• Luego de la renuncia del ministro de salud, protestas masivas en Asunción reclamaron la renuncia del presidente colorado. El gobierno respondió con una represión que dejó al menos un muerto y veinte heridos.

Redacción

El descontento contenido se convirtió en estallido en la tarde y noche de ayer en la capital paraguaya.

Los primeros en convocar a las movilizaciones fueron familiares de infectados por el Covid-19. El miércoles comenzó la campaña por la movilización, cuando se mostró masivamente la realidad que atraviesan las víctimas de la pandemia. Se fueron sumando denuncia tras denuncia de los pacientes en hospitales sin tratamiento, el derrumbe generalizado de la educación y salud, la indignación por los aumentos en los transportes.

«¡Fuera Marito! ¡Fuera Marito!» era el grito que se escuchaba en las inmediaciones del Congreso en la tarde de ayer. Al menos diez mil personas fueron las que marcharon ayer exigiendo la renuncia del presidente Mario Abdo Benítez, del Partido Colorado.

Unas dos horas después de comenzada la marcha, la policía arremetió para desalojar la zona con gases lacrimógenos y balas de goma. Pero la bronca contenida era tal que la gente se quedó y comenzó a resistir a la represión. Miles se quedaron en la plaza y se plantaron frente a la represión policial con piedras.

Imágenes de la brutalidad de la represión circularon ampliamente por redes sociales. Una de las denuncias que más indignación generó fue que la policía roció con gas lacrimógeno a una mujer que intentaba entrar en su casa con su hijo menor.

En Paraguay hay 3278 muertos por Coronavirus y ya se suman más de 165 mil infectados. A pesar de los sacrificios de los trabajadores de la salud, el sistema sanitario del país está al borde del completo colapso debido a la falta de infraestructura. Apenas han llegado al país unas 4 mil vacunas y no hay fecha precisa de cuando llegarán más. Mientras tanto, los ricos se atienden en clínicas privadas de acceso completamente imposible para las amplias mayorías populares.

El de Paraguay es uno de los regímenes más reaccionarios de toda la región. Hace 70 años que gobierna de manera casi ininterrumpida el Partido Colorado (con la muy breve interrupción de Lugo) con un sistema de fraude y bandolerismo político.

El del Partido Colorado es prácticamente un régimen de partido único con algún maquillaje, mal aplicado y de mal gusto, aquí y allá. Era el partido de Stroessner, dictador militar del país durante más de 30 años, que fue depuesto por un golpe de Estado encabezado por otro colorado, también militar. El Gobierno de Stroessner terminó en 1989 como comenzó en 1954, con un golpe de estado del Partido Colorado contra el Partido Colorado.

Sus altos funcionarios han sido siempre históricamente militares de alto rango o funcionarios de las FFAA. El presidente anterior al actual, Horacio Cartes, fue una cosa “renovadora”: en lugar de militar es un empresario condenado en los 80’ por una estafa de 34 millones de dólares que estuvo cuatro años prófugo hasta ser perdonado por la Corte Suprema y que, según denunció una filtración de Wikileaks, se trata de un probado narcotraficante. El actual presidente Abdo Benítez es una vuelta a los viejos valores tradicionales de los colorados: es el hijo del también militar secretario personal de Stroessner. Por supuesto que a pesar de sus muy pocas diferencias, estos personajes tienen las muchas coincidencias del sometimiento de Paraguay al FMI y los EEUU, su atraso económico, la represión de cualquier oposición real, el neoliberalismo feroz, la no menos feroz explotación de los trabajadores y la convicción principista de mantener en la pobreza a las amplias mayorías.

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