• Trabajadoras y trabajadores de la educación llaman a boicotear el inicio de clases con normalidad dictado por Macron por las graves consecuencias que puede tener con la propagación de la pandemia.

Por Socialismo o Barbarie Francia

El gobierno del presidente Macron y del ministro de educación Blanquer ha anunciado recientemente su voluntad de reabrir los establecimientos escolares a partir del lunes 11 de mayo. Entre los trabajadores de la educación crece el malestar frente a una medida que podría tener consecuencias nefastas para la salud de toda la población. Por eso, en las asambleas docentes y en las redes sociales crece la campaña #SansNousLe11Mai (Sin nosotros el 11 de mayo) para boicotear este irresponsable reinicio escolar.

Luego de numerosas semanas de confinamiento, todos tenemos ganas de reencontrarnos con una cotidianeidad más normal. Pero a pesar de eso, no nos parece responsable reabrir los establecimientos escolares de manera precipitada. La improvisación del gobierno desde el comienzo de la crisis hace que reine en el ambiente una sensación de inseguridad y de incertidumbre que nos parece importante denunciar. El querer reenviar los alumnos a los bancos de las escuelas, a un mes de las vacaciones de verano, bajo el riesgo de ver resurgir la epidemia como en Japón o en Singapur, es simplemente inaceptable.

Las condiciones sanitarias para una reapertura escolar que garantice la salud de todos los trabajadores y alumnos son irrealizables. En efecto, el respeto de las medidas de protección y de distancia social, verdadero freno a la propagación del virus, no podrán cumplirse en la mayoría de los establecimientos. Además, debido a la escasez de máscaras de protección, de alcohol en gel, y ni hablar de las condiciones sanitarias propias de la infraestructura particular de cada establecimiento, se incurrirá en un riesgo de contagio y de rebrote de la epidemia, vía contagio de los padres, cuando los alumnos vuelvan a sus casas. Sabiendo que los niños y adolescentes son mayoritariamente portadores asintomáticos y que los tests solo se realizarán sobre las personas que presentes síntomas, las escuelas se convertirán en verdaderos centros exponenciales de propagación del virus. El peso de la reapertura anticipada de las escuelas recaerá sobre el personal escolar docente y no docente, quienes serán abandonados a su propia suerte y correrán un enorme riesgo de contagiarse. A su vez, muy frecuentemente los espacios escolares como las aulas, los pasillos, las escaleras y las cantinas no permiten que se mantenga físicamente una buena distancia.

Pero no solo las condiciones sanitarias resultan inquietantes; los objetivos pedagógicos de esta reapertura son igualmente difíciles de justificar. Si, como lo confirman las recientes informaciones, la presencia no será obligatoria y la evaluación podrá de hecho efectuarse a distancia, no hay ninguna urgencia para un retorno inmediato de los alumnos. Además, el desdoblamiento de los cursos necesario para garantizar el distanciamiento dará necesariamente lugar a embrollos organizacionales y a una sobrecarga de trabajo para todos los equipos docentes. Un plan ridículo que solo puede ocurrírseles a quienes ignoran por completo la vida de un establecimiento escolar.

Esto abre claramente un cuestionamiento sobre los motivos que empujan al gobierno a querer reenviar a los niños a las escuelas tan tempranamente. Bajo la excusa de querer reducir las desigualdades escolares, esta decisión no hace más que acrecentar unas desigualdades sociales y sanitarias ya indignantes. Porque sabemos muy bien que las familias que se verán en la obligación de someterse a estas condiciones son aquellas que se encuentran más vulnerables. Solamente la organización y la iniciativa de los trabajadores por la base, como el sector de la educación ya lo ha demostrado anteriormente, para hacer entrar en razón a los directivos de las escuelas y hacer retroceder al gobierno, puede proteger al conjunto de la sociedad de un segundo pico de infección. Es por eso que es necesario oponerse a esta decisión que tiene como único objetivo el volver a enviar a la gente a trabajar en detrimento de la salud de todos. Si el gobierno mantiene la restricción de un gran número de lugares de reunión y aglomeración, ¿por qué entonces los trabajadores de la educación deben poner su salud y la de los demás en riesgo? Es por eso que decimos: ¡Sin nosotros el 11 de mayo!

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