• El surgimiento de la nueva cepa en Inglaterra y las nuevas restricciones golpearon duramente a las bolsas de Europa. Las perspectivas de recuperación en 2021 se hacen mucho más inciertas.

Agustín Sena

Desde el comienzo de la pandemia, lo sanitario y lo económico se han combinado como fenómenos inseparables: a cada nuevo rebrote o repunte de los contagios, con su consecuente endurecimiento de las restricciones a la movilidad social, le ha correspondido una caída en la economía. La pandemia ha generado a lo largo del 2020 un derrumbe del PBI mundial y una retracción de la actividad económica, así como la destrucción de cientos de millones de puestos de trabajo y el empeoramiento de las condiciones de vida de la clase trabajadora.

Ahora, hacia el final del año, los gobiernos capitalistas de todo el mundo se han apresurado a pronosticar una rápida reactivación y un futuro de prosperidad económica para el año entrante, teniendo como único punto de apoyo la esperanza de las vacunas.

Las idas y venidas alrededor de las vacunas (que se anudan en el problema de la propiedad privada de la ciencia y la farmacia, que son manejadas como un negocio por los capitalistas) ponen en cuestión cuándo y cómo serán aplicadas las vacunas, si su implementación llegará a tiempo para detener una nueva ola de contagios en todo el mundo. La nueva cepa aparecido en el Reino Unido parece ser un fenómeno no esperado por los gobiernos europeos, pero en realidad es una consecuencia lógica del desarrollo de la pandemia: en la medida que continua el contagio y que los gobiernos abren las cuarentenas sin mayores medidas de control (sin inversiones sustanciales en el sistema de salud y en el acondicionamiento de la industria y de la vida social bajo protocolos sanitarios efectivos) es inevitable que el virus mute y aparezcan nuevas cepas, potencialmente más peligrosas, algo que hace a la dinámica natural de todo virus.

La nueva cepa, que puede ser hasta un 70% más contagiosa, ha puesto en jaque al sistema de salud británico en pocas semanas y obligado al gobierno de Boris Johnson a imponer nuevas restricciones. El cierre de fronteras, tanto para el transporte de pasajeros como para el transporte de cargas, ha golpeado rápidamente la economía europea. Al comienzo de la semana corriente las bolsas del viejo continente cayeron de conjunto, lideradas por la española. El IBEX 300, referencia española, cayó un 3%, el footsie inglés un 1,7%, así como también los índices de Frankfurt un (2,8%), París (2,4%), Milán (2,6%) y Ámsterdam. Las acciones Europeas alcanzaron su punto más bajo en los últimos dos meses o, en el caso de España, la más golpeada, en los últimos seis. El índice bursátil paneuropeo (STOXX 600) cayó un 2,3%, su peor cierre desde mediado de noviembre.

Los sectores financieros más golpeados fueron las aerolíneas y las hoteleras (sólo desde Inglaterra hacia España pasan anualmente más de 18 millones de turistas): IAG (la firma propietaria de las aerolíneas Iberia, British Airways y Vueling) cayó un 9%, acumulando una caída del 78% en todo el año. Las hosteleras Meliá , Amadeus y la gestora de aeropuertos Aena cayeron entre un 2% y un 4%. Carnival Corp (crucero) cayó un 5,6%. Pero también cerró a la baja la banca privada española: Bankinter, Sabadell, Bankia, BBVA, CaixaBank y Santander cayeron entre el 3,5% y el 6,5%.

Sin embargo, los efectos del cierre de fronteras podrían afectar no sólo al sector financiero sino directamente al sector productivo de la economía. En una economía tan interconectada como la europea, la interrupción del transporte fronteriza de carga podría entorpecer o directamente paralizar inesperadamente distintos sectores de la industria, lo que significaría ya un golpe de importancia al conjunto de la economía europea.

A pesar de temores iniciales, la caída bursátil europea no tuvo grandes repeticiones en el resto del mundo. La bolsa norteamericana no registró caídas significativas, pero sí hubo una leve depreciación del dólar y el precio del petróleo (que ya acumula una caída del 20% a lo largo del año) sigue cayendo, tanto en la referencia norteamericana como en la europea. Al mismo tiempo, subió el “indicador del miedo” (índice CBOE) de Wall Street, alcanzando los 28,38 puntos. Incluso desde sectores de la burguesía se alzaron ya voces de alarma: según Russ Mold, director de inversion de Aj Bell. Esta caída de los mercados empaña las perspectivas para el resto del 2020 e incluso del primer trimestre del 2021.

Tampoco hubo caídas marcadas en Asia – Pacífico y de América Latina, donde las distintas bolsas cerraron con valores mixtos (combinando leves caídos y leves alzas). El caso de América Latina, sin embargo, entraña un problema específico. Se trata de una región que posee una estructura económica mucho más endeble que la europea, la norteamericana o la asiática, lo que podría generar daños mucho mayores si se registraran nuevas caídas en las bolsas internacionales.

Hacia el jueves 24, con el anuncio de la reapertura de la comunicación Inglaterra – España en el Canal de la Mancha y de un supuesto inminente pacto entre el Reino Unido y la UE alrededor del Brexit que se efectuaría “antes de la Navidad”, las caídas en la bolsa europea comenzaron a atenuarse, alcanzando valores “planos” en varios países, pero nunca recuperando los valores anteriores a esta semana.

En España, el país más golpeado, la alzas estuvieron lideradas por las firmas Amadeus (2,88%), IAG (2,38%), Siemenes Gamesa (2,36%), Banco Santander (2,93%), Repsol (2,78%), Sabadell (1,69%). Otras firmas continuaron cayendo, como PharmaMar (2,76%), Indra (21,72%), CaixaBank (1,43%), Bankia (1,22%) y Acciona (1,12%), dato que señala la situación de marcada fragilidad en la que se encuentra la economía europea, y que remite al hecho de que la recesión mundial (iniciada en el 2008 y acentuada por la pandemia) no está ni por asomo cerrada. Incluso si se logra la aplicación de la vacuna en el transcurso de los próximos meses, queda aún un largo camino hasta el final de la pandemia.

El primer trimestre del 2021 (enero – febrero – marzo) está ya comenzando y la pandemia sigue siendo un fenómeno que los gobiernos capitalistas no han logrado controlar por la propia naturaleza del capitalista: un sistema económico totalmente mundializado, en el que un fenómeno universal como la pandemia no puede dejar de afectar al conjunto del planeta y que exige una solución de envergadura internacional, mundial, pero que se ve dificultada porque dicho sistema mundializado carece de cualquier forma de coordinación efectiva a nivel internacional, y en el que impera la competencia anárquica de todos contra todos (esto se ha hecho patente con la guerra entre Estados para acaparar la mayor cantidad de vacunas posibles).

La situación sanitaria y económica actual no vaticina una recuperación asegurada para el próximo tiempo, como quieren hacer creer los gobiernos burgueses de todo el mundo, sino, por el contrario, que el 2021 podría ser un año cruzado por intensas contradicciones.

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