• Una tormenta de fuego azota a Oregon, Washington y California. Más de 30 incendios forestales destruyen todo a su paso y ya se cobraron decenas de vidas a lo largo de 1,6 millones de hectáreas que se convirtieron en cenizas. Aumenta la preocupación, ya que sólo se logró controlar el 25% del foco principal y hay desaparecidos.

Romina Y.

Los incendios forestales provocaron la destrucción generalizada de las ciudades de la costa del Pacífico en Estados Unidos. Cenizas, escombros y una atmósfera ennegrecida a lo largo de los estados de Oregon, California y Washington son el resultado de una tormenta de fuego que no da tregua. Según cifras oficiales, el número de muertos asciende a 35, mientras crece de manera desalentadora la cifra de desaparecidos, lo que representa la amenaza de aumentar la cantidad de muertos.

El incendio más grande, que fue bautizado como «el fuego de North Complex», es el que más ha avanzado en los últimos días a lo largo de 102 mil hectáreas sólo en el estado de California. Muchos vecinos han tenido que autoevacuarse y organizarse de manera solidaria para colaborar unos con otros, poniendo en pie -por ejemplo- centros comunitarios de donaciones. Así como el trabajo de los bomberos no logra controlar los focos de incendio, los equipos de búsqueda y rescate que recorren las ruinas de las ciudades, tampoco son suficientes y la lista de desaparecidos se sigue engrosando.

La mayor parte de los incendios comenzaron a mediados de agosto y su poder destructivo se hizo ver con más fuerza durante la última semana. Si bien se estima que los focos fueron iniciados a partir de una intensa tormenta eléctrica en la zona, la crisis ambiental provocada por el cambio climático actúa como catalizador de la intensidad y la rapidez con la que avanza el fuego.

Tal como advierten desde hace años los científicos y el movimiento ecologista en todo el mundo, las condiciones climáticas se modifican producto de la voracidad capitalista. Se contamina al aire, el agua y se arrasa con grandes extensiones de tierra y los ecosistemas y poblaciones que las habitan en pos de extender negocios que van desde el inmobiliario hasta el monocultivo, pasando por la instalación de grandes factorías de cría de ganado (causantes de pandemias como la que hoy estamos atravesando). Las condiciones de sequía, fuertes vientos y temperaturas extremas son consecuencia de la crisis ambiental y favorecen el desarrollo de eventos como esta tormenta de fuego.

El presidente Trump, reconocido negacionista del cambio climático, se hizo presente de manera fugaz en la zona para atribuir las causas de este verdadero desastre a una “mala gestión forestal”. Cabe recordar que fue él mismo quien en 2016 decidió retirar a Estados Unidos del Acuerdo del Clima de París y desde que comenzó su mandato derogó una serie de leyes que tendían a regular las consecuencias ambientales generadas por grandes empresas. En la misma línea, Trump este año redujo en un 26% el presupuesto para la Agencia de Protección Ambiental.

Los incendios forestales que hoy azotan a Estados Unidos son parte de un fenómeno mundial. Durante las últimas semanas se dieron oleadas de incendios en diferentes partes del planeta: arde la Amazonia, parte de Bolivia, el Ártico; y en nuestro país, también sucede, como se pudo ver en Córdoba y Rosario. La velocidad con la que aumenta la temperatura global contribuye a la propagación de los incendios y al mismo tiempo, el humo que se desprende de las extensiones consumidas por el fuego, genera acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera. Se produce así una retroalimentación de los efectos del cambio climático que representa una alarma para el mundo: la imperiosa necesidad de terminar con los monstruos capitalistas que explotan a las grandes mayorías y estrujan cada recurso del planeta para garantizar sus negocios.

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