Por Redacción

Las asambleas de trabajadores en los lugares de trabajo cobran enorme protagonismo en las jornadas que vive Francia. El gobierno de Macron intenta dividir a través de la complicidad de las centrales sindicales. La tarea central es impulsar la organización y coordinación por abajo para desbordar a la burocracia

El impulso de lucha que viene desde abajo en la huelga general parece estar creciendo minuto a minuto. Que los traidores de la CGT y demás centrales sindicales se vean obligados a decir que la huelga tendrá continuidad es, como siempre, solo porque pueden verse desbordados y perder el control de los acontecimientos.

Es evidente que la experiencia de los chalecos amarillos no ha pasado en vano. Hace un año lograban torcerle el brazo a Macron pasando por arriba de los aparatos de control burocrático que sostienen al régimen francés.

El paro general comenzó con un día de anticipación, con trabajadores de diversas ramas discutiendo en sus lugares de trabajo. La pelea de masas en Francia está dando un salto en calidad: los trabajadores del transporte, las comunicaciones, correos, educación, salud, batallones enteros que mueven y conmueven al país se están poniendo de pie. Y no están esperando la llegada de las órdenes de los dirigentes cómplices para entrar en acción. Hay voluntad de ir hasta la derrota definitiva del gobierno.

La CGT, FO, Solidaires y demás organizaciones sindicales temen ponerle fecha de finalización a la huelga frente a la realidad de que eso se está decidiendo por abajo.

Más aún que las propias asambleas, es sumamente significativo que desde abajo se está montando una creciente coordinación de los organismos de base. Semejante iniciativa implica la tendencia (todavía inicial) a la constitución de una dirección alternativa de la huelga por encima de las vetustas burocracias sindicales. Los agentes de la clase capitalista en las organizaciones obreras pueden perder el control de las cosas en manos de sus verdaderos protagonistas: los huelguistas. Es una posibilidad cierta (todavía potencial) que parte del poder de convocatoria sea arrancado de manos de los oficinistas demasiado cómodos con su lugar de papelería y negociación para ser puesta en movimiento por organizadores y oradores venidos de los lugares de trabajo.

Si las cosas tienen a París por centro, de todas formas el día concluye con las reuniones en todo el país de la coordinación de los sectores en lucha. Éstas han determinado en muchos puntos que la huelga sigue al menos hasta el lunes o martes, pero con la voluntad de sostenerla de manera indefinida. En París la reunión contó con representantes de ferroviarios, transporte urbano, metro, correos, docentes, salud, movimiento estudiantil y chalecos amarillos. La intervención de uno de sus principales referentes fue calurosamente recibida por quienes participan de la coordinación, que determinaba el curso a seguir por la movilización y huelga en la ciudad. Los trabajadores y luchadores presentes cantaron la canción de lucha de los chalecos amarillos, haciendo también un guiño de simpatía por la rebelión chilena: «Por el honor de los trabajadores y por un mundo mejor. Estamos acá, aunque Macron no quiera estamos acá!»

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