Irán: el régimen de los ayatolá responde a las protestas con una masacre

Más de 1.200 personas fueron encarceladas y unas 76 resultaron asesinadas a causa de la feroz represión pero la rebelión sigue en pie.

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Desde el 16 de septiembre la situación en Irán estalló por los aires tras el asesinato de la la joven kurda, Mahsa Amini, que fue detenida y torturada en Teherán a manos de “la policía de la moral” por llevar mal colocado el velo y no respetar el código de vestimenta islámico.

Frente a las numerosas protestas que se repiten cada noche en casi la totalidad de las 31 provincias de Irán, el presidente Ebrahim Raisi dijo que las fuerzas represivas “actuarán con firmeza frente a quienes atenten contra la seguridad del país” a quienes identificó como “enemigos de la República Islámica de Irán“.

Por su parte, un alto mando de la policía iraní advirtió que reprimirá «con todas sus fuerzas» a los manifestantes mientras el jefe del poder judicial, Gholamhossein Mohseni Ejei, anunció que quedan excluídos de toda «indulgencia» los detenidos “instigadores de disturbios”.

El escenario muestra cómo todas las instituciones del régimen teocrático iraní intentan apagar la rabia popular con severas amenazas y mano dura. Pese a la interrupción generalizada de internet impuesta por el gobierno, los manifestantes lograron difundir vídeos donde los agentes de la policía antidisturbios gritaban que «no se apiaden de los manifestantes y les disparen».

Irán Human Rights y las Naciones Unidas afirmaron que entre los asesinados por las fuerzas de seguridad iraníes se contabilizaron seis mujeres y cuatro niños y que muchos certificados de defunción prueban que los disparos contra los manifestantes se realizaron con munición de plomo.

«Nos pusieron al menos a 60 mujeres en una habitación pequeña. Dijeron que no podíamos usar el baño y que si teníamos hambre podíamos comer nuestras heces. Cuando gritamos y protestamos dentro de la habitación, comenzaron a amenazarnos con que si no nos callábamos, nos violarían».

En el relato de una de las detenidas, se expone la bestial crudeza en el accionar de un régimen profundamente patriarcal. Sin ir más lejos, el legislador Mahmoud Navabian calificó a las mujeres que se manifiestan como «prostitutas» y culpables de «impurezas» que deben ser «lavadas».

Sin embargo, la determinación y enormes agallas del pueblo iraní con mujeres y jóvenes estudiantes a la cabeza, siguen inundando las calles dispuestos a enfrentar la voracidad policial y, lo que es más, poniendo un régimen entero en cuestionamiento.

El domingo pasado, uno de los principales sindicatos de profesores de Irán convocó una huelga nacional inédita en estas tierras. Las huelgas de trabajadores son sensibles en Irán porque traen a la memoria la revolución de 1979, cuando una ola de descontento obrero y popular derrocó al antiguo monarca persa.

La persistente rebelión con miles de mujeres quemando sus velos como símbolo de protesta, luchando por cada centímetro de su piel y cabello, estudiantes tomando centros universitarios y trabajadores apoyando el conflicto, hace temblar las bases mismas de 43 años de República Islámica con consignas que corean «¡abajo la república islámica» o «¡muerte al dictador!» .

La inaudita respuesta represiva de los gobernantes islámicos expone el grado de  amenaza que sienten frente al contagio de un pueblo que está peleando por la disolución de la oscura “policía de la moral” y el derecho de la autodeterminación de las mujeres. Se está exigiendo hasta la mismísima caída de todo un sistema político autoritario.

Las enardecidas protestas tuvieron eco internacional con manifestaciones de solidaridad con el pueblo iraní en Estados Unidos, Canadá, Europa y partes de Medio Oriente como la ciudad siria de Qamishli, predominantemente kurda, donde miles de mujeres también dieron el presente en las calles.

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