• El gobierno Yoshihide Suga está pronto a oficializar su decisión de volcar al mar el agua contaminada de la central nuclear de Fukushima, la cual entró en fusión en el año 2011 en uno de los desastres nucleares más grandes desde Chernóbyl.

Luz Licht

Existe una fuerte oposición de diversos sectores a nivel local que realizaron acciones de protesta en los últimos días, como por parte del país vecino Corea del Sur, entre otros.

Se trata de aproximadamente un millón de milímetros cúbicos de agua almacenados en unas mil cisternas en el sitio donde se ubica la central nuclear de Fukushima Daiichi, actualmente dirigida por la empresa pública Tepco. Esa agua procede de la lluvia, del manto subterráneo y de las inyecciones necesarias que tuvieron que utilizar para enfriar los núcleos de los reactores que entraron en fusión luego del tsunami del 11 de marzo de 2011.

El agua que almacenan las cisternas fue filtrada varias veces para eliminar las sustancias radioactivas que contenía. Sin embargo, no todas las sustancias pudieron ser eliminadas con las técnicas actuales. «Es importante entender que en la actualidad el 80% del agua almacenada contiene radionucleidos por encima del límite reglamentario para la descarga, como el estroncio-90, cesio-137 y el yodo-129», explicó a diferentes medios Shaun Burnie, especialista en energía nuclear de la ONG Greenpeace.

La capacidad de almacenamiento del agua en breve quedará saturada según Tepco, por lo cual las autoridades japonesas evaluaron varias soluciones en los últimos años. Los equipos de expertos contratados por el gobierno a principios de año recomendaron tirar el agua al mar el agua contaminada. Dos opciones se barajaron ya desde el año pasado: el vertido “controlado” al mar, como también había  recomendado el ministro de Medio Ambiente Yoshiaki Harada, o la búsqueda de una nueva estrategia de almacenamiento.

Esto ya se hace en otras instalaciones nucleares en funcionamiento o fábricas de armas nucleares, tanto en Japón como en otras partes del mundo convirtiendo así a los océanos en verdaderos basureros nucleares. El gobierno japonés estaría por aprobar la solución de verter el agua radiactiva en el mar en los próximos días. Aunque la operación en sí no empezaría hasta antes de 2022, las consecuencias medioambientales tendrán consecuencias todas/os nosotros.

“Un estudio reciente del investigador japonés Hiroshi Miyano, que preside una de las comisiones que estudia el desmantelamiento de Fukushima, aporta un cifra más precisa: 17 años. Según este científico sería el periodo necesario para tratar el agua contaminada de manera que se reduzcan las sustancias radiactivas hasta niveles que cumplan con las normas de seguridad y que sea, por tanto, apta para ser vertida en el mar”.

Finalmente Miyano agregó «Fukushima puede tener una capacidad limitada, pero instalaciones adyacentes como Futaba y Okuma tienen margen para almacenamiento adicional. Existe una alternativa clara al vertido del agua en el medio ambiente

Según algunas estimaciones efectuadas por la Oficina Internacional de Energía Atómica (IAEA), en las últimas décadas ya se han arrojado al mar residuos nucleares por un total de unos 85 billones de becquerels [1]. Esta cifra es equivalente -miles de millones más, miles de millones menos- al total de radiación producida a raíz de la catástrofe Chernóbil. Solamente en el lecho del Océano Atlántico se han “depositado” unos 250.000 barriles llenos de material radioactivo.


[1] Unidad de medida de actividad radiactiva del Sistema Internacional, de símbolo Bq, que equivale a la actividad de una fuente radiactiva en la que se produce una transformación o una desintegración nuclear por segundo.

 

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