• En medio de la crisis social y sanitaria, comerciantes, negacionistas y grupos de extrema derecha se movilizaron contra toda medida sanitaria. Rechazan el confinamiento decretado por el gobierno frente a la segunda ola de coronavirus.

Gala Chilavert

Días atrás hubo protestas de comerciantes frente a la Cámara de Diputados en Roma, Italia, contra las restricciones que buscan evitar el incremento de casos de Covid-19. Hubo enfrentamientos entre los manifestantes y la policía que dejó un saldo de seis detenidos.

Hace días en Roma, la capital de Italia, hubo manifestaciones frente a la Cámara de Diputados contra las nuevas restricciones que implementó el gobierno derechista de Mario Draghi para frenar el aumento de casos de Covid-19. Las protestas llegaron a otras ciudades del norte del país como Milán y Turín.

El miércoles en Roma hubo algunos cientos de manifestantes y la jornada terminó con enfrentamientos luego de que se desatara la represión policial. El saldo fue de al menos 7 detenidos y 2 policías heridos, según informaron medios locales.

El sector mayoritario que componía las protestas eran comerciantes dedicados, entre otros rubros, a la gastronomía, la hotelería, el turismo. Las restricciones, que imponen el cierre todos los comercios menos los del sector alimenticio y las farmacias están previstas al menos hasta el 20 de abril.

El reclamo apunta a poder abrir sus locales pese a que ya son 11 las regiones que se encuentran clasificadas en color naranja y otras 9 en color rojo con motivo de la escalada de contagios. Sólo las que tengan color amarillo podrían abrir sus puertas. Esto significa que no hay en el país regiones habilitadas para realizar actividades comerciales abiertas al público.

 

El trumpismo y la toma del Capitolio en Roma

Los grupos de extrema derecha presentes en la manifestación quisieron emular a sus pares negacionistas, conspiranoicos y racistas de Estados Unidos. El dueño de un restaurante, llamado Hermes Ferrari, se vistió como el «chamán» Jake Angeli. Se trata del simpatizante de Trump que fue parte de la horda de ultraderechistas que asaltó el Capitolio en enero pasado y se convirtió en su figura emblemática.

Los grupos negacionistas y de ultraderecha toman la iniciativa en las calles para confrontar toda medida de combate a la pandemia, defendiendo los negocios a toda costa. Sin dudas, la crisis económica es difícil de sortear en los marcos de la lógica y opciones de los gobiernos capitalistas. La vacunación es lenta mientras el virus muta rápidamente. En tanto, las patentes no son liberadas y los laboratorios llenan sus cuentas bancarias mientras la población sufre el impacto de la pandemia sobre la economía.

El deterioro económico y social son la base sobre la cual estos grupos montan sus campañas de agitación. Tal como lo hace el grupo «Io Apro» (Yo abro), un agrupamiento de comerciantes al que pertenece Hermes Ferrari que plantea abrir sus comercios desafiando las restricciones.

También otros grupos políticos de corte reaccionario hacen de la crisis una tribuna para agitar políticas regresivas. Se oponen a las restricciones desde concepciones negacionistas, xenófobas, de odio. Pero basta ver el ejemplo de Brasil para ver como no son la solución ni una salida para los problemas de las grandes mayorías en este difícil contexto.

Una situación social y económica muy golpeada

El desastre económico es la base del descontento y deterioro social que no encuentra fondo. En Italia hay 5,6 millones de pobres, la cifra más alta de los últimos quince años. Un millón de puestos de trabajos se perdieron desde el comienzo de la pandemia y miles y miles cayeron bajo la línea de pobreza. Además, se estima que unas 700.000 personas ya ni buscan empleo, tal como certificó el Instituto Nacional de Estadísticas.

Como te contábamos en otro artículo, el panorama es tan alarmante que, incluso las regiones y ciudades más ricas como Milán, capital de Lombardía, refleja con largas filas de cerca de 4 mil personas que a diario que asisten a centros de organizaciones sociales para recibir paquetes de comida. Al sur del país, la situación no es mejor. Los miserables subsidios y ayudas no llegan a la población más joven y más precarizada.

En este contexto, la salida a los enormes traumas sociales que vino a intensificar y platear la pandemia significan un verdadero desafío político para las alternativas políticas socialistas y de izquierda que pretenden superar el capitalismo. Por eso, más allá de que hoy sea la ultraderecha quien está activando para capitalizar el descontento ante las consecuencias de la pandemia, esto no significa que el asunto esté cerrado. Lo hacen apoyándose en la clase media reaccionaria, los dueños de los negocios cerrados. La clase trabajadora también tiene lo suyo para decir respecto a las políticas capitalistas frente a la pandemia.

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