comenzado con la «gesta del Moncada», en la cual se habían condecorado las figuras del Che Guevara, Frank Pais, Fidel Castro y el propio Raúl.

Como para dejar claro el giro, el ahora ex presidente del PCC dio su discurso con un guiño a Joe Biden, presidente de EEUU. Pregonó un «diálogo respetuoso» y «edificar un nuevo tipo de relaciones con los EEUU», proyectando a la burocracia castrista como posible de operadora de las más profundas reformas restauracionistas; burocracia que ya no contará  con las figuras más importantes que habían vivido la revolución de 1959 y que, por ello,  contaban con enorme legitimidad ante toda la población cubana.

Paradójicamente esto se da en una fecha muy sensible para la historia del pueblo cubano. El 17 de abril de 1961 fueron derrotadas las tropas de EEUU en territorio cubano. El evento de la Playa Giron marcó a fuego el rumbo que iba a llevar el Estado Cubano desde ese momento. El evento significó un antes y un después: luego de derrotar a EEUU, Fidel Castro proclamaba el carácter «socialista» de la Revolución.

La renuncia de Raúl Castro viene a ubicarse como la cristalización del proceso abierto en 2011. La nueva generación que toma las riendas es parte de la burocracia castrista que no vivió ningún proceso más que la vida inercial y de roscas burocráticas al interior del partido comunista cubano.

Probablemente se vivirán nuevos y lastimosos capítulo en la vida política de la isla, que implicarán una creciente pérdida de independencia respecto a Estados Unidos y la administración Biden, que propone una transición al capitalismo de por etapas -tal como lo quería Obama.  Es momento que sean los propios trabajadores, y no la burocracia castrista, los que decidan los caminos que tiene que llevar la isla.

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