Irán: condenado a muerte por participar en las movilizaciones por Mahsa Amini

Otros 20 detenidos podrían recibir la misma condena. Ya hay más de 326 asesinados durante la represión policial y al menos 14.000 detenidos desde el inicio de las protestas.

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La pena de muerte fue dictada por los cargos de «enemistad con Dios» y «propagación de la corrupción en la Tierra». Otros 20 detenidos podrían recibir la misma condena. Ya hay más de 326 asesinados durante la represión policial y al menos 14.000 detenidos desde el inicio de las protestas.

Más de un mes transcurrió desde el inicio de las movilizaciones masivas en repudio al asesinato de la joven kurda Mahsa Amini a manos de la retrógrada «policía de la moral» iraní. La inmensa rebelión que sacudió Irán recorrió el planeta y puso en jaque a la teocracia chiita que gobierna el país desde hace 4 décadas. Hace pocas semanas, la rebelión alcanzó empezó a lograr una importante adhesión entre sectores de trabajadores estratégicos de la economía iraní, como fue el caso de los petroleros de Asaluyeh, el yacimiento petrolífero más grande del planeta.

Foto: AP

No fue ninguna sorpresa que el régimen de los ayatolás respondiera con una brutal represión. A los (por lo menos) 326 muertos fruto de la represión se suman miles de detenidos. Los cálculos más conservadores (ONU) apuntan unos 14.000 detenidos. Pero las organizaciones de derechos humanos iraníes señalan que la cifra podría ser de hasta 18.000 personas privadas de su libertad.

Este domingo la Justicia teocrática sumó un nuevo capítulo a su historia de represión y avasallamiento de los DDHH. La cadena de noticias Mizan, vocera oficial del Poder Judicial iraní, comunicó la sentencia de muerte para uno de los detenidos así como penas de entre 5 y 10 años de cárcel para otros 5 manifestantes.

La Justicia iraní prefirió no comunicar el nombre del condenado, en una muestra de absoluta impunidad. Las acusaciones son varias. «Incendiar un edificio gubernamental» y «conspirar contra la seguridad nacional» son los más leves. Los cargos con los que la Justicia iraní justificó la condena son en realidad los de «enemistad con Dios» y «propagación de la corrupción en la Tierra».

Estos dos cargos están entre las figuras más fuertemente castigadas dentro del sistema penal iraní. Habitualmente se castigan con no menos que la amputación y pueden acarrear la pena de horca, como es el caso actual. De momento, otras 20 personas enfrentan los mismos cargos. La organización de derechos humanos Iran Human Rights, con sede en Oslo, alertó sobre la posibilidad de nuevas condenas exprés contra estos detenidos.

La condena constituye, en sí misma, una muestra más de la esencia totalitaria y profundamente reaccionaria del régimen teocrático iraní. La utilización de la religión como herramienta para suprimir un movimiento democrático de masas recuerda demasiado abiertamente a la Edad Media. Poco tiene que envidiarle el gobierno iraní a la Santa Inquisición.

Con ese telón de fondo, los procedimientos legales pueden parecer menos que anecdóticos, pero no dejan de ser clarificadores. En las últimas horas, la ciudadana iraní Masomeh Ahmadi difundió un video en las redes sociales en el que relataba que su hijo, Mohammad Ghobadlou, de 22 años, había sido condenado a muerte sin siquiera permitir que su abogado esté presente durante el transcurso del proceso judicial.

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