Por Zoila Mara

Pasé diez días en Caracas. Aquí van algunas impresiones de la situación por la que hoy atraviesa Venezuela.

El intercambio comercial ahora se realiza en dólares y euros. Después de intentar “relanzar” en varias ocasiones diversas reediciones del Bolívar, los precios se fichan sobre todo en la moneda estadounidense.

En ese contexto, se advierte más actividad comercial que hace un año. En las calles se venden vegetales, fruta, pescado, en dólares.

También se nota mucho menos angustia. Es que el hecho de tener una moneda (extranjera) estable, permite prever los gastos y las ganancias. En las compras dan vuelto en dólares o en bolívares.

Se ve que hay una gran cantidad de dólares en circulación. Maduro dijo que le convenía la circulación de monedas extranjeras si estabiliza la economía. Podría pensarse que, a la larga, esto podría ser muy peligroso para el gobierno, pues es visible para todos lo ridículo de los salarios.

El salario mínimo son apenas 5 dólares mensuales. En el sector privado, estarían pagando unos 140 dólares mensuales en Caracas. Al mismo tiempo, no hay verdaderamente luchas por salario.

El gobierno compensa esto parcialmente con la caja de alimentos que vende mensualmente por unos céntimos de dólar en el sitio de trabajo. En realidad, tiene alimento por unos 30 dólares. En Caracas, puede comprarse todos los meses otra caja similar por intermedio del Consejo Comunal, según el barrio donde se habita.

Si se compran en el “mercado libre”, los precios de estos productos de primera necesidad están casi a niveles internacionales. En este contexto, los sindicatos hacen ruido pero no movilizan sino minorías.

Gran cantidad de funcionarios han abandonado los cargos para irse del país o hacer otra actividad pagada en dólares, como cuidar ancianos cuyos familiares han emigrado, o dedicarse al comercio vía internet o en la calle.

Por esta razón en las escuelas no hay suficientes maestros y los empleados administrativos deben ocuparse de los niños.

Los funcionarios de aduana y/o migración del aeropuerto han sido sustituidos por militares que son despóticos, sobre todo con los venezolanos. También amenazan con impedir la salida o la entrada cuando se tiene pasaporte extranjero.

Los pasaportes venezolanos son muy difíciles de conseguir, hay que pedir cita por internet. Pero el sitio web generalmente no funciona y los militares pretenden que los venezolanos pidan una autorización en el Servicio de Identificación de Caracas para poder salir. Esto significa pagar una coima en dólares al empleado para que haga el trámite.

Un problema quizás más grave que la alimentación es la falta de agua. Por 20 años (de chavismo, por cierto) no se hizo mantenimiento a la infraestructura de suministro de agua. Hoy en la capital, se pueden pasar hasta 10 y 12 días sin agua corriente. Hay que pagar una góndola privada que cobra en dólares el metro cúbico. En provincia es aún peor. Se ven mujeres por las calles con recipientes implorando un poco de agua.

 

La marcha mundial de las mujeres en Caracas

El 25 de Noviembre es el “Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer”.

Lo positivo es que se realizó en Caracas una manifestación independiente de mujeres jóvenes por los feminicidios automáticos y con consignas como “aborto legal ya”. La encabezó el colectivo llamado “Tinta Violeta”. Este Colectivo Tinta Violeta es parte desde su fundación de la “Red de Colectivos La Araña Feminista”.

Por su parte, el oficialismo trató de aprovechar la ocasión. Organizó una manifestación encabezada por todas las ministras del gobierno de Maduro, rodeando al general Diosdado Cabello, que es la verdadera cabeza del régimen.

Asimismo, sectores de la oposición de izquierda y sindical realizaron una manifestación muy pequeña de unas 30 personas, contra la violencia del gobierno, pero hablando mucho menos sobre la violencia sexual y otros problemas de las mujeres.

 

La oposición de derecha, debilitada

Por último, un hecho importante es que, en general, se nota el debilitamiento notable de la oposición de derecha, encabezada por el autoproclamado “presidente” Juan Gerardo Antonio Guaidó Márquez. Mientras estuve allá, la derecha convocó a varias manifestaciones, que resultaron muy minoritarias, y que no lograron perturbar el orden en la capital.

Este debilitamiento de la oposición de derecha tendría varios factores. Uno de ellos podría ser la importante migración de venezolanos registrada en los últimos tiempos. Pero lo indudable es que los rotundos fracasos que cosechó Guaidó desde el primer momento –con sus diversos operativos para derribar al gobierno chavista, como fue lo de Cúcuta– también pesaron mucho.

Su desprestigio creció luego con otros fracasos algo ridículos, como el intento de golpe desde una base militar en el centro de la misma Caracas.

Pero no es el único problema que salpica al autoproclamado “presidente de Venezuela” y a su entorno. Hay cada vez más denuncias de corrupción contra Guaidó y su entorno. La última fue hecha hace pocos días por su ex embajador en Colombia, Humberto Calderón Berti. Éste acusó a representantes de Guaidó de manejo indebido de recursos destinados a atender a 148 militares venezolanos que desertaron en febrero en apoyo al llamado “gobierno interino” y huyeron a Colombia.

El “gobierno” de Guaidó recibió fondos de Yanquilandia para sostenerlos… Pero esos dólares se habrían esfumado en sus bolsillos y el de los esforzados luchadores antichavistas que lo acompañan, dejando a los militares exiliados en la estacada…

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