• En los últimos días a través del Observatorio de Palabras de su sitio web, la Real Academia Española (RAE) incorporó el pronombre en lenguaje inclusivo “elle” al observatorio de palabras, como parte de las palabras que generan “dudas” y son de uso corriente, esto podría significar que se incorpore en un futuro a su diccionario y ya generó gran revuelo.

Gala Chilavert

Este término es definido por el Observatorio como «un recurso creado y promovido en determinados ámbitos para aludir a quienes puedan no sentirse identificados con ninguno de los dos géneros tradicionalmente existentes. Su uso no está generalizado ni asentado».

El criterio «lingüístico» de la RAE ha sido motivo de constante controversia por su rechazo categórico en varias oportunidades al lenguaje inclusivo, cuyo surgimiento reciente y desarrollo se produjo al calor de los espacios de organización del movimiento feminista de mujeres y LGBT. Según la RAE «el masculino gramatical ya cumple esa función» en tanto término no marcado por la oposición de género. En su momento, el director de la institución con sede en Madrid creada en 1713 bajo el reinado de Felipe V, dijo que «tenemos una lengua hermosa y precisa» entonces, «no se justifica estropearla con el lenguaje inclusivo».

Sin embargo, alejadxs de las instituciones de herencia monárquica, en otros espacios, lxs protagonistas de la historia no piden permiso para crear la forma en que expresan a través de las palabras su experiencia, sobre todo si hablamos de movimientos que lo hacen al calor de la lucha contra la opresión y el patriarcado. El lenguaje acompaña la praxis de las personas, la vida cotidiana y el movimiento (la historia, por qué no), nunca es estático y, de allí su riqueza.

De hecho, cientxs de miles en Latinoamérica usan a diario el lenguaje inclusivo, sobre todo las generaciones más jóvenes de activistas. La expresión de este movimiento nos habla a través de su acción y organización. La necesidad de luchar por expresar llibremente la propia identidad va más rápido o en carriles distintos a los de la institucionalidad. Bienvenido sea el reconocimiento porque, en definitiva, la última palabra la tienen quienes activan y accionan para cambiar un mundo en el que (hasta ahora) la palabra libertad ha sido sólo un significante vacío de contenido

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