• El Tribunal Supremo anuló las condenas contra Lula dictadas por la 13° Cámara Federal de Curitiba (a cargo primero de Sergio Moro y después de Gabriela Hardt) por no ser “juez natural del caso”. Esta decisión, dependiendo de la respuesta en las calles, puede abrir una nueva coyuntura política. Por eso romper con la perspectiva meramente electoral y apostar a la movilización es decisivo.

José Roberto Silva

Muchas fueron las manifestaciones de queja y alivio, pero todas centradas en la cuestión electoral: momentáneamente Lula readquiere la posibilidad de presentarse a elecciones, retirada de manera calculada por la derecha, asentada en acciones absolutamente perniciosas de Sergio Moro y Deltan Dallagnol con la Policía Federal y el MPF.

Mientras tanto, el centro de la cuestión – sus implicanciones presentes y futuras – es mucho mayor que la meramente electoral, o mejor dicho electoralista, que tal decisión trae a colación.

I – ¿El fin del «golpe»?

No podemos olvidarnos que la condena a Lula, que buscaba únicamente sacarlo de la palestra electoral de 2018, es tan solo una fase de todo un proceso tramado por la burguesía para realizar concretamente un giro completo a la derecha -en ese momento plantando los pies en Bolivia, Chile, Argentina y, posteriormente, Uruguay – que comenzó con las marchas de 2015 por la «vuelta de la dictadura militar» y con el «fuera Dilma».

Fue entonces, como la mayoría recuerda, con el caso de Dilma, que el PT desarmó a sus militantes y a la burocracia, jugando todas las fichas al parlamento esperando que el Centro viniese a socorrerlo en el proceso de Impeachment. Lo único que lograron fue un gobierno de Temer, que dio inicio a los más brutales ataques a la clase trabajadora y al pueblo como un todo, comenzando por el plan de congelamiento del presupuesto por veinte años.

Mientras la ultra derecha de organizaba, Lula durante su juzgamiento poco hizo por el movimiento por su libertad. Éste fue parte de uno mayor de la izquierda socialista, que culminó con la traición de su discurso frente a los portones de la cárcel cuando fue suelto por orden del STF.

Hoy, después de la decisión de Fachin, ni una palabra ha salido de Lula o el PT. Nueva sumisión, pues lo que hizo el juez del STF fue despegar a Moro y el Lava Jato de Lula. El proceso volverá a correr en otras instancias utilizando las mismas pruebas arrojadas en el proceso anterior.

¿Será absuelto? ¿Cuánto tiempo llevará? Eso depende de las circunstancias políticas: Lula es el único que posee un estatus de mediación importante para la burguesía, la recreación de una «falsa polarización» con la hegemonía de Bolsonaro y su horda ultraderechista, garantizando él, como en la «Carta a los brasileros», todo el ideario económico neoliberal dejado por las reformas. Pero esa garantía hoy puede no depender solamente de él.

II – Recreando una falsa polarización

Mientras el continente sudamericano hervía en rebeliones populares por todas partes, en Brasil el PT surfeaba la crisis desatada en el gobierno de Fernando Henrique Cardoso. Alimentaba el sueño de la llegada al poder no por la defensa irrestricta de las causas de los trabajadores en las calles, sino en la participación de una mesa harta en la cual solo te podrías sentar haciendo las mayores concesiones posibles: manteniendo a los trabajadores y su base sindical en particular (incluido el MST) lejos de las disputas con la patronal, que apoyó a cambio de un programa económico de fundamento neoliberal la liberación de programas de compensación meramente asistenciales.

El escenario estuvo montado para que las discusiones estuvieran trabadas en el campo irrestricto de un falso debate ideológico: PT vs. PSDB, el llamado campo republicano. Esto fortaleció electoralmente al PT pero le hizo perder su esencia, toda raíz popular de los inicios de su fundación como partido político de los trabajadores, para que Brasil entrara en la ola de «gobiernos progresistas» sin ninguna acción en las calles.

En el momento actual, la burguesía afronta un hegemonismo esquizofrénico, apoyado por los sectores ultraderechistas, por los estratos más conservadores de la sociedad y con un apoyo militar, sino generalizado, al menos suficiente para poner en el horizonte la posibilidad de un golpe militar.

Habiendo apostado todas las fichas en Bolsonaro, la burguesía local, en la defensa de la aplicación completa de su programa económico, no puede quedar a merced de la posibilidad de la institucionalización de un programa menos del gusto del capital financiero internacional.

De ese modo, sacando a Moro de la línea frontal de ataques y presentando un Lula con posibilidad electoral, la única con eficacia y caparazón de una «falsa polarización» (ahora Lula vs. Bolsonaro), apuestan a una cortina de humo en el plano de la realidad. Quieren que la recesión, la falta de empleo, el aumento el costo de vida, las muertes por Coronavirus, etc., no lleven a los trabajadores a una ruptura con la institucionalidad. Saben también que la apuesta a un imperachment es peligrosa, ya que ellos no tienen ninguna alternativa política para presentar, mismo en el plano institucional.

Entonces, devolvemos a Lula a los palcos, pero cantando una pieza que él no escribió.

III – La miseria, el desempleo y la pandemia no admiten respuestas electorales

Cuando la elección para la presidencia de la Cámara de Diputados, el PT anticipó un acuerdo para las elecciones de 2022 apoyando la lista de Baleia Rossi, no sin antes considerar el apoyo de un nombre del Centro.

Fue lamentable ver a sectores de la dirección del PSOL queriéndose embarcar en el mismo proyecto electorero del PT en nombre de que «Bolsonaro es el enemigo número 1». Afortunadamente, el lanzamiento de la candidatura de la diputada Luiza Erundina terminó haciendo girar el juego para que la izquierda socialista presentase su programa de defensa irrestricta de los derechos y necesidades de los explotados y oprimidos.

En la actual situación, con Lula nuevamente en el ring, es preciso ir aún más adelante. Es fundamental, hoy en 2021, que el PSOL y las fuerzas de la izquierda socialista exijan y llamen al PT y a los movimientos sociales a que se unan contra la falsa polarización en las calles para poder golpear al bolsonarismo y su misoginia, terraplanismo y neofascismo de frente con la fuerza de las masas trabajadoras.

Exijamos a Lula que se ponga a la cabeza de manifestaciones por:

¡Cuarentena nacional de veinte días ya!

¡Asistencia de emergencia de un salario mínimo!

¡Vacunación a toda la población ya!

¡Impeachment a Bolsonaro y Mourao ya!

¡Elecciones generales ya!

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