• En el país más golpeado por la pandemia de Covid-19, el decreto “Cerrar Italia” de Conte suscitó una serie de huelgas espontáneas que presionan por una huelga general reclamando el cierre de las industrias no esenciales. A último momento, cuando era inminente la huelga general, las principales centrales sindicales pactaron con el gobierno y delegaron la medida a comités locales.

Por Lisandro Acuña

En Lombardía, el norte industrial de Italia, el descontento de los trabajadores crece con cada vida que se cobra el Covid-19. Se trata de la región más afectada del país con mayor tasa de mortalidad por la enfermedad que ha puesto al mundo en guardia. Los planes del gobierno de Conte se han mostrado absolutamente insuficientes y su nuevo plan de cerrar industrias “no esenciales” es considerado demasiado permisivo por los trabajadores que se ven expuestos al contagio cotidianamente.

El decreto “Cerrar Italia”, anunciado por Giuseppe Conte este lunes, supone que unas 80 áreas podrán permanecer abiertas, alrededor del 40% de las actividades productivas en Italia. Se trata de más de 10 millones de trabajadores que continúan expuestos al contagio.

El decreto fue recibido con indignación por trabajadores de industrias no esenciales que se verían obligados a continuar su labor y desde el lunes comenzó una serie de huelgas sectoriales espontáneas que han presionado a las centrales sindicales para tomar una definición. Del otro lado, la poderosa confederación patronal Cofindustria presiona para minimizar las pérdidas empresarias, a pesar del enorme riesgo al que exponen a los trabajadores y a la población en general.

Ante esto la Unión de Sindicatos de Base (USB) convocó a una huelga general por 24hs, denunciando de que se han incluido muchas actividades no esenciales e indispensables entre las que pueden continuar operando. Por su parte, las centrales sindicales CGIL, CSIL y UIL anunciaron que irían a la huelga por 8 horas el 25 de Marzo, pero a último momento, luego de negociar con el gobierno,  dijeron éste se había comprometido a “consultar a las organizaciones sindicales territoriales sobre las autocertificaciones de las empresas”, en los hechos bajándose de la medida.

Giuseppe Conte

Italia tiene más de 6800 muertos por coronavirus desde que comenzó la pandemia -el doble que los declarados por China a la fecha- y los contagiados se cuentan arriba de los 69 mil, con un importante foco de contagio y mortalidad en el norte industrial.

En un comunicado conjunto, los tres sindicatos (CGIL, CSIL y UIL) habían llamado a poner en marcha «todas las iniciativas de lucha y movilización hasta la proclamación de huelga» en aquellos lugares «donde no se cumplan las condiciones de seguridad y no respondan a las características de actividades esenciales».

Sin embargo, en un comunicado posterior anunciaron vagamente que habían “identificado y acordado con el Gobierno cambios importantes en la lista de actividades de producción que son indispensables para el país en esta etapa, al cambiar el anexo del decreto gubernamental aprobado el domingo 22 de marzo”, sin aclarar cuáles serían las industrias que cerrarían luego de las negociaciones.

Según el decreto, aunque la actividad metalúrgica y la construcción no afectada a infraestructura cesarían a partir del miércoles, empresas de servicios como bancos, financieras, empresas de telemarketing, soporte técnico y negocios de venta de computadoras y teléfonos tendrían permitido continuar operando, junto con los correos, kioskos de diarios, farmacias y supermercados. La producción de alimentos, la industria agrícola, petrolera, textil, química y del caucho son otras que, salvo excepciones puntuales, pueden continuar operando. Lo mismo rige para la industria de defensa, aeroespacial y producción de armamentos.

Se trata de una enorme base obrera que empieza a ponerse de pie, a reclamar acciones urgentes a sus centrales sindicales y, en algunos casos, a tomar la acción en sus propias manos ante la desidia del gobierno y la complicidad de las cúpulas sindicales.

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