• El clima social en Francia se presenta plagado de contradicciones. Se trata de tensiones que no son nuevas pero crecen al calor del deterioro de las condiciones económicas y de vida de las amplias mayorías.

Dani L.

Desde hace unos cuantos meses Macron viene presentándose a si mismo y a su proyecto político como defensor de los valores republicanos. Esto se profundizó desde su discurso del marzo y su declaración de guerra contra el virus.

En su rol como Presidente se desvive en sostener la importancia de Francia para los franceses, unida bajo la idea de la República y poniendo alerta contra lo que denomina “el separatismo”. La referencia a este término que no parecía tener una delimitación concreta pero se está circunscribiendo más y más a la lisa y llana persecución de todo aquel que quiera enfrentar la política represiva de Macron, siendo los referentes más destacados de esto los chalecos amarillos y particularmente en la persecución a los musulmanes.

Con este tipo de discurso Macron intenta lograr dialogar con la base social de Le Pen y el Rassemblement National. Una vez por mes sale algún tipo de encuesta presidencial de cara a 2022 donde los números no parecen variar: Macron está alrededor del 26% pero Marine Le Pen continúa teniendo y una intención de voto del 22%.

Estas encuestas difundidas por los medios de comunicación masivos parecen ser pagadas por estos dos partidos y no reflejar la realidad, sino más bien una parcialidad bastante acotada. Estos datos de intención de voto no pueden entenderse aislados de otros indicadores como los altísimos índices de abstencionismo de las elecciones municipales, alrededor del 65%, y de las elecciones senatoriales realizadas en algunas regiones el pasado de septiembre donde la cifra escaló al 80% de abstención. Estos niveles de abstención son un fuerte indicador de crisis institucional que se constata día a día cuando dialogas con muchísimas personas, especialmente la juventud ampliamente precarizada, que no tienen ninguna confianza en las instituciones.

Después demandar a la gente a disfrutar sus vacaciones como si nada pasara, sin responder a los cuestionamientos de los trabajadores de la saluden relación al manejo epidemiológico de la pandemia, actualmente Francia es delos países más afectados por el covid-19 en número de casos y contagios, aunque todavía no se refleja en esta segunda oleada un alza del número de muertes.

Las luchas ante esto no se hacen esperar. Ya antes de concluir el año[1] se pudieron ver 3 grandes sectores luchando. Por un lado los primeros fueron los sin papeles, quienes continúan organizados y se preparan para manifestarse nuevamente el 17 de octubre próximo en una marcha nacional. Por otro, y como correlato nacional francés al movimiento internacional antirracista pero basado en los problemas raciales no resueltos, las grandes manifestaciones del Comité Adama. Por último también fue masiva y contundente la lucha y movilización del sector de la salud, quienes demandaban aumento de personal, de salario y de recursos para el sector (especialmente de camas en los sectores de reanimación) y quienes consiguieron solamente un aumento salarial de 180 eu en dos cuotas por única vez[2].

Ante esto podemos ver un aumento de discursos de odio y un recrudecimiento de la política persecutoria. Se suman varios ejemplos. Primero la publicación en “Valores Actuales” de una caricatura racista contra una diputada Daniel le Obono de La Francia Insumisa, donde la dibujaban con cadenas en su cuello como esclava.  A la siguiente semana en Twitter un miembro del RN realizó una publicación racista e islamófoba contra Anasse Kazib, delegado sindical ferroviario y figura pública del NPA. En los últimos 15 días se han reportado dos hechos de violencia y vandalismo contra locales públicos, un bar de la comunidad LGBTTTI y un local de comidas kosher, que han amanecido rotos y escrachados con esvásticas nazis. En la Asamblea Nacional diferentes diputados se levantaron de la sesión pública para no escuchar a una joven sindicalista por el solo hecho de que ella portaba el velo. La policía continúa ejerciendo su violencia racial contra los negros, en los barrios populares, llegando al escándalo de haber asesinado al primo de Adamá Traore profundizando discursos criminalizantes haciendo querer pasar que se trata de una familia entera de “delincuentes”. En mi opinión no se trata de hechos aislados, todos juntos hacen a un clima pesado, un ambiente cargado de islamofobia y discriminación.

Para culminar esto el gobierno ha promulgado una “Ley contra el separatismo”, de la cual venía discutiéndose como propuesta y que no se terminaba de entender si sería contra los Vascos, los reclamos de Córcega o contra quién. El texto de la ley hace pesar el gran valor republicano de la laicidad contra el separatismo islámico y recrudece los avances persecutorios contra una porción de la sociedad francesa: los musulmanes.

El crecimiento de sentimientos nacionalistas no es ajeno a las determinaciones económicas y la crisis. Hemos visto que este tipo de discursos vienen siendo instrumentalizados por las derechas proto fascistas alrededor del mundo, siendo Trump, Bolsonaro y Boris Johnson sus principales exponentes.  Aquí ese discurso es principalmente encarnado por el Rassemblement National pero con expresiones en otros grupúsculos fascistoides como aquellos que desplegaran una bandera de “orgullo blanco” ante la manifestación antirracista.

La teoría del enemigo interno para cohesionar una sociedad dividida plantea una falsa dicotomía entre nosotros y ellos. El gobierno intenta oponer un enemigo musulmán y racializado que no respeta los valores de la república a los ciudadanos nobles de a pie (de preferencia blancos) que sufren las consecuencias de estos ataques. La verdadera división se da entre aquellos quienes atestiguan el deterioro de sus condiciones de vida, esto es, las grandes mayorías, sin distinción de color y religión, y aquellos que se benefician de esto y de las verdaderas ayudas y rescates del estado, una minoría propietaria y capitalista. Debemos enfrentar estos discursos con la más amplia unidad entre los de abajo para enfrentar la crisis en curso y los ataques que sufrimos día a día los explotados y oprimidos.


 

[1]El año lectivo en el hemisferio norte finaliza en julio y comienza en septiembre.

[2]Siendo que el reclamo era de 300eu mensuales de aumento.

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