• El líder de Unidas Podemos abandona su puesto de vicepresidente del país (y su alianza nacional con el PSOE) para disputarle al PP el gobierno de Madrid.

Carla Tog

En el marco de la crisis que estalló la semana pasada en Murcia y que provocó el adelantamiento de las elecciones en la comunidad autónoma de Madrid para el próximo 4 de mayo, los españoles comenzaban a interpretar el nuevo tablero de pactos políticos cuando un nuevo protagonista se sumó a la polémica y a la contienda electoral.  Si bien los comicios madrileños causaron sorpresa, más estupor desencadenó la decisión de Pablo Iglesias, líder de Unidas Podemos (UP) y segundo vicepresidente del gobierno español, de dejar su cargo para disputar el liderazgo de Madrid.

El llamado por adelantado a elecciones se produjo luego de que en Murcia, el partido liberal Ciudadanos (Cs) rompiera su coalición con el PP y promoviera una moción de censura de la mano de los socialistas para intentar sacar a la derecha del poder. Por falta de votos finalmente la moción no prosperó. Sin embargo, ante la amenaza de replicar la situación en Madrid, Andalucía y Castilla y León, donde gobierna una coalición del PP y Cs, la presidenta de la comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso (PP), aseguró que se vio “obligada”  a acabar la legislatura y anticipar la votación.

“La inestabilidad causada por Ciudadanos en la Región de Murcia, así como en otras autonomías y ayuntamiento de la Comunidad de Madrid, nos ha llevado a esto. Quiero disculparme por la situación, pero si no lo hubiera hecho, el PSOE y Ciudadanos habrían presentado una moción de censura. Si no llego a disolver la Cámara, las mociones me habrían impedido convocar y nos podrían haber derrocado”. Y de la misma forma,en las primeras reacciones políticas a la postulación de Pablo Iglesias, la candidata del PP que busca la reelección agregaba, “España me debe una, hemos sacado a Pablo Iglesias de La Moncloa”, a la vez que cambió el lema de su campaña que pasó de “socialismo o libertad” a “comunismo o libertad”.

Con razón, el inesperado anuncio de Iglesias causó conmoción política en todo el país a un año de que Podemos entrara en enero de 2020 al Ejecutivo como socio menor y a la sombra del PSOE. Es el primer gobierno de coalición (“progresista”) desde el fin de la dictadura franquista en 1975. Todo ocurre en un contexto de crecientes tensiones ente los socialistas y Podemos, sobre todo marcadas por la mala e ineficiente  gestión de la pandemia.

«Lo he estado meditando mucho; he decidido que si los inscriptos quieren, voy a presentarme a las primarias para ser candidato a las elecciones de la Comunidad de Madrid», dijo Iglesias. “En política hay que tener valentía para dar las batallas que hay que dar. El bipartidismo no va a volver, pero la democracia está amenazada por una nueva derecha trumpista, bien situada en el Estado profundo e impulsada por enormes poderes económicos y mediáticos”.  Y finalmente prometió: «Tened por seguro que voy a poner toda mi experiencia, todo mi corazón y la fuerza de mi organización para construir una candidatura fuerte y amplia de izquierdas».

En momentos en que Podemos pierde fuerza, la jugada de Iglesias supone una apuesta arriesgada, ya que deja la política nacional sin tener garantizado que logrará desplazar al PP en Madrid. Es la región más rica del país, donde gobierna desde hace 25 años y donde Unidas Podemos solo cuenta con siete diputados, por lo que las posibilidades de vencer a Díaz Ayuso son por lo menos complejas.

Iglesias y Sánchez, presidente del gobierno.

En todo caso, la decisión política de Iglesias responde y se explica por la crisis que viene transitando UP, su permanente marginación de las decisiones en el Ejecutivo y el acercamiento entre el PSOE y Ciudadanos.

Efectivamente, las últimas derrotas electoralesde UP en Galicia y País Vasco, la marginal e irrelevante posición en Catalunya y un marcado descontento y desilusión de su base electoral, sumado a la constante segregación a nivel del Ejecutivo,son elementos que hacen a la crisis de UP.

De esta manera, la decisión de Iglesias se orienta a hacerle frente a la crisis de su partido, intenta darle una bocanada de aire fresco a su organización y alejarse un poco tanto de la gestión del gobierno central como de la sombra del PSOE, una vez más manchado por sus acuerdos con la derecha.

El discurso de iglesias para construir una candidatura «fuerte y de unidad”que frene el avance de la ultraderecha en Madrid, con el consiguiente guiño a Mas Madrid de Errejón y a Izquierda Unida-Madrid a conformar una lista única, es un discurso que en boca de Iglesias esconde el rancio y canalla planteo del mal menor y del posibilismo.

En síntesis, es una decisión política que, en última instancia, expresa y confirma la adaptación  e inclusión total de Podemos al Régimen del 78 y el fracaso del proyecto reformista de UP cuya política de mano tendida al PSOE solo ha contribuido a recomponer y fortalecer la supuesta “pata izquierda” del Régimen. Es una movida política que confirma que todo cálculo de iglesias y UP responde al mero y frio cálculo electoral,  por arriba.

Dicho esto, y sin perder de vista que al final de cuentas se trata de un gobierno burgués, lo cierto es también que la coalición que gobierna es la “más de izquierda” desde la Transición. Y si bien existe mucha fragmentación e inestabilidad y la visibilización de VOX es notoria, lo cierto es que la derecha también atraviesa  una crisis y no logra consolidarse como fuerza hegemónica en el país. Así lo demuestra la casi extinción y los manotazos de ahogado de Ciudadanos y la crisis del PP acorralado por derecha por los ultras de VOX. A la vez que en el caso de estos últimos, y sin menospreciar su existencia y peligrosidad, son mucho más ruido que nueces. Es decir, en todo caso y en un sentido general, el péndulo en el país está girado al centro izquierda y no a la derecha o al centro derecha.

Lo que no quita seguir peleando desde nuestro lado  por una orientación que apueste a la unidad y  recomposición de una alternativa de izquierda desde abajo e independiente de todo sector y Partido capitalista, que pelee por la perspectiva de refundación del país sobre nuevas bases.

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