La crisis del «no se puede»

Reflexiones sobre la crisis que se vive en el mundo y su combinación con el callejón sin salida del posibilismo devenido pura impotencia imposibilista.

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2H5CGF1 Glasgow Protest march during COP26. Fridays for Future.

A raíz de la preparación de un reciente curso de formación, acercamos algunas reflexiones sobre la crisis actual que se vive en el mundo y el país, su combinación con el callejón sin salida del posibilismo devenido pura impotencia imposibilista. Ante esta doble crisis, se reafirma la necesidad de construir una alternativa socialista y en ese camino, el rol indispensable del partido revolucionario para desarrollar la conciencia socialista e intervenir para torcer el curso de la historia.

La primera definición es que nos encontramos en un mundo cada vez más en crisis. Cada vez más crece una conciencia de que el capitalismo no da ninguna respuesta a los problemas sociales, y en particular a los jóvenes nos roba la perspectiva de futuro. Nos encontramos ante una crisis dramática en muchísimos aspectos: la precarización laboral se extiende y pasa a ser casi la norma, donde se atacan o hasta niegan nuestros derechos laborales; la crisis ecológica tiene todos los meses nuevos capítulos y amenaza con un colapso a nivel mundial; venimos de una pandemia que sacudió al mundo, producto de la intervención capitalista con el único norte en acumular ganancias; este año vimos resurgir nuevamente con fuerza las guerras y el imperialismo como en Ucrania; como consecuencia, vemos una redoblada crisis económica que afecta a todo el planeta a lo que se suma la amenaza de falta de alimentos a nivel mundial; hay una crisis migratoria en todos los continentes, con millones de personas desplazadas y que se desplazan en las peores condiciones; hay amenazas reaccionarias y crece la polarización en el mundo con ataques contra los derechos de las mujeres y democráticos, como el ataque al aborto en EE.UU. o personajes nefastos como Bolsonaro o Milei. En nuestro país estamos atravesando una crisis profunda como no se ve en muchísimo tiempo. La crisis económica en la que nos encontramos es brutal, es la peor de los últimos 20 años. Mientras tanto el gobierno amenaza una devaluación y prepara grandes medidas de ajuste para cumplir con los dictados del FMI mientras el país queda vaciado de dólares.

Mientras tanto, los sectores del centro burgués cada vez se ven más impotentes para dar respuestas a todos estos problemas. Dos décadas atrás, con los procesos de principios de siglo, aparecieron gobiernos que impulsaban algunas (mínimas) reformas sociales, aunque a condición de no romper con el capitalismo, planteando que eso era “lo único posible”. Al día de hoy, esos mismos sectores son los que dicen que “no se puede hacer nada” más que aguantar. Contra el Fondo, “no se puede no pagar”, aunque reviente el país. Ante la crisis ecológica, “no se puede” producir sin extractivismo y destruir la naturaleza porque hace falta conseguir dólares. Contra las empresas precarizadoras como las de reparto por aplicación o las tercerizadas que niegan los derechos laborales, “no se puede” hacer nada, porque sino “se van del país” o “no generan trabajo”, y así se podría seguir. De esta manera, vivimos una crisis del posibilismo que deviene en pura impotencia imposibilista, que lo único que puede decir, es que los planteos anticapitalistas de la izquierda “no se pueden hacer”. Sin embargo, a pesar de esta crisis, los imposibilistas todavía contienen algunos sectores que, aunque sienten que no van ni a la esquina, todavía no “compran” las salidas de la izquierda. Sin embargo, la salida de los que dicen que «no se puede» es un futuro cada vez más sombrío, mientras que la alternativa anticapitalista de la izquierda, es concreta y es la única que da respuestas reales a los problemas, que se agudizan cada vez más con la crisis y la polarización. Pero para que se imponga hace falta construir y darle fuerza a esa alternativa. Cada vez más se impone el debate entre la reforma (hoy devenida en no-reforma) y la revolución, para dar respuestas ante este mundo en crisis.

Así, aparece una contradicción entre la crisis del imposibilismo, que choca de frente con la inminente situación de catástrofe. La cuestión es que esto puede dar lugar a un desarrollo mayor de la lucha de clases y que crezca el espacio para una alternativa revolucionaria. Frente a la crisis económica y el acuerdo con el FMI, la salida es anticapitalista, pasa por tomar medidas que vayan de frente contra los intereses de los empresarios, los dueños de los campos y los banqueros. Ante la crisis ecológica hay que tomar medidas de fondo y terminar con la lógica de la pura ganancia a costa de arrasar el planeta. Contra la precarización la salida es organizarse y terminar con estas empresas que nos quieren súper explotar con condiciones del siglo XIX para hacerse millonarios. De lo que se trata es de entender que esta posibilidad existe y crece.

Entonces la primer pregunta que se plantea es por qué es necesaria una salida revolucionaria, o cómo la podemos plantear ante esta crisis? Y esa cuestión nos lleva directamente a la cuestión de la herramienta para dar esa pelea, el partido revolucionario.

Este es un tema sumamente importante, donde entran en juego muchos problemas. Por un lado, en este Siglo XXI vivimos un mundo en crisis con una polarización cada vez más profunda y en donde aparecen movilizaciones importantes, e incluso rebeliones cómo en Chile, el Black Lives Matters u otras, no vivimos en los 90 donde no pasaba nada y el capitalismo «había ganado». Sin embargo, hasta el momento no se viven verdaderas revoluciones, no existe el grado de conciencia ni de radicalización política que imperaba en el Siglo XX. A diferencia del siglo pasado, hay dos factores subjetivos que no tienen ese grado de desarrollo: la falta de conciencia socialista y la crisis de alternativas, y muy vinculado pero específico, el déficit de fuertes partidos revolucionarios. Sobre estos temas hay importantes elaboraciones de nuestra corriente, así que sólo tomaremos algunos elementos. Lo primero es que como dice la clásica fórmula marxista, la existencia determina la conciencia. Si estamos en un momento de mayores ataques del capitalismo, crece la bronca y pueden aparecer reacciones y procesos de lucha importantes como estamos viendo con las rebeliones de los últimos años. Pero de lo que se trata es de poder comprender que el problema es global, es de fondo. Y ahí es donde entra el factor del partido, que da esa dimensión política, global, de que para cambiar las cosas y terminar con la explotación del humano y la naturaleza hay que cambiar el sistema por la vía revolucionaria. Allí aparecen varios temas, como la relación del partido con sus agrupaciones para la lucha, que son más amplias, la relación del partido con el movimiento. Pero una lección que viene de Lenin, que es fundamental y que se verificó a lo largo del Siglo XX y de todas las rebeliones que se vivieron en este siglo XXI es que el partido es una forma de organización específica, que hay que construir de manera consciente, para darle esa perspectiva global y para desarrollar la conciencia socialista, de que la transformación es de fondo. El partido revolucionario y la política revolucionaria son indispensables para lograr que estos procesos vayan hasta el final. Y esto tiene muchísima actualidad, porque ante la profundización de la crisis que vivimos, la polarización que crece en todo el mundo y la crisis del imposibilismo, está planteado que haya un mayor espacio para el desarrollo de partidos revolucionarios. Porque la polarización crece, los enfrentamientos se hacen más duros, y eso puede lugar a que vuelvan a la palestra verdaderos acontecimientos revolucionarios.

Por último, sobre la cuestión del partido, hay una serie de debates interesantes, que tienen que ver con la importancia de la construcción de estas organizaciones. Porque si bien la crisis y los ataques del capitalismo impulsan la respuesta desde abajo y la lucha, el partido nunca puede correr por detrás de los acontecimientos. El partido revolucionario es un partido de vanguardia, que se ubica a la cabeza de los procesos, junto a los sectores más avanzados para empujar hacia adelante. El partido es una organización permanente, que actúa en todo momento impulsando esa pelea y que necesariamente se tiene que anticipar. Porque cuando las crisis estallan, y atención que podemos estar acercándonos a un momento en nuestro país donde estalle una crisis muy profunda, y se plantea el problema del poder, ahí es donde tiene que estar el partido, que es la fuerza que puede inclinar la vara y hacer que esos procesos se resuelvan en favor de los trabajadores y las mayorías populares. Es en los momentos de máxima tensión, donde la resolución depende de una acción consciente y organizada, y eso solo lo puede hacer un partido, que tiene que estar preparado y tener la fuerza para actuar y ser ese factor decisivo.

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