• En pleno estado de excepción hubo 17 femicidios, solo en marzo.

Por Dalila Aguilar

En la mayoría de los barrios y colonias, hay muchas mujeres, niñas y adolescentes que son las que han puesto la cara al frente de las tomas, exigiendo comida para sus hijos e hijas, las que han levantado una piedra como única defensa ante los militares, las que han llorado de impotencia al ver que piden comida y reciben represión, con sus hijos al lado, que siguen con hambre, con sed y con ganas de vivir, en un país que no les garantiza suplir ninguna de las necesidades básicas a las que tienen derecho.

Pero también existe otro problema en el país y es la violencia contra las mujeres, la violencia patriarcal, los estudios del Observatorio de la Violencia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (OV-UNAH), sostiene que cada 23 horas hay un asesinato de una mujer en Honduras, una cifra que se mantiene pese a la pandemia. “Según datos oficiales, más de 7.000 denuncias por violencia doméstica se presentaron en Honduras en marzo pasado, de los cuales 4.245 casos se registraron solo en la segunda quincena de ese mes. El 15 de marzo, cuando el Gobierno hondureño decretó toque de queda, fue el día que más denuncias se presentaron por violencia machista (522)”3. Esto significa que muchas mujeres se encuentran en un encierro obligatorio junto a su maltratador agregando más riesgo a sus vidas porque no hay ningún servicio que este prestando ayuda en la cuarentena con toque de queda: la Oficina de la Mujer no labora, los policías y militares no nos cuidan, los juzgados y fiscalía están sin funcionar entonces en este escenario ¿Quién protege a las mujeres de la violencia y que no tienen a donde escapar?

Hay un panorama desalentador, que es el abandono del gobierno, porque en pleno estado de excepción decretado en la primera quincena de marzo, hubo 17 femicidios solo en ese mes, las cifras globales mencionan que entre los primeros meses y este ha habido aproximadamente 70 femicidios. Esta situación es un peligro para las niñas, niños y adolescentes, puesto que las violaciones también son una consecuencia de la cuarentena, ya que están en aumento y con ello los embarazos no deseados en un país que prohíbe el aborto legal y sus penas son más duras para las mujeres que se han hecho un aborto que para sus violadores. “Otro dato alarmante es que el 77% de delitos sexuales ocurre en las viviendas, algo que augura un aumento de este tipo de violencia mientras dure el confinamiento. En China, donde los habitantes de Wuhan, el epicentro de la pandemia, pasaron alrededor de dos meses en cuarentena, varias mujeres y activistas denunciaron más reportes de abuso y violencia física de lo normal”4.

Esto también pone en escena el debate sobre la forma en que nos vestimos, la hora en la que salimos o por donde caminamos, con esto queda demostrado que la responsabilidad no es nuestra, es exclusivamente de los violadores y el gobierno que le avala.

Desde luego que el confinamiento obligatorio representa un peligro para un porcentaje de las hondureñas, pero la otra parte debe las mujeres están atendiendo con mayor demanda y frecuencia las responsabilidades del oficio doméstico, de lo que implica ser “amas de casa” en tiempos de cuarentena. Trabajo que, con el toque de queda se incrementa porque no hay escuela ni colegio, no se está yendo a trabajar y se debe cuidar a las personas mayores y cuidar a los que estén enfermos con coronavirus u otras enfermedades. Además, algunas mujeres también deben lidiar con las responsabilidades del estudio, del trabajo encasa o salir a laborar dependiendo de los casos en los que se les exija.

Esta cuarentena trae consigo mucha incertidumbre, falta de ingresos y estrés tanto por la pandemia misma, como por aumento en el trabajo doméstico y hacerse cargo de todas las labores del hogar. Este confinamiento refuerza los roles de genero que solo involucra a la mujer y niñas en estos quehaceres.

Las mujeres de blanco

Los que atienden hoy la crisis por coronavirus en su mayoría son mujeres, las cuales están expuestas a ser contagiadas, ya que no en todos los hospitales del país tienen los equipos de bioseguridad necesarios. Una mención especial merecen las mujeres de las que se habla poco, las enfermeras y las empleadas de servicio. A estas que les toca salir cada día de su casa porque su trabajo forma parte de los esenciales. Las enfermeras tienen un poco más de cercanía con los pacientes que están ahora en los hospitales por COVID, de las cuales se dice que son las que están más vulnerables a infectarse.

Luego están las mujeres que se encargan de la limpieza, muchas de éstas han migrado del interior del país hacia la ciudad para poder trabajar y sostener a sus familias. Estas mujeres no cuentan con todo el equipo de bioseguridad para realizar su trabajo, porque en los hospitales siempre falta algo. Este es un trabajo tan necesario puesto que de ello depende se descontaminen las salas de atención y de espera. Oficio que no siempre es bien remunerado, incluso estas mujeres son tercerizadas, no cuentan con los derechos laborales que estable el Código del Trabajo, para estas mujeres va nuestra admiración porque también ellas están combatiendo la pandemia desde otro escenario.

¿Qué hacer?

Ante todo este panorama es necesario que el gobierno tome algunas medidas para la salud de las mujeres y que garantice su vida a salvo de la violencia patriarcal:

Es necesario que se habilite de forma urgente la Oficina de Atención a la Mujer en los 18 departamentos donde se reciban las denuncias de las mujeres, que exista una línea telefónica específica para las denuncias de violencia doméstica, se les dé seguimiento y se proteja a las mujeres, garantizando albergues o casas refugios donde puedan estar con sus hijos e hijas y se sientan seguras lejos de sus agresores. El gobierno debe brindar una ayuda económica a las madres solteras que son las encargadas del hogar para paliar la falta de ingreso económico debido al confinamiento. El gobierno debe priorizar la atención de salud a las mujeres embarazadas, personas de la tercera edad y las que padezcan de alguna enfermedad crónica, poniendo a su servicio transporte para su movilidad, así como el equipo de bioseguridad necesario para su protección contra el coronavirus.

Otra de nuestras propuestas es que en cada barrio o colonia se organicen comités de vecinas a las que se pueda recurrir en caso de ayuda por violencia, una especie de comité de seguridad para las mujeres. Así mismo el gobierno debe garantizar mediante el Ministerio de Trabajo, que se respeten los derechos laborales de las trabajadoras y que no permita ninguna suspensión ni despido porque eso precariza más la situación económica y social de las mujeres.

Las mujeres debemos organizarnos para que nos protejamos entre nosotras, porque el gobierno no garantiza nuestra protección ni nuestra vida, desde Las Rojas Honduras abrimos las puertas de nuestra organización feminista socialista, para que se organicen con nosotras, no solo al calor de la pandemia, también para enfrentar el “mundo que viene” pasada la crisis.

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