• Las y los estudiantes emitieron un comunicado en el que declaran: “vistas las desigualdades materiales en razón del confinamiento, exigimos la aprobación automática del año escolar y el paso al año superior, sin condiciones de validación”.

Por Frédéric Mizumschi

El pasado lunes 27 de abril, estudiantes de la universidad de Paris 8 Saint Denis emitieron un comunicado dirigido a la presidencia de la facultad y al cuerpo docente levantando la siguiente reivindicación: vistas las desigualdades materiales en razón del confinamiento, exigimos la aprobación automática del año escolar y el paso al año superior, sin condiciones de validación (examen). Algunas organizaciones de la facultad, como el NPA- Jeunes, La France Insoumise, El colectivo de estudiantes del Congo y el Colectivo Bok Xalaat son parte de las primeras firmas del llamado. El petitorio se encuentra disponible en el sitio change.org.

En 2017, un estudio del “Observatorio de la vida estudiantil” constató que al menos 46% de les estudiantes trabajan durante el periodo de estudios, sin contar los empleos no registrados, sobre los cuales se dificulta conocer su exacta estadística. Eso significa que en ausencia de otras formas de financiamiento, trabajar es una condición indispensable para graduarse, en lo que respecta, como mínimo, a la mitad del estudiantado. Ahora bien, el anuncio del confinamiento, que ha significado el inicio de una situación nueva en el plano social, político y económico, también está repercutiendo en el desarrollo del aprendizaje y supone situaciones de stress y angustia para un gran número de les estudiantes.

En líneas generales, poco después de la imposición del “estado de emergencia sanitaria”, les trabajadores han mantenido la actividad en sectores esenciales como los hospitales, la agricultura, los comercios alimenticios o la educación mientras que otros han sido forzados a continuar trabajando en servicios no esenciales como los servicios de despacho de comidas a domicilio y ciertas ramas de la industria como la siderurgia o la automotriz. Por otra parte, las modificaciones realizadas al código de trabajo, en la ordenanza del 11 de marzo, han permitido a las patronales imponerle sus condiciones a los trabajadores. Se trata de la reducción o adelantamiento de las vacaciones y del pago de un salario de “desempleo parcial” (que cubre un 85% del sueldo), cuando no han podido decretar despidos y suspensiones abusivos y frecuentemente amparados por la finalización del “periodo de prueba” en el contexto del confinamiento (y cuando existía aun un contrato, situación muy lejana para el sector gastronómico y de la construcción).

La respuesta del gobierno a esta crisis sanitaria, ante los estragos de la epidemia, se ha hecho sentir en la cotidianeidad de les estudiantes y sus familias. Lejos de tratarse de un hecho nuevo, la precariedad de las condiciones de vida y de cursada ya se había puesto de manifiesto el otoño pasado con una serie de movilizaciones nacionales. Todo comenzó cuando un estudiante se inmoló en el campus de la universidad de Lyon II denunciando las políticas neoliberales de “Macron, Hollande, Sarkozy y la Unión Europea”. Actualmente, con la instauración de las medidas de la cuarentena, la situación de los estudiantes no es demasiado diferente, carentes de recursos de financiamiento, se acercan a los puntos de donaciones de comida para obtener su alimento. En la universidad de París 8, se han recibido más de 1000 solicitudes, de las cuales se ha intentado dar respuesta desde las asociaciones y sindicatos locales como “Secours Populaire” y “Solidaires” que a pesar de los esfuerzos no pueden hacer frente a esa cantidad de solicitudes.

E incluso muches estudiantes, que sí tienen garantizado algo para comer, están lejos de poder aprobar las modalidades de evaluación debido a las desigualdades preexistentes. Las clases y los parciales se hacen en línea vía apps, lo que supone al menos poseer un material adecuado y una buena conexión a internet, un espacio de trabajo mínimamente viable y el acceso a documentaciones específicas. Incluso si existieran esas condiciones eso no impide que pudieran surgir inconvenientes técnicos lo cual implica que les profesores deban hace un trabajo caso por caso. Esto implicará aplicar una lógica de selectividad brutal donde los primeros en beneficiarse serán aquellos que poseen sus necesidades cubiertas, los medios necesarios y una buena salud mientras que les estudiantes discapacitades o con déficits escolares no recibirán por ahora ningún paliativo. Por suerte, algunos departamentos y profesores han decidido otorgan una nota mínima y mejorable a sus estudiantes teniendo en cuenta que es muy probable que ante las desigualdades existentes muchos de sus estudiantes podrían abandonar sus estudios o debieran redoblar sus esfuerzos para sostenerlos. Para los estudiantes extranjeros, que son el 25% en Paris 8, aprobar sus años se torna primordial en tanto es condición para el sostenimiento de su status migratorio legal, exponiéndose sino al riesgo de la expulsión del país. Y todo eso sin contar que al comienzo del confinamiento algunes fueron expulsades de las residencias universitarias, que la represión policial se ha desatado en los barrios populares o que las violencias domésticas han aumentado en un 30%.

A pesar de este contexto, el Ministerio de la Enseñanza Superior y de la Investigación en acuerdo con los presidentes de las universidades, ha impuesto el sostenimiento de las condiciones de evaluación para el 2020, en la ordenanza del 27 de marzo. En este sentido, la ministra Frédérique Vidal, en una entrevista de 20 minutos, reiteró la semana pasada que “no vaya a ser que regalemos los tìtulos”. En cuanto al ministro de la educación nacional Jean-Michel Blanquer reconociendo “las razones económicas existentes” ha llamado a mantener la etapa oral del BAC1 y ha convocado a la puesta en curso de “colonias de vacaciones educativas” sobre la base del trabajo voluntario de les alumnes y les profesores explicando que “no existe solo el Covid19 que mata, existe también otras problemáticas como la violencia intrafamiliar y la deserción escolar”. ¿Es esto responsabilidad de la propia población o de los políticos que dirigen nuestro país?

Algunas universidades en Francia se han hecho eco del comunicado de Paris 8 y de este modo han surgido grupos de activismo local en el seno de consejos de CFVU (Consejos de Formación y de Vida Universitaria), que sostienen una posición similar: es necesario que el conjunto de les estudiantes obtengan soluciones adaptadas y equitativas para la evaluación y aprobación de su semestre, teniendo en cuenta las dificultades para asegurar la continuidad pedagógica.

De todas maneras, entendemos que el hecho de redactar un comunicado a una presidencia universitaria o el pasar por las instancias administrativas, sin que estuvieran las condiciones dadas para que les estudiantes pudieran acceder a los espacios que les permiten organizarse y de esta manera imponer sus propias reivindicaciones, no alcanza a competir con las decisiones que son tomadas unilateralmente en la cúpula del Estado. Más aun cuando esta crisis sanitaria revela, además de exacerbar las desigualdades existentes en todos los niveles, que las lógicas mercantiles priman, a los ojos de las patronales y del gobierno, antes que la vida de les trabajadores y les estudiantes.

Haciendo esto, aquellos y aquellas que prefieren mantener cueste lo que cueste la aprobación ilusoria de los exámenes se colocan en la línea impuesta por el gobierno, que se demuestra claramente en la “unión sagrada” entre todos los partidos políticos presentes en el parlamento: sostener económicamente a las empresas con el aporte del Estado de 401 mil millones de euros pero abandonando las estructuras públicas, poniendo en peligro a todos los asalariados y no otorgando la exoneración de los alquileres, medidas que son vistas como no suficientemente rentables, pero que serían necesarias urgentemente.

Es por eso necesario denunciar estas maniobras económicas y apoyar la aprobación automática de los exámenes para todes les estudiantes en razón de las desigualdades causadas por la crisis sanitaria, exigir que todo el mundo pueda tener las mismas condiciones materiales a través de un plan de financiamiento masivo para la educación pública y de reflexionar desde hoy acerca de las maneras para organizarnos e imponer nuestras reivindicaciones cuando termine el confinamiento. El movimiento estudiantil, que ha tenido un envión después de las leyes de “trabajo” de 2016, se ha levantado también contra las numerosas reformas que han implicado la precarización general, contra Parcoursup, contra la privatización del ferrocarril o recientemente contra la reforma de las jubilaciones, y ha constituido un verdadero punto de apoyo para los sectores precarizados y para el movimiento obrero. A tal punto que para acallarlo el gobierno ha debido dar la orden de cerrar las universidades numerosas veces en años anteriores para evitar la realización de las asambleas generales. Esto con el objetivo explícito de evitar que se consolide una correlación de fuerzas favorable a la clase trabajadora que pueda romper con el carácter defensivo de las reivindicaciones que han caracterizado los últimos movimientos sociales.

Sabemos que existe una determinación de lucha comprobada en el movimiento estudiantil, lo que queda pendiente es que haga su prueba en el terreno de la auto-organización y que se construya también junto con los sectores que se han levantarán, probablemente muy pronto, contra Macron y su universo capitalista.

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