• El primer ministro de Hungría, Viktor Orban, pretende convocar a un referéndum para apoyar la polémica ley homo-lesbo-trans odiante que sancionó el pasado 15 de junio.

Luz Licht

El primer ministro ultraderechista de Hungría, Viktor Orban, redobla la apuesta respecto a la ley homo-lesbo-trans odiante que sancionó en el parlamento junto a su partido, el Fidesz, el 15 de junio pasado. Anunció en las últimas horas que pretende llamar a un referéndum -aun sin fecha prevista- para legitimar esa aberrante iniciativa.

En esa ley no sólo se equipara a la homosexualidad con la pedofilia, sino que también se pretende, con la excusa de proteger a las infancias, prohibir la mención de la diversidad sexual o el cambio género a menores de 18 años. Aunque Viktor Orbán ya se excusó, con que esta ley otorga «la exclusividad a los padres en la decisión de si quieren que sus hijos reciban educación sexual».

Se trata en definitiva de que en las escuelas se avanza con la prohibición de la educación sexual con perspectiva de género, que ayude a revertir la naturalización de los esquemas patriarcales que invisibilizan, estigmatizan y violentan a las personas LGTTBI+.

Esta iniciativa del referéndum surge como respuesta al enorme rechazo internacional que suscitó la ley y, que tuvo entre otras consecuencias la apertura de un expediente de infracción contra Hungría por parte de la Comisión Europea. Una de las consecuencias que podría afrontar el país es tener que presentarse ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea y sufrir sanciones económicas.

Para Orban, el objetivo es «frenar a Bruselas, como ocurrió hace cinco años con la cuestión de los inmigrantes. Lo logramos entonces, juntos lo lograremos de nuevo». Esta campaña donde pretende legitimar y movilizar de forma masiva un apoyo a una ley reaccionaria se viste de ropajes pseudo-democráticos y se convierte en una ocasión para la ultraderecha de la tomar iniciativa con una campaña nefasta.

El neofascista primer ministro quiere incluir preguntas tales como si la población acepta que en la escuela «hablen de sexualidad con sus hijos sin consentimiento» y, si están de acuerdo con «la promoción de los tratamientos de cambio se sexo para los menores» o con la «presentación sin restricciones ante los menores de contenido mediático de carácter sexual que afecte su desarrollo». En ese cuestionario queda más que evidente el ataque contra la comunidad LGTTBI+ y sus derechos.

Es imprescindible un freno contundente, que parta de la fuerza de la organización y movilización de la comunidad LGTTBI+, el feminismo y más, a la avanzada de este tipo de leyes. La impronta estigmatizante y homo-lesbo-trans odiante pretende sentar precedentes en un Estado que legisla a partir de sancionar que “la educación se imparte de acuerdo con los valores basados en la identidad constitucional y la cultura cristiana del país”.

Educar en el odio, y atacar la libre elección de la identidad y expresión de género y la orientación sexual es una batalla que la ultraderecha en el gobierno y desde el Estado no pueden ni deben ganar. No hay otra forma de cerrar esta nota que decirles a los neofascistas en todas sus formas, advertirles, que ¡No pasarán!.

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