Por Redaccion izquierdaweb

La CUT esperó días y días de movilizaciones y paralización de hecho de Santiago y otras ciudades del país para convocar una medida de fuerza general. El paro es por 48hs y sectores de trabajadores ya se encuentran concentrándose en diversos puntos del país para movilizarse.

Los portuarios y mineros ya se habían adelantado a la central sindical, impulsando paros propios y llamando a un paro general. Lejos de las exigencias de una “agenda social” de la CUT, que trata de abrir el diálogo de las migajas con el gobierno, los trabajadores que ya venían en huelga han impulsado sus medidas de fuerza con exigencias políticas. El comunicado de los portuarios del BioBio incluye la convocatoria de una Asamblea Constituyente que transforme el régimen político de la “Concertación” post-pinochetista.

El día de ayer, Piñera tuvo que dar un giro pronunciado en su orientación. Pasó de decir “estamos en guerra” a pedir “perdón” y anunciar una serie de medidas de concesiones mínimas a los trabajadores: aumento de las pensiones, compensaciones a los trabajadores que cobren el mínimo, suspensión de tarifazos, etc. No obstante, las migajas no satisfacen a nadie: las masas movilizadas pusieron en cuestión la totalidad del régimen político y la herencia social y económica de Pinochet.

Las jornadas previas anunciaban que la convocatoria a un paro general era ineludible. Ya se habían sumado a la lucha los mineros, portuarios (lo sectores más concentrados de la economía chilena), salud, etc.

La propuesta de la CUT de una “agenda social” acordada con ellos mismos pone en evidencia su voluntad de cumplir en Chile el rol que tuvo la CONAIE: desmovilizar, negociar migajas y sostener el régimen político cuestionado por el “Chile Despertó”. Así lo han hecho a lo largo de los años, cediendo durante décadas a, por ejemplo, la infamia de las AFP. A su vez, implica dejar de lado los problemas políticos puestos al rojo vivo por la rebelión: la brutal represión del Estado chileno, los asesinatos en manos de carabineros, la herencia represiva del pinochetismo.

La huelga es contundente, la normalidad está lejos de haber vuelto y de las primera concentraciones del día están participando mineros, portuarios, trabajadores de la salud y la educación, estudiantes, etc. A la par, se siguen sucediendo los cacerolazos populares en diversos puntos del país.

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